Para salir de la pobreza no hace falta tener demasiados recursos o disponer de un militar que ponga orden. No. Hacen falta instituciones. Y ética ciudadana que aporte capital social.
Y paciencia. Mucha paciencia.
Muy interesante a este respecto el ejemplo sueco, analizado el otro día en GurusBlog.
Péguele un vistazo, desocupado lector.