Revista Psicología

A propósito de Demian, Herman Hesse: Metamorfosis de la adolescencia

Por Yanquiel Barrios @her_barrios
A propósito de Demian, Herman Hesse: Metamorfosis de la adolescencia

el nombre de uno de los libros más emblemáticos de Herman Hesse (1919). Es l a historia de una transformación, Sinclair es su relator y Sinclair es el que cuenta su transformación con el paso de los años y sus consecuencias, sus asperezas, sus anhelos, esperanzas, temores y vicios; Sinclair es, entre muchas otras cosas un niño y un adolescente, a continuación veremos quién es Sinclair, y no menos importante: quién es Demian.

Cuenta Sinclair en los primeros momentos de su relato Fue una primera desgarradura en la santidad del padre; una primera grieta en los pilares sobre los que había reposado mi infancia y que todo hombre tiene que destruir antes de poder llegar a ser él mismo"

Todo el camino que todo hombre debe recorrer para llegar a ser creador de su propio destino es un camino enmarañado, y enmarañado es el camino de Sinclair, lleno de cambios fisiológicos, anatómicos y psicológicos. Su adolescencia está marcada por tropiezos que demuestran una necesidad de agradar al mundo que lo llama, una necesidad de agradar a los demás, muestra de ello es el conflicto con Kromer, ¿Qué necesidad tenía Sinclair de mentir y hacer alarde de una fechoría ficticia para agradar a Kromer?

¿Quién es Demian? Demian es un otro relevante para Sinclair, Demian es un joven virtuoso y misterioso que llama la atención de Sinclair, Demian es punto de referencia para Sinclair, Demian es un referente en el "otro mundo", mundo al cual Sinclair desea acercarse, o mejor dicho: un mundo al cual Sinclair se ve lanzado por su deseo.

Sinclair vive un duelo, el duelo de su mundo luminoso, Sinclair vive el conocimiento de un nuevo mundo, ya no hay un solo mundo para él (niñez), ahora su vida está enfrentándose al mundo de las decisiones (a través de la adolescencia) , un mundo que lo asusta, un mundo que lo seduce, un mundo que a veces lo hace querer devolverse a su antiguo mundo familiar luminoso:

"Había intentado caminar por los senderos del mundo, y éstos habían resultado demasiado escabrosos para mí. Rescatado por una mano amiga, corrí ciegamente a refugiarme al regazo de mi madre, en el seguro redil de una puerilidad resignada y piadosa. Me hice más niño, más pueril y más dependiente de lo que era. Libre ya de Kromer tenía que buscar a alguien a quién someterme, pues no podía andar sólo (...) Hoy sé ya muy bien que nada en el mundo repugna tanto al hombre cómo seguir el camino que ha de conducirle hacia sí mismo"

* La imagen que acompaña el artículo se titula: Joven sosteniendo una calavera (1626) del pintor neerlandés Frans Hals.


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