Las veo posadas en la pared del cortijo y en las ramas del olivo. Las disfruto en sus acrobáticos vuelos con picados y piruetas, abanicando con ocres, verdes y turquesas el tibio aire de la primavera mientras llenan la mañana con sus ásperos reclamos.
Valientes y bellas. Yo contemplo maravillado a las carracas que anidan en la grieta de la tapia.
¡Lo que daría por volar con vosotras!