Revista Cultura y Ocio

A orillas del río Piedra me senté y lloré

Publicado el 06 septiembre 2013 por Argos
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A orillas del río Piedra me senté y lloréLa sensación de vacío al acabar de leer un libro me ha sucedido con A orillas del río Piedra me senté y lloré de Paulo Coelho, y este es su comienzo:
A orillas del río Piedra me senté y lloré. Cuenta una leyenda que todo lo que cae en las aguas de este río —las hojas, los insectos, las plumas de las aves— se transforma en las piedras de su lecho. Ah, si pudiera arrancarme el corazón del pecho y tirarlo a la corriente; así no habría más dolor, ni nostalgia, ni recuerdos.
A orillas del río Piedra me senté y lloré. El frío del invierno me hacía sentir las lágrimas en el rostro, que se mezclaban con las aguas heladas que pasaban por delante de mí. En algún lugar ese río se junta con otro, después con otro, hasta que —lejos de mis ojos y de mi corazón— todas esas aguas se confunden con el mar.
Que mis lágrimas corran así bien lejos, para que mi amor nunca sepa que un día lloré por él. Que mis lágrimas corran bien lejos, así olvidaré el río Piedra, el monasterio, la iglesia en los Pirineos, la bruma, los caminos que recorrimos juntos.
Olvidaré los caminos, las montañas y los campos de mis sueños, sueños que eran míos y que yo no co­nocía.
Me acuerdo de mi instante mágico, de aquel mo­mento en el que un «sí» o un «no» puede cambiar toda nuestra existencia. Parece que sucedió hace tan­to tiempo y, sin embargo, hace apenas una semana que reencontré a mi amado y lo perdí.
A orillas del río Piedra escribí esta historia. Las manos se me helaban, las piernas se me entumecían a causa del frío y de la postura, y tenía que descansar continuamente.
—Procura vivir. Deja los recuerdos para los viejos —decía él.
Quizá el amor nos hace envejecer antes de tiempo, y nos vuelve jóvenes cuando pasa la juventud. Pero ¿cómo no recordar aquellos momentos? Por eso es­cribía, para transformar la tristeza en nostalgia, la so­ledad en recuerdos. Para que, cuando acabara de contarme a mí misma esta historia, pudiese jugar en el Piedra; eso me había dicho la mujer que me acogió. Así —recordando las palabras de una santa— las aguas apagarían lo que el fuego escribió.
Todas las historias de amor son iguales.A orillas del río Piedra me senté y lloré
Me he sentido especialmente identificada con la protagonista: con sus dudas existenciales, sus pensamientos y su afán por encontrar la seguridad de la que, al parecer, hace gala la felicidad.Es un libro que trata sobre la búsqueda del amor principalmente, aunque, como en casi todos los libros de Paulo Coelho se da una especial importancia al plano místico que siempre queda hermanado con el encuentro del amor.En esta historia, el plano místico queda encarnado en el personaje denominado por el autor como “él”, el mejor amigo de la infancia de Pilar, y cuyo nombre no se conocerá nunca.Pilar, una mujer aparentemente fuerte pero muy frágil, vive acomodadamente feliz en la yerma Soria con su familia, su religión (entiéndase cristiana) y sus amigos, en especial con su amigo del alma, él. Un buen día, él decide marcharse de viaje a expandir su mente y su espíritu y escribirá a Pilar diversas cartas desde Francia; en una en concreto, parece decirle que se va a hacer seminarista.
A orillas del río Piedra me senté y lloréPilar, por otro lado, harta de su estancia enfrascada en Soria, decide abrir su horizonte de expectativas y se va a Zaragoza en busca de un porvenir mejor: Encontrar un amor verdadero, formar una familia y tener un empleo público, vamos, lo que quiere todo el mundo.Pasan los años y las cosas no han mejorado: Está estancada en una oposición que no aprueba; el plano amoroso no le aporta absolutamente nada y comienza a perder la fe. Un día, providencialmente,  recibe una carta de él en la que la invita a una conferencia que ofrecerá en Madrid durante el puente de diciembre, pues se ha convertido en una especie de santero que salva a las personas y que hace milagros; se ha convertido en una especie de religioso transgresor que defiende la parte femenina en Dios.Después de la conferencia, Pilar comienza a admirar la persona en la que se ha convertido su amigo. Él la persuade para que le acompañe a Francia y promete ayudarla a reencontrarse con su fe, pero lo que de verdad ella quiere es saber si se ha hecho seminarista. Durante su viaje, él la enseña a rescatarse a sí misma por medio de conversaciones filosóficas sobre la vida. Visitan Lourdes e invita a Pilar a participar en todas las ceremonias de sanación y aprende la lengua de los ángeles.
A orillas del río Piedra me senté y lloréTodo parece perfecto, hasta que se da cuenta de que, con tanta sesión de psicológica y tanta comprensión y admiración se ha terminado enamorando de él. Lucha durante largos días contra su corazón sin olvidar ni por un segundo la felicidad de él. Duda de si decirle lo que siente o callar; finalmente se declara, y para su sorpresa él le dice que siente lo mismo por ella y pasan la noche juntos. A la mañana siguiente hace su aparición le señor Desengaño: Pilar descubre con terror que él ha desaparecido y comienza a imaginárselo huyendo en mitad de la noche a todo correr al descubrir el verdadero pavor que le da luchar por el amor de la mujer de su vida. Después de la crisis y muy resignada, empieza a pensar en cómo regresar a Zaragoza sin transporte, sin dignidad y sin dinero.A orillas del río Piedra me senté y lloréDurante ese día conoce a un sacerdote que le confiesa la verdad: Le dice que él vive en el seminario desde hace meses, y que su máxima aspiración es ser sacerdote. A ella le da el segundo un jamacuco emocional del día… PERO, le sugiere a Pilar que luche por él, puesto que cree que su sitio está junto a ella y no junto a la Iglesia, lo que para Pilar fue un verdadero consuelo. Finalmente, él aparece con las ideas claras: Para estar juntos deberán renunciar a sus vidas, y él a su poder sanador. Pilar no quiere que él renuncie a su vida espiritual y a todo lo que es por ella, así que no llegan a ninguna conclusión y deciden volver cada uno a su vida anterior al viaje.
De camino a Zaragoza, hacen una parada en El Monasterio de Piedra, en dónde recuerdan su infancia y allí, él le dice, por fin, que renunciará a todo para rehacer su vida junto a ella y que la quiere; pero algo sale mal: a Pilar le da otro pasmo a causa del terror y ahora es ella la que sale corriendo, pues no se siente capacitada para permitir que él renuncie a toda su vida de éxito y bienaventuranza por una “insignificancia” como ella que puede que no le haga feliz.Antes de entrar en hipotermia al abrigo de la helada noche de diciembre, piensa e imagina…

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