Angelina Gatell con su último libro. Foto Pepo Paz
Angelina Gatell nació en 1926. Isabel Bono, en 1964. Angelina es, sin ningún género de dudas, parte de la llamada generación poética del medio siglo, una generación esencialmente masculina (no me atrevo a utilizar el calificativo machista, los años cincuenta del siglo XX eran otra cosa) que anegó a algunas magníficas poetas (de María Beneyto a Pilar Paz Pasamar) de una talla equiparable a los nombres que han quedado canonizados (de Ángel González a Claudio Rodríguez pasando por Gil de Biedma o José Ángel Valente). Isabel podría formar parte de lo que algunos críticos han considerado como "generación de los ochenta" si no fuera porque sus primeros libros aparecieron en la década de los noventa: yo la ubicaría en una supuesta promoción de poetas del cambio de siglo aun teniendo en cuenta su participación, en primera línea, en la llamada "generación blogger" reflejada en el libro La manera de recogerse el pelo que hace un par de años editó Bartleby. Ambas acaban de publicar sendos libros que enlazan dos épocas, dos realidades históricas (aunque la Historia aparezca de manera sutil u oblicua), a uno de los temas eternos de la poesía (y, en general, de la literatura): el amor.La luz de la posguerra

Largos, silenciosos paseos donde, en un momento dado afluía mi nombre --golondrina acentuando la soledad del aire--. Sólo entonces tenía la certeza de estar viva, emanada de ti, de tu costado adánico y oscuro, y me sentía latido entre tus dedos junto a restos de llanto y nicotina.
Amor en tiempos de mutación
Pan comido es el último libro de esta escritora, bloguera impenitente y observadora de la realidad, que es Isabel Bono. La magia de lo cotidiano impregna la experiencia amorosa, una experiencia vivida en un tiempo muy diferente al de Angelina Gatell. El tiempo posmoderno en el que conviven diversas tradiciones culturales, en el que las dificultades de la vida se ven cruzadas por la magia de las nuevas tecnologías, en el que Bukowsky, John Fante, Woody Guthrie, con Klee, con Los Beatles o con Eluard, con Chejov o con Kundera. La nevera, los electrodomésticos que simbolizan lo cotidiano, las contradicciones, mentiras y dudas del amante, las contradicciones, mentiras y dudas propias, el mundo cuarteado e inseguro del comienzo del siglo XXI, la decepción y la sombra del desamor ("Yo tuve un sueño triste en el que encontraba / la carta que nunca me enviaste"), la alegría de vivir y la tristeza de existir.
Isabel Bono
Pan comido es un libro estructurado en 12 largos poemas que llevan al lector como hospitalarios toboganes de los que, leído el primer verso, le es muy difícil escapar. El lenguaje de tono conversacional de Isabel Bono está salpicado de chispas de irracionalidad-racional (creo que se me entiende), de imágenes que bordean el surrealismo y que, a la vez, atrapan y sacuden: "Si prendí fuego al jardín laberinto de tus pulmones / no fue por herirte. / Quise comprobar tu pasión y se me fue la mano". Su verso tiene una sostenida "velocidad de crucero", un ritmo endiablado y envolvente, combina el sustrato narrativo (todo el libro nos cuenta una historia y cada poema es un capítulo del historia) con un encendido lirismo y en el mundo que describe, hecho de pequeños gestos, de apelaciones a la cultura mezcladas con obligaciones domésticas insorteables, nos reconocemos quienes somos conscientes, cada mañana, de enfrentarnos a la realidad de un mundo en mutación.Tú no sabes lo lenta que soy cuando recojo la mesa
al deslizar los cubiertos sobre el plato
para empujar los restos de comida a la basura.
Tú no sabes que prefiero que el helado se derrita
que siempre acabo volcándolo en el suelo
para que el gato se lo coma.
Tú no sabes que el gato se llama Galileo
y que fue mi padre quien le puso ese nombre.
Cuando alguien deja de quererte
el nivel de los pantanos no es un tema prioritario
y yo llevaba una semana olvidando cerrar el grifo
mientras me cepillaba los dientes.
Sin embargo, no encontrar aparcamiento en toda la manzana
hubiese sido una tragedia.
Menos mal que te llevaste el coche.