Backcountry (Adam McDonald, 2014. Canadá): uno de esos films que son vendidos como cintas de género y que luego suelen ser una cosa distinta, ya no sólo por desobedecer, en mayor o menor medida, a su propia promesa, sino por ser una cosa completamente distinta que, sin llegar a rechazar por completo, sí producirá esa sensación de esperar (mucho) más . Tal fue el caso de Open water (2003) y tal es el caso de esta Backcountry,supuestos survival horrors ambas, cambiando la inmensidad del océano y los tiburones por el bosque y un oso hambriento de parejita feliz al principio y bajo un seísmo emocional más tarde, cuando se dan cuenta de que se han perdido y que la estupidez del novio les ha dejado sin teléfono móvil y sin mapa. La única secuencia respetable y visceral (literalmente) no ocurre hasta la hora de metraje, siendo lo de antes y (casi) la media hora restante de después de un aburrimiento atroz. Y es que una buena vara de medir estas cintas es la de la cantidad de sangre presente en ellas. Eso es así.
Backcountry (Adam McDonald, 2014. Canadá): uno de esos films que son vendidos como cintas de género y que luego suelen ser una cosa distinta, ya no sólo por desobedecer, en mayor o menor medida, a su propia promesa, sino por ser una cosa completamente distinta que, sin llegar a rechazar por completo, sí producirá esa sensación de esperar (mucho) más . Tal fue el caso de Open water (2003) y tal es el caso de esta Backcountry,supuestos survival horrors ambas, cambiando la inmensidad del océano y los tiburones por el bosque y un oso hambriento de parejita feliz al principio y bajo un seísmo emocional más tarde, cuando se dan cuenta de que se han perdido y que la estupidez del novio les ha dejado sin teléfono móvil y sin mapa. La única secuencia respetable y visceral (literalmente) no ocurre hasta la hora de metraje, siendo lo de antes y (casi) la media hora restante de después de un aburrimiento atroz. Y es que una buena vara de medir estas cintas es la de la cantidad de sangre presente en ellas. Eso es así.