Revista Cultura y Ocio

Aniversarios funestos

Publicado el 17 junio 2015 por Argos
[Esta entrada puedes leerla con acompañamiento musical seleccionando la pista "Aniversarios- Hurts" de la lista desplegable del lateral inferior derecho]
Ella lo sabía. Él lo sabía. Hoy se cumplía un año de la boda. La vida no había mejorado para ninguno de ellos, como suele suceder tras las uniones por conveniencia o despecho, como era el caso de Sarah y James.
Dos años atrás, sus vidas estaban en el punto contrario al actual. Ninguno vivía pensando en el mañana. Ninguno pensaba en lo que debió pasar y no pasó. Ambos vivían la vida con intensidad. Ambos no se conocían.
Dos años atrás,como digo, Sarah vivía feliz su vida en el internado y James disfrutaba de la vida fácil y ajetreada propia de un caballero joven de su condición. Sarah pasaba las semanas entre clases, retales y las cartas de Valentín. James paseaba a caballo en compañía de la distinguida Lorelai. Ni James ni Sarah pensaban en el futuro, y si lo hacían, la imagen que les impregnaba la mente no era ni parecida a lo que después sucedería; pues caprichoso es el destino y sus intrincados caminos. Bien lo comprendieron ellos después, demasiado tarde como para coger otra diligencia.
    - Los caminos están embarrados y mi caballo ha quedado atrapado por los flancos traseros. Ayudadme, os lo ruego o llegaré tarde al colegio.
Esta fue la primera frase que Lorelai le dirigió a James aquella sombría tarde de abril. Una frase , por otro lado, exenta de todo romanticismo.
James cumplió con su papel de salvador y, tirando de las rienda del encabritado corcel de Lorelai, logró sacarlo del fango.
    - Déjeme examinarlo- Pidió.- Su caballo ha perdido una herradura. No podréis montarlo. Permitidme que os escolte hasta el lugar que deseéis.
La muchacha aceptó de buen grado y este fue el comienzo de un romance que, en posteriores y cada vez más apasionados encuentros que James prepararía a conciencia, se cocería a fuego lento.
La peripecia de Sarah y Valentín había surgido muchos años antes. Ambos se conocían desde niños. Ardua tarea fue para Sarah conseguir el amor de Valentín desde su condición de mujer; fueron muchas las cartas y los paseos que tuvo que proponer al muchacho, quien sólo la veía como una buena amiga. Pero, ay, así nacen las mejores historias de amor y esta lo fue, ¡vive Dios que sí!
Nada parecía importunar el amor que James y Sarah profesaban a sus respectivos Lorelai y Valentín. Nada hacía presagiar una desventura, una separación, pero los hados del caprichoso destino, a menudo mueven los hilos a favor de una historia truculenta y dramática para entretener así sus perfectas y castas vidas.
Hoy se cumplía un año de la boda, y muchos más se cumplirían puesto que así debía ser. Sin olvidar la dicha pasada, ningún aniversario volvería a celebrarse.
Resignación, memoria y culpa: un cóctel de ambrosía demasiado exquisito como para ser rechazado.

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