Abrigos que desnudan

Por David Porcel

Quien vive siendo impulsado -como el escritor, que lo anima un impulso secreto de creación y transformación- vive ajeno a cualquier forma de paraíso. Le divierten o entretienen, en todo caso. Juega con ellos como elementos de su imaginación. Quien vive, sin embargo, siendo expulsado -como cualquiera que se pasee por el mundo sintiéndose rechazado o apartado- se aferra al paraíso como el que busca sujetarse a una pared para no caer y estamparse contra el suelo ("paraíso" es una traducción del persa de paradaesa, jardín cercado). 

Pero lo que muchas veces no sabe quien vive cayéndose es que el paraíso al que con tanta fuerza se aferra es mera pared, hueco en el vacío, exterior sin interioridad, abrigo que desnuda.

"Escribimos para vencer la brevedad de la vida, para dialogar con los muertos y para regalarle un refugio al lector del futuro que se sienta tan solo como nosotros" (Orhan Pamuk, Discurso de aceptación Premio Nobel de Literatura: La maleta de mi padre)