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ANTROPOLOGIA DE LA FIESTA Y SU INFLUENCIA EN LA CULTURA HISPANICA (Capítulo III)

Por Zubi
ANTROPOLOGIA DE LA FIESTA Y SU INFLUENCIA EN LA CULTURA HISPANICA (Capítulo III)
Por El ZubiLa Fiesta de los Toros tiene en sí muchas cosas que si reflexionamos detenidamente sobre ellas veremos que es un acontecimiento más que insólito.  Consigue por ejemplo poner a los espectadores de distintas clases sociales al mismo nivel. Lo que Tierno Galván llama “espectáculo que unimisma situaciones sociales distintas”. En la Plaza de toros las diferencias sociales que separan a los hombre unos de otros se borran. Todos los que miramos desde los tendidos  y gradas al torero jugándose la vida, somos psicológicamente y desde el punto de vista español, inferiores a él (al torero). Esta inferioridad iguala a todos los públicos sean de la clase social que sean. Todos los que asistimos a este espectáculo estamos, sin decirlo, haciendo en silencio una confesión pública : en valor,  arrojo  y hombría, el torero vale mas que yo. Es pues, si observamos con detenimiento, una actitud colectiva de humildad y una lección para quien concede demasiada importancia a las diferencias de clase y poder económico. Ante los toros, el aventurero y burlador de la muerte vive de modo superior a los demás. Por eso el torero es el símbolo de la hombría heroica. Don Ramón de Valle Inclán por ejemplo, veía así al torero Juan Belmonte: “Belmonte es pequeño, feo, desgarbado y si me apuran mucho, ridículo. Pero cuando Juan se coloca ante el toro, ante la muerte, Juan se convierte en la misma estatua de Apolo”. Recordemos también a modo de ejemplo, como Federico García Lorca definió a Ignacio Sánchez Mejías en la “Elegía” a su muerte: “No hubo príncipe en Sevilla / que comparársele pueda, / ni espada  como  su espada / ni corazón tan de veras”. Ignacio aparece aquí como un paradigma de humanidad, como un claro varón de Andalucía,  como “Antoñito el Camborio”: “digno de una emperatriz”.  El torero es el “hombre-héroe”  que arrastra a las masas, un ídolo para el pueblo. Los toreros son los héroes  de la sociedad, también en este siglo XXI, a pesar de los momentos por los que atraviesa la tauromaquia actual. Sin duda los toreros  están hechos con la pasta de los héroes. Por otra parte, el español identifica sin ser consciente,  al torero con la figura de Don Juan Tenorio, un personaje que caló hondo en la psicología y la cultura española y que definió muy bien el doctor Gregorio Marañón en amplios ensayos. Don Juan Tenorio y la figura del torero coinciden en muchos puntos. Son, por decirlo de alguna forma, dos versiones de una misma  y profunda postura ante el mundo y la existencia. Son como las dos vías del tren que discurren por separado cercana una de otra pero paralelas. Don Juan burla a las mujeres y el torero al toro. Don Juan juega con el amor que es la vida, y el torero juega con  el toro que es la muerte. La presencia de la muerte en la fiesta, es el elemento principal y constitutivo de ella. El espectador asiste a esa esencial cuestión de “ser” o  “dejar de ser” (que decía Shakespeare). Porque el espectáculo de los toros es “el posible advenimiento de la muerte”. Los toros son el único “acontecimiento” o espectáculo en que la muerte es por sí misma espectáculo. Incluso la lidia del toro es, la preparación adecuada del toro para la muerte.  Pero volviendo al dilema “Torero-Don Juan Tenorio”, observemos como   la burla de la muerte y la burla de la vida son un juego elemental en el que la existencia cobra la plenitud de su sentido. La existencia para nosotros es en sí misma una aventura, el vivir cada día, levantarnos cada mañana y luchar en esta vida, ...y si a ésta aventura de existir cada día le añadimos la conciencia y el placer del aventurarse con la muerte, se logra vitalmente la plenitud.  Pues bien,  esa imagen de ídolo envidiado por las masas de gradas y tendidos, es la que en una plaza de toros hace que las clases sociales desaparezcan, y nos unifique  en la admiración al héroe.Decía  Ramón Pérez de Ayala “que en los toros, espectáculo sobremanera apasionado, se descubre constantemente al desnudo el carácter español... En ninguna parte como en los toros cabe estudiar la psicología actual del pueblo español”. (Continúa mañana)

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