La cosa era, la del congreso, para que el timonel pontevedrés explicase lo que ha bautizado como el Plan Nacional de Reformas pero que no deja de ser el enésimo muestrario de cuchilladas, navajazos y estocadas europeas con las que seguir satisfaciendo su insaciable gula por las asaduras y los entresijos hispánicos. Un PNR, dejémoslo ahí, que no contiene nada nuevo ni distinto a la tan conocida cosechadora de derechos y podadora de bienestar que llevan más de mil días tatuándonos a fuego en las entrañas. Que lo que nos urge es empleo pues toma recorte; que lo que necesitamos es crédito pues toma recorte; que lo necesitamos más que respirar es crecimiento e inversión pues toma recorte. Eso y nada más que eso es lo que tiene ese plan más venenoso que tóxico y así lo ha mostrado el timonel enfatizando que lo queramos o no, ese y no otro es nuestro plato de comida y que nadie se piense que él lo va a servir porque él lo único que va a hacer, quiere hacer o sabe hacer es, “¡dejadme sólo!”, echárnoslo en la mesa con el mismo estilo del porquero echando el pienso a sus cochinos.
Y ojo, que nadie pida ni espere explicaciones porque el timonel, “no me hubierais votado, ¡so listos!”, sigue y aplica a rajatabla la ingeniosa máxima del polifacético Luis Piedrahita: “como esto es inexplicable no se explica”.
A cuidarse!!