¡A la guerra, a la guerra!

Publicado el 27 noviembre 2015 por Cronicasbarbaras

Poco antes de febrero de 1898, cuando estalló el Maine en La Habana y EE.UU. intervino para independizar Cuba y hacerla una semicolonia suya, el editor William Randolph Hearst había enviado a la isla a su dibujante Frederick Remington para ilustrar la rebelión contra España.

El artista le escribió un telegrama: “Todo está en calma. No habrá guerra. Quiero volver”. Hearst le contestó: “Usted facilite las ilustraciones que yo pondré la guerra”.

Y la puso desde sus periódicos, algo que tratan otros de repetir en España, salvando las distancias de tiempo y motivos.

Estamos ante a un periódico poderosísimo hasta hace poco, El País, que le exige a Mariano Rajoy que grite ¡A la guerra, a la guerra!, y lo emplaza para que defina cómo atacará al Califato Islámico, afeándole su aparente indefinición ante sus terroristas.
Pero Rajoy no desea ser de momento víctima de campañas del “No a la guerra”, azuzadas en 2004 por los mismos editores –periódico y cadena SER-- contra José María Aznar, y tampoco desea lanzar antes de las elecciones bombardeos aéreos como los del pacifista Zapatero en 2011, en Libia.

Francia aún no ha dicho, además, qué necesita de España para atacar a esos locos de Alá que, según el Papa Bergoglio, surgen de la miseria, cuando realmente sus dirigentes y cuadros medios son ricos, aunque excesivamente piadosos, fieles seguidores de lo peor del Corán: ¡Es la religión, Francisco, la religión! Que no es el lobo converso del milagro franciscano.

Claro que España deberá ir a la guerra. Como todo occidente para la supervivencia de su forma de vida y cultura. Pero no cuando el Hearst español lo ordene o lo desautorice, como hacía frecuentemente con sus antecesores monclovitas ante cualquier asunto político.

Rajoy también ha rechazado un debate organizado por los medios del grupo al que debía asistir por decreto de sus directivos, y les ha desmentido una aparatosa noticia sobre su inmediata ayuda militar a Francia.

Y esas actitudes rajoyanas, cuando se ha sido Hearst, duelen tanto, que los afrentados tienen que exigir una guerra.

El antes soberbio grupo PRISA se ha caído de la altura de Hearst a la de Pedro Gómez Aparicio, aquel pintoresco comentarista político en RNE entre los años 1940-1960 que decía cosas como: “Le advierto por última vez al Pentágono…”.

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