Lo mejor de Scandal en estos momentos, la primera dama ha arrancado con fuerza la cuarta temporada y ha decidido que a la mierda el protocolo, el país, su marido, Olivia Pope y las duchas. ¿Quién quiere una ducha cuando has descubierto los placeres del pollo frito?
Recapitulemos por lo que esta mujer ha pasado:
Y esto no estaría tan mal (al fin y al cabo eran sus decisiones) si no fuera porque nadie le da crédito por ella, al contrario, siendo la persona de la Casa Blanca que más sabe de política (detrás de Olivia Pope, of course) nadie le deja hacer nada a no ser que sea para acallar al bebé gigante que tiene por marido.
Mellie se ha comportado durante tres temporadas como la esposa perfecta, tanto delante como detrás de las cámaras; delante poniendo buena cara y detrás intentando que Fitz de un berrinche no lo echara todo a perder. Ha llegado hasta el punto de llamar a su amante para que se revuelque un rato con él, para que el señorito no encharque en lágrimas el país.
Además de ser violada por su suegro y pasar media vida sin saber quién es el padre de su hijo, cuando tras muchos años de adulterio consentido ella decide que también tiene cuerpo y que quiere estar con Andrew, el Señor Presidente del Free World (por si no lo habíais escuchado nunca) decide que eso no se puede consentir, ¿su mujer con otro? ¡locura gitana!
Pero sin duda el momento más “pobrecilla, quiero adoptarla” fue aquél en el que descubre a Fitz besando a Olivia en un ascensor, le pide perdón por el comportamiento de su marido y le ruega que no abandone la campaña. ¡Claro que sí! Eso es Shonda tocando las narices en estado puro. Si después de esto no entendéis mi point, me doy por vencida