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Almeyda cerró un ciclo marcado por la irregularidad

Publicado el 29 noviembre 2012 por Marianofusco

Chichizola; Abecasis, Alayes, Maidana, Díaz; Sánchez, Domingo, Aguirre, Ocampos; Domínguez, Cavenaghi. Repasar la primera formación de Matías Jesús Almeyda como entrenador, cuando River venció 1-0 a Chacarita por la primera fecha de la B Nacional el 16 de agosto de 2011, y compararla con los últimos once que alineó frente a Independiente (de los titulares de aquel debut, el único que estuvo entre los 18 convocados para el clásico contra el Rojo fue Carlos Sánchez), marca lo que fue el mandato del hombre de Azul: lleno de cambios, a prueba y error y jamás pudo encontrar un equipo.

Almeyda cerró un ciclo marcado por la irregularidad

Almeyda anunció hoy su salida “de mutuo acuerdo”.

Analizado estrictamente desde lo numérico, el ciclo Almeyda, sin ser bueno, no es tampoco tan malo: en 60 partidos (38 por la B Nacional, 5 por Copa Argentina y 17 por Primera División), ganó 29, empató 22 y perdió 9, además de conseguir el título de la B Nacional. Pero para entender la gestión del Pelado al frente del equipo, los números quedan cortos. Cambió constantemente de esquemas, jugadores y hasta de discurso, quemó juveniles y puso jugadores en posiciones en las que no se sentían cómodos. La lista de errores de Almeyda sigue y es larga.

Almeyda cerró un ciclo marcado por la irregularidad

El Pelado festeja el pasado 23 de junio, cuando River volvió a Primera.

Al hacer el chequeo posición por posición, resulta increíble la cantidad de jugadores que el ahora ex entrenador de River probó en cada puesto. Solo algunos ejemplos: de lateral izquierdo puso a Juan Manuel Díaz, Carlos Arano, Ramiro Funes Mori, Diego Martínez y hasta llegó a intentar con Luciano Vella; por el otro lateral pasaron el propio Vella, Luciano Abecasis, Gabriel Mercado, Jonathan Maidana, el uruguayo Sánchez y Leandro González Pírez; para el puesto de volante central uso a Nicolás Domingo, Martín Aguirre, Cristian Ledesma, Ezequiel Cirigliano y Leonardo Ponzio, todas las opciones disponibles. La enumeración podría seguir con todos los puestos, pero queda claro el punto.

Almeyda cerró un ciclo marcado por la irregularidad

Lanzini, uno de los que no tuvo lugar con Almeyda.

Otro ítem en el que flaqueó Almeyda es en el de la confianza hacia sus jugadores. En su primer semestre como entrenador, Aguirre perdió increíblemente el puesto cuando era el mejor jugador del equipo y, probablemente, de la categoría; David Trezeguet también cedió su lugar por algunas fechas en el segundo semestre, cuando también era de lo mejor de River; Manuel Lanzini, que jugó los dos primeros partidos de el Inicial como volante por izquierda, una posición que no es la suya, y encima fue de lo mejor del equipo y marcó dos goles, fue luego borrado por el entrenador; lo mismo le ocurrió a Juan Cazares, otro pibe del club que también tuvo una chance pero en una posición ajena a la suya, para luego no ser ni siquiera convocado entre los suplentes. Estos son solo algunos ejemplos de los tantos jugadores que sufrieron la falta de confianza del entrenador.

Almeyda cerró un ciclo marcado por la irregularidad

Cavenaghi y Domínguez, extrañamente borrados después del ascenso.

El último punto a analizar es el de los partidos clave o “finales”. Esos en los que el día anterior a jugarlos uno habla de que pueden marcar un despegue. En este casi año y medio, River quedó en deuda en ese aspecto: empató cinco de los seis partidos frente a los rivales directos por el ascenso (sólo le ganó a Instituto en el Monumental), no ganó un sólo clásico en su regreso a Primera y perdió otros partidos claves, como aquel frente a Patronato en la fecha 37 de la B Nacional o el primero del Inicial, como local frente a Belgrano.

Almeyda cerró un ciclo marcado por la irregularidad

Almeyda ya no se pondrá más el buzo de River.

En conclusión, más allá de los resultados, el ciclo Almeyda fue malo. Insistió una cantidad excesiva de partidos con jugadores como Domingo, Agustín Alayes o Daniel Vega. Marginó a otros como Lanzini. Le dio reiteradas chances a los Arano, Vella o Ledesma. Careció de autocrítica luego de cada partido. Se contradijo en reiteradas ocasiones a la hora de declarar. Contó con el tiempo y la protección periodística que serían la envidia de cualquier técnico, pero sin embargo jamás encontró a los jugadores, esquema o funcionamiento, y el equipo en un año y medio no pudo hilvanar tres partidos bien jugados en forma consecutiva. Muchos hablaron del “fierro caliente” que agarró luego del descenso, aunque habría que analizar y ver que entrenador no hubiera querido agarrar a River en la B, con la diferencia de plantel que tenía con el resto de los equipos y la posibilidad de quedar como el “héroe” de la vuelta. Lo que está claro es que el ciclo estaba terminado y no daba para más. El pedido de los hinchas ahora es claro y unánime: Ramón Ángel Díaz. ¿Dejará Daniel Passarella su ego de lado por una vez y llamará al técnico más ganador de la historia de River? En los próximos días seguramente habrá novedades. Mientras tanto, el pueblo millonario, entre el alivio por la partida de Almeyda y la nostalgia por los buenos recuerdos que les dejó a algunos hinchas, se une en un grito: “cantemos todos para que vuelva Ramón…”.


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