Con los árboles tenemos un diálogo antiguo desoído con frecuencia. No habría otro sin ése. De lo que cuentan se podría extraer lo que nos vamos lentamente contando y que, con similar desatención, tampoco escuchamos.
Con los árboles tenemos un diálogo antiguo desoído con frecuencia. No habría otro sin ése. De lo que cuentan se podría extraer lo que nos vamos lentamente contando y que, con similar desatención, tampoco escuchamos.