Me servia café frió con la inmensa amabilidad de quien nunca sabría ser una ama de casa, como ella me dijo una vez, pero yo era feliz de beberlo, pese a mis escasos años, tenia la conciencia de que no siempre es posible sentarse, hablar y compartir con un monumento nacional viviente. Sí, fueron pocas las tardes a su lado, pero suficientes para percibir los cimientos de aquella singular persona: Fuerza, Esmero, Sencillez, Humildad y Sensibilidad, que como pétalos a una flor recubrían su esencia: HUMANIDAD.¿Cuántas personas de un taller igual al de Carmen Naranjo se sientan a escuchar a quien desea expresarse, cuando no tienen la obligación de hacerlo por sentirse observados? ¿Cuántos “ilustres” deciden darle la mano a quien empieza a transitar por la empinada ruta de las letras?
Para La Coleccionista de Espejos:
Kiria Perry B