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Algo sobre la historia detrás de la primera foto de un agujero negro

Publicado el 15 abril 2019 por Equagliano @quiquequagliano
Algo sobre la historia detrás de la primera foto de un agujero negro

La primera fotografía de un agujero negro, que se dio a conocer el último miércoles y que se encuentra a 55 millones años luz de la Tierra, fue posible gracias a la experta en ciencias de la computación Katie Bouman, de 29 años, quién lideró el desarrollo de un programa informático con el que se obtuvo la foto.

Bouman comenzó a desarrollar el algoritmo hace tres años cuando era estudiante de posgrado, con la asistencia de un equipo del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT, el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y el Observatorio Haystack del MIT.

Bouman explicaba en noviembre de 2016 cómo podemos tomar una fotografía de la oscuridad máxima con el Telescopio Event Horizon. (Para activar los subtítulos, debes hacer clic en el ícono ubicado en el vertice inferior derecho del video).

En el corazón de la Vía Láctea hay un agujero negro supermasivo, que se alimenta de un disco giratorio de gas caliente y aspira todo lo que se aventura demasiado cerca, incluso la luz. Es una concentración de masa tan grande, tan colosal, que produce una 'rasgadura' o curvatura en el tejido espacio-tiempo que cubre el universo. No podemos verlo, pero su horizonte de eventos proyecta una sombra, y una imagen de esa sombra podría ayudar a responder algunas preguntas importantes sobre el universo. Los científicos solían pensar que hacer una imagen de este tipo requeriría un telescopio del tamaño de la Tierra, hasta que Katie Bouman y un equipo de astrónomos propusieron una alternativa inteligente.

Lo que se observa de esta región finita del espacio es su sombra central, rodeada de un anillo luminoso de fotones y gas caliente que fluye alrededor. Está ubicado en el centro de la vecina galaxia Messier 87, localizada en la constelación de Virgo.

¿El próximo paso? Los científicos ya están trabajando en algoritmos que permitan reconstruir la evolución temporal de la imagen, que podríamos tener en menos de cinco años.


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