Aberraciones corruptas en la política española

Publicado el 27 mayo 2015 por Franky
La derecha gobernante ha recibido un castigo tan terrible que está provocando un terremoto en las filas del PP, donde el liderazgo del estático y anodino Rajoy está siendo cuestionado y donde muchos políticos, con los derrotados en vanguardia, exigen cambios y renovación.

Hay políticos de talla que han caído y perdido el puesto en las recientes elecciones, a pesar de haber gobernado con acierto y entrega. Aunque no se atreven a decirlo claramente, porque su partido es vertical, autoritario y no perdona las críticas, achacan la derrota a la incapacidad de Mariano Rajoy como dirigente y a su ceguera para percibir que los españoles quieren cambios y avances hacia la Justicia, la limpieza y la verdadera democracia.

Sin embargo, el hundimiento de los grandes partidos, en el que también participa el PSOE, se debe también a otros factores, entre los que destacan su desprecio a la democracia y al ciudadano, que ha sido relegado y expulsado del sistema por unos partidos políticos que se han atiborrado de poder y que han pervertido la democracia hasta límites inaceptables.

Buenos alcaldes como los que regían las ciudades de Huelva y Cádiz, Pedro Rodríguez y Teófila Martínez, respectivamente, llevaban dos décadas en el cargo y querían prorrogar ese periodo, ignorando que los cargos, en política, no son eternos y que una larga permanencia en el poder, inevitablemente, corrompe, deteriora y aliena.

Aunque los actuales políticos españoles no lo admitan, es correcto afirmar que las largas permanencias en el poder, tan habituales en la política española, pervierten la esencia de la democracia y predisponen el sistema para que la corrupción, como ha ocurrido, lo infecte todo.

Una presidencia del gobierno de tres periodos, como la ejercida por Felipe González, o una presidencia de la Junta de Andalucía como la ejercida por Manuel Chaves durante dos largas décadas pervierten el sistema hasta el tuétano y convierte la política en un ejercicio de poder corrupto, inevitablemente.

No solo el PP y el PSOE, duramente derrotados en los recientes comicios, necesitan regenerarse. Es la política española la que necesita redefinirse y ser reseteada. Los criterios políticos aplicados son erróneos, las normas básicas de la democracia no tienen vigencia y la esencia del sistema se viola y se pisotea.

Se nombran jueces a dedo, se ha eliminado el verdadero debate en los partidos y en los parlamentos, se ha expulsado al ciudadano de la política, se ha estrangulado la sociedad civil, se incumplen las promesas electorales, los partidos tienen mas poder del que les corresponde, los políticos son arrogantes y casi impunes, la vida pública está pervertida y el Estado se ha engordado y encarecido solo para otorgar puestos de trabajo a inútiles y enchufados con carné de partido.

El sistema español es tan perverso y está tan dañado que permite que verdaderos ineptos ocupen las mas altas magistraturas del Estado y que los ciudadanos estén indefensos frente a un poder que ha aprendido a violar la decencia, saquear y humillar, como ha ocurrido con los grandes escándalos de la corrupción o con abusos tan sucios como el saqueo de las cajas de ahorro y la gran estafa de las participaciones preferentes, entre otros.

Todas esas aberraciones corruptas se pagan tarde o temprano y los ciudadanos, cansados de soportar a gobernantes engreídos que jamás piden perdón o dimiten, acaban de vengarse de una clase política que ha demostrado hasta la saciedad su falta de altura, su abuso de poder y su concepción bastarda de una política que ha dejado de ser servicio al pueblo para convertirse en satrapía y privilegios.

Por el actual camino no va a conseguirse nada. Lo importante en España no es cambiar a quien gobierna sino cambiar el sistema, que está pervertido hasta la médula, fortalecer los controles democráticos al poder, instaurar de una vez la verdadera democracia y erradicar la actual dictadura camuflada de partidos y de políticos profesionales que está llevando a España hasta la ruina económica y, sobre todo, ética y política.