Alina: mulata, cubana y jinetera.

Publicado el 27 agosto 2016 por Yusnaby Pérez @yusnaby

¿Cuántos cubanos en edad laboral pasan el día en las calles, parques o sentados a la entrada de sus casas, aparentemente practicando la vagancia, viviendo del azar, de algún negocio furtivo o de las contingencias del momento? Nadie lo sabe con exactitud.

Alina es santiaguera y con solo 18 años es madre soltera de dos hijos a los que se ha visto obligada a mantener desde que ella misma era una niña de 15 años. Desde los 12, Alina se fue ilegalmente a vivir a La Habana con su madre, que en la actualidad cumple condena por delitos de posesión de drogas. A pesar de las llamadas de advertencia de la policía, la muchacha ha tenido que continuar ejerciendo el único oficio que le enseñó la madre: la prostitución.

Alina, que aparenta muchos más años que los cumplidos, pasa todo el día, incluso hasta altas horas de la madrugada, sentada en un parque cercano al solar donde vive en la calle San Ignacio, justo a una cuadra de la Plaza Vieja.  Habla de sus hijos y de las duras situaciones que enfrenta para darles de comer y para pagarle a la mujer que se los cuida mientras ella atiende a los clientes. Cuando le preguntan por qué no trabaja para el Estado nos responde lo que, para cualquier cubano, es una verdad imponente: “porque lo que me pagaría no me alcanza ni para empezar el mes”.

“Con un salario no puedo hacer nada. Dime, ¿quién vive aquí de un salario? ¿De dónde tú crees que salen tantas jineteras? Todos quieren irse de Cuba. Cuando metieron presa a mi mamá salí a buscar un trabajo pero todo lo que encontré era limpiando pisos el día entero, por 10 dólares al mes, y mis hijos con la boca abierta pidiendo comida. Así que era esto, salir a robar o la droga y ya tengo la experiencia de mi madre, así que eso para mí está perdonado (…). No sé si estudiar le resolverá algo a la gente pero para mí que no. Aquí donde vivo hay gente que ha estudiado, se han quemado las pestañas durante años y pasan más trabajo que yo. Incluso a veces he tenido que prestarles dinero para que coman. Me critican por lo que hago y por ser como soy y hasta a veces llaman a la policía cuando meto mis escándalos pero yo ni mis hijos pasamos hambre (…). Sé que algún día me tocará irme con un yuma [extranjero] y mis hijos no vivirán aquí pasando trabajo, y eso no lo voy a lograr limpiando piso ni detrás de un buró”.

Alina es sólo un ejemplo entre miles. La prostitución, el proxenetismo, el tráfico de drogas y el mercado negro de productos de primera necesidad, incluso la dependencia de las remesas provenientes del exterior, en Cuba no debieran ser confundidas con actos de voluntad personal cuando es el propio Estado quien ha diseñado un esquema económico-social  donde los intereses del gobierno están por encima de las necesidades de los ciudadanos.

Con información de CUBANET.

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