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Análisis de "La familia Wolberg" (el Wes Anderson francés)

Publicado el 28 enero 2011 por Fimin

Simón es el alcalde de una pequeña localidad y el patriarca de la familia Wolberg. Amante esposo de su mujer, amigo de sus hijos, pendiente de su padre viudo y muy implicado en su comunidad, Simón es a la vez un personaje indispensable e irritante, capaz de irrumpir en la casa de sus votantes o hacer grandilocuentes discursos sobre soul a unos escolares.

¿Acaso si una oveja cae a un pozo en el Sabbat
no la rescatarían?

Maurice Allais fue un economista francés contemporáneo que es reconocido, entre otras cosas, por revolucionar el mundo de la física y las ciencias naturales al publicar su “Geometría fractal de la naturaleza”. En este libro el economista defiende la existencia de una lógica interna de la vida, un algoritmo desde el cual las nubes, los arboles y las montañas, son originados a partir de ciertas pautas que se repiten hasta la saciedad. Es decir, que incluso el caos de la naturaleza responde a un orden. Sin orden, entonces, no existe el caos. 

Pero esta idea de que una cosa basa su razón de ser en su opuesto ya era una constante en el pensamiento griego clásico. Heráclito, filósofo presocrático de cabecera, fue más allá que sus contemporáneos, y determinó que esta tensión de los opuestos no sólo respondía a la existencia de dichos opuestos, sino también a la misma esencia de la realidad, algo así como decir que el mundo en el que vivimos se construye, se rige y se desarrolla a partir de esta tensión. Sin luz, no hay oscuridad, sin enfermedad no hay salud, sin los otros no existiría el yo y sin la muerte, no existiría la vida.

Simón es el alcalde de una pequeña villa de Francia. Tiene una hermosa mujer y dos hijos. Tiene una acogedora casa, una relación correcta con su padre viudo y una pequeña pasión por el soul. La vida de Simón responde a un orden preestablecido, un orden del tipo ciudadano, pero poco a poco vemos como su orden es amenazado por el caos de los que lo rodean, un caos que sólo su orden pudo generar. Su hermosa mujer le fue infiel y todos lo saben, su hija le escupe sus dieciocho años a la cara y su hijo menor vive el tormento silencioso de una vida adulta que todavía no le corresponde.

La historia de Simón, protagonista de “La familia Wolberg” (Axelle Ropert, 2009) es la historia de un hombre que, como muchos seres, intenta establecer un orden del inestable mundo que lo rodea para poder moverse en él, un orden a través del cual pueda pensarlo, vivirlo placenteramente o incluso dominarlo. Pero en la búsqueda o aplicación de cierta coherencia entre las partes, véase él y la familia, él y su profesión, él y su ciudad, nada está asegurado ya que en este ejercicio de vital importancia se encuentra encerrada una contradicción; el orden de nuestra vida no sólo hará al orden sino también al caos. La armonía de nuestro orden vital responde siempre a un caos original.

Es relevante, por otra parte, que el protagonista de esta película sea judío. Tanto la Torah como el Nuevo Testamento o el Corán, son libros que nos ofrecen una explicación de la vida, son libros que, de alguna manera, buscan un orden desde el que se pueda responder al por qué de nuestra existencia en este mundo. Pero dichos libros son conocidos también, o mejor, sus defensores, por imponer su orden y negar cualquier otro. De ahí que el supuesto orden de tipo religioso haya desencadenado y siga desencadenando tantas guerras.

En el caso de los judíos, la Cábala es una de las ciencias desde las cuales algunas escuelas judías se apoyan para definir un orden de la vida a partir de los números. Ésta disciplina la podemos encontrar en el guion de la película “Pi” (Darren Aronofsky, 1998), donde la relación entre el orden del caos y la Cábala judía lleva a un grupo de fanáticos ortodoxos a perseguir y presionar a un matemático que cree haber dado con el número final.

En el caso de la película de Axelle Ropert, está condición religiosa afecta al drama en la medida en que Simón ejercita su visión del mundo en detrimento de otras visiones, ya sea la de la mujer, su amante, sus hijos o la misma ciudad. La contradicción de Simón lleva consigo esa imposición propia de las grandes religiones, y con ella una violencia que, indudablemente, lo trastorna todo.   

Ariel Fernández Verba


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