BAFICI 2015. Tres últimas películas de la competencia nacional

Publicado el 22 abril 2015 por María Bertoni

Cobertura de Espectadores.

Dos días antes de que los voceros del 17º BAFICI anuncien a los ganadores de los distintos premios y menciones, Espectadores cierra su fracción de cobertura dedicada a la selección oficial nacional con las siguientes mini-reseñas de tres películas que compitieron con Al centro de la tierra de Daniel Rosenfeld y nuestra favorita Generación artificial de Federico Pintos entre otras.

Placer y martirio de José Celestino Campusano
A juicio de quien suscribe, hay dos maneras de entender el nuevo largometraje del -a menudo polémico- director quilmeño: 1) tomándolo al pie de la letra, es decir, creyendo en la aparente intención del realizador de señalar los vicios de la alta burguesía porteña, o 2) tomándolo como un ejercicio deliberado de cine artificioso que señala los vicios, no tanto de nuestra clase alta, sino de las producciones televisivas y cinematográficas que pretenden desnudarla.

El espectador que elija la primera manera sentirá que la película es mala por donde se la mire: caracterización de personajes, parlamentos, actuaciones. Aquél que apueste a la opción lúdica terminará con la sensación de haber asistido a una ocurrencia entretenida, y descubrirá a un Campusano experto en el manejo de estereotipos.

A priori, Placer y martirio desembarcará en las salas porteñas a principios de julio próximo. Harán bien en evitarla quienes hayan imaginado que este film transita el sendero de directores como Michael Haneke, Lars von Trier u otros cineastas especialistas en retratar el costado sórdido, perversón de las clases altas.

Victoria de Juan Villegas
El documental del mismo director de Ocio gira en torno a Natalia Jaime o -mejor dicho- a Victoria Morán, “una de las cantantes más notables de una saludable corriente que intenta recuperar un repertorio alejado del tango más difundido” según escribiera Julio Nudler para Página/12 más de una década atrás. Al retratar la cotidianeidad de la intérprete (combinación de tareas hogareñas, el cuidado de una hija adolescente, reuniones sociales, grabaciones en un estudio independiente, clases a alumnos particulares, presentaciones en geriátricos, organización de recitales), Villegas también retrata la vida de todo músico, cantante, pintor, escritor, cineasta que decide ejercer su oficio sin recurrir a los mecanismos de producción y promoción de la industria cultural.

Dato interesante: el realizador recurrió al sistema de crowdfunding (o micro-mecenazgo online) para financiar parte de la producción de este largometraje. En la plataforma en cuestión, él mismo adelantó su intención de reflexionar sobre la “relación entre el arte y el dinero” y sobre su “propio lugar como cineasta argentino independiente”.

Victoria cumple con los dos objetivos propuestos. Por un lado, quienes desconocíamos a Morán descubrimos una cantante admirable por más de un motivo (asimismo sus seguidores se darán el gusto de conocerla mejor y disfrutarla). Por otro lado, unos y otros espectadores abandonamos la sala con una idea más acabada de los entretelones de la “vida bohemia” (en palabras de la propia cantante y un amigo guitarrista) cuando no media ninguna fortuna personal.

 Miramar de Fernando Sarquís
“Cine polaroid” suena a expresión válida para definir películas equiparables a las fotos instantáneas que se hicieron famosas en los años ’70, y que fueron concebidas para capturar -y enseguida mostrar- un momento acotado. En esa exacerbación del aquí-y-ahora radica el interés de esta ópera prima ambientada en la localidad cordobesa de Miramar, y protagonizada por personajes a punto de cambiar algo en sus vidas.

No importan demasiado las razones ni la envergadura de esos cambios. Importa, más bien, el esfuerzo por retener el instante previo y reflejar la tensión de los músculos, la duda en la mirada justo antes del salto. De ahí el protagonismo que la cámara y el guión también les conceden al muelle (como plataforma de despegue) y a la laguna o “mar interior” cuyas aguas anuncian poco y nada.

Difícilmente Sarquís habría alcanzado su propósito sin las actuaciones de Florencia Decall, Maximiliano Gallo, Eduardo Rivetto, Eva Bianco. La fotografía de César Aparicio le agrega encanto -y un toquecito de suspenso- a este nuevo exponente del cine cordobés.