Igual antes de apagar la luz e irse a la cama Genaro revisó los aparejos, miró en el congelador y sacó la bola de masa que había metido allí dentro al frío hace algunos meses y la puso en un plato sobre el poyo de la cocina. Se quitó la ropa y se metió en la cama, pensando que igual la marea al día siguiente le fuera favorable y podría echar una buena pesca.
Aún no había amanecido, puso de nuevo los pies descalzos en el suelo frío . Se vistió con la ropa que había dejado sobre la silla y salió de la habitación despacito, para no despertar a su mujer. No desayunó porque cada minuto robado a la mañana era un minuto perdido de lances y recogidas.
Y fin. Esta es la vida.