La dirección ha corrido a cargo de David Yates, todo un experto en mundos mágicos, siendo el realizador de algunos de los episodios de la interminable saga de Harry Potter.
Este cineasta vuelve a rodearse de un elenco potente entre los que destaca Jude Law o el rey de los gestos y las miradas Eddie Redmaine, al que recordamos por su excelente trabajo en La teoría del todo, dando vida al científico Stephen Hawking. La química con las actrices nos parece desigual pues con Zöe Kravitz funciona bien, pero con Kattie Waterston en el papel de Tina nos parece un tanto chirriante. Esta producción presenta un ritmo irregular con momentos espectaculares y diálogos brillantes frente a otras escenas realmente olvidables y casi soporíferas.
Para introducirse en este tipo de películas de corte fantástico es necesario darse cuenta de que es un producto salido de la mente de una escritora con una imaginación extraordinaria y no debe entenderse como un producto esotérico, aunque lógicamente se pueda pensar en ello. No obstante, deja entrever el positivo mensaje que la autora ha querido transmitir en su obra, apuntando temas que merecen la pena señalar como la lucha entre las fuerzas del bien frente a las del mal de unos magos, educados en Hogwarts, en la que se transmiten valores ciertamente interesantes. La impecable caracterización del villano por parte de Johnny Deep representa la verdadera encarnación del mal, tanto por su brutalidad como por sus discursos engañosos, seductores y ambiguos. El protagonista, Newt Scamander, no está dispuesto a pasar ciertos límites porque para él el fin no debe justificar los medios y no se decantará por ningún bando hasta que no esté seguro de las verdaderas intenciones de ambos.
El referente moral es un rejuvenecido Dumbledore (Jude Law), que es fiel a la palabra dada y que reconoce la confesión y el arrepentimiento como algo que le reconforta, reconociendo el bienestar psicológico, no sé si espiritual, que le produce sentirse perdonado y se deduce que perdonando también.
Por último, el protagonista doma y protege a seres extraños con muy buena mano, transmitiendo su amor a la naturaleza (publicado en Pantalla 90).