"Ayer no termina nunca"; desolado paisaje

Publicado el 25 abril 2013 por Banacafalata

AYER NO TERMINA NUNCA


Título Original: Ayer no termina nunca Director: Isabel Coixet Guión: Isabel Coixet Música: Alfonso Vilallonga Fotografía: Jordi Azategui Interpretes: Javier Cámara, Candela Peña Distribuidora: A Contracorriente Fecha de Estreno: 26/04/2013
Las situaciones del mundo se acaban reflejando en la pantalla, no son otra cosa los realizadores que grandes portavoces que nos permitirán observar la situación de cómo estaba el mundo en un futuro. Algo que sabe bien Isabel Coixet, que tras su documental/entrevista con el juez Garzón, algo que además fue una ocasión claramente desaprovechada para hacer una película mucho más interesante, pero que se unió en su interés de condenar a los culpables, vuelve a atacar al panorama actual español. Posiblemente, su nueva película, Ayer no termina nunca, sea la obra que condena con mayor fuerza la crisis actual hasta el momento (Con permiso de Cinco Metros Cuadrados). Pero existe un problema, el mismo que condenaba a su documental y que en una película de ficción no se puede tolerar y que Coixet regatea con mucha torpeza, que es el de poner la crítica por encima de la película, algo que además desacredita a la película y le quita un valor que puede a adquirir cuotas mayores, tal y como le ha pasado por ejemplo a Los Lunes al Sol de Fernando de León de Aranoa, una obra que a día de hoy, está más al día que cuando se estrenó.
Coixet nos lleva a un futuro inmediato, dentro de cuatro años en 2017, parece que todo ha cambiado el ciudadano, aunque no para el de arriba. Messi gana su décimo balón de oro y el Barça se sigue gastando un pastón en jugadores "de los antiguos euros". Pero para el ciudadano la situación cada vez es más insostenible, más de 7 millones de parados, ataques terroristas por parte del pueblo y una Europa que niega el tercer rescate. Todo perfectamente explicado que un excelente prólogo, dónde sin hacer demasiado hincapié en ello se pone en situación al espectador de la desesperanzadora visión de España. Un marco que es necesario para comprender la obra y que sin duda marca también el devenir de los protagonistas. Una pareja que perdió un hijo por un accidente, y él, escapó para Alemania abrumado por la situación personal y profesional. Ahora se reencuentran después de cinco años por la necesidad de firmar unos papeles, puesto que tienen que trasladar el cadáver para construir un gran complejo turístico. Allí no sólo se pondrán al día con lo sucedido, si no que también, limarán todas las asperezas que han surgido tras tan nefasto incidente.

Es interesante el mundo en el que Coixet planta a sus dos protagonistas, en una nave de un descampado, esperando a un funcionario que nunca llega. Un pequeño microcosmos en el que no hay absolutamente nada más que ellos dos y un mundo cayéndose a pedazos. La película se limita básicamente a una conversación entre ambos con un tema central muy claro, la pérdida. La pérdida de todo, porque la realizadora no habla solamente de la pérdida personal que han tenido que afrontar, también de la pérdida de los sueños, la pérdida de una nación, la pérdida de una identidad, la pérdida de un hogar. La conversación es fuerte e intensa en todo momento, algo que también hace restar puntos a la cinta, ya que hubiera sido más interesante caer en banalidades y dejar que los dos protagonistas hagan el resto. Porque si hay algo que destaca en Ayer no termina nunca, es el soberbio trabajo de sus dos protagonistas, son los que llevan la cinta a volandas, dando un verdadero recital interpretativo, posiblemente dos de las mejores interpretaciones que nos han ofrecido hasta el momento dos actores tan fantásticos como Javier Cámara y Candela Peña.
Pero hay algo que hace naufragar a la película, y es posiblemente la pretenciosidad de la propia directora, es fácil sentir que nos toma tanto a los espectadores, como a sus dos actores por tontos. Que nos tiene que mascar todo para que lo entendamos bien, es incapaz de narrar de otra manera. Y para ello, abusa en un desacierto total de pequeños interludios en los que sus dos protagonistas reflexionan en algo así como un pequeño mundo onírico, reflejando su lugar en la mente, una apuesta muy teatral que no funciona. El problema con ello, no sólo es que sean torpes y corten el ritmo de la película, llevándola a un bajón durante su tramo central, que sólo sus protagonistas parecen ser capaz de levantar. Es que por un lado, sus reflexiones resultan ridículas, viendo el portentoso trabajo de sus protagonistas, hubiera sido mucho más efectivo abusar de silencios, de esas conversaciones banales a las que hacíamos referencia con anterioridad, y dejar que con su interpretación el espectador rápidamente diera con sus miedos, con sus sentimientos, no hay que darlo todo por escrito. Igual pasa con las diatribas que suelta especialmente Candela Peña, alter-ego de la directora. La carga social de la película, y su denuncia, es ya evidente sin la necesidad de estos interludios, su tendencia al subrayado, su clara intención de hacer que el espectador salga a la calle a manifestarse, es innecesaria y bastante cargante.
Es la propia Coixet quien sabotea su obra. En cierto momento hay un chiste del personaje de Javier Cámara en el que pregunta a su compañera si ahora es una activista. Parece que Coixet realiza la película más como activista que como realizadora. Que tiene más ganas de denunciar una situación que de contar una historia. Y el cine está para contar historias, y denunciar con ello, ambas son compatibles y necesarias. Pero cuando se abandona el primer término, para hacer hincapié en el segundo, al final, lo que consigues es fracasar en todos tus propósitos, fracasas como cineasta, pese a que lo que traigas contigo siga siendo realmente interesante, y fracasas con una denuncia que cae en saco roto. Y no podemos decir que Ayer no termina nunca sea una mala película, aunque tampoco sea buena, pero por eso mismo podemos decir que la mejor película sobre la crisis en España no es ni Ayer termina nunca, ni Cinco metros cuadrados, si no que es una película como Los Lunes al Sol que se realizó mucho antes de que esto nos amenazase, y en la que su realizador, casi profetizando, contó una situación desoladora, pero nunca trató de quedarse en una simple denuncia.