Me gusta sonreír, a los pacientes les inspira confianza, les hace perder parte del miedo con el que acuden a la consulta. Sin embargo no son solo los demás los que se sienten mejor al verte, parece algo tonto, pero el mero acto de sonreír disipa muchos nubarrones, no es posible mantener un enfado más de unos segundos con una sonrisa, salvo que sea cínica.
Una sonrisa sería, por tanto, mi primer imprescindible de belleza, aunque reconozco que la mía me gusta mucho más con un buen pintalabios (que aplico como labial y colorete). Esta confesión suena superficial, pero así son las cosas, los adornos y las pinturas han atraído a los humanos desde la antigüedad, y no he escapado a su influjo.
Me gustan los cosméticos pero, por desgracia, tengo la piel muy sensible y eso es algo que resulta incómodo y caro, ya que implica probar y desechar una infinidad de cremas y potingues antes de dar con la adecuada. Las que me irritan se las paso a hermanísima, que no tiene ningún problema de alergia y que, además, está encantada de heredar. Por suerte he descubierto unos cuantos trucos que ayudan a evitar y mejorar la quemazón.
Alguno de estos días House descubrirá en el congelador un pañuelo de algodón, de esos de caballero de toda la vida, humedecido y doblado en cuatro (me extraña que aún no me haya preguntado al respecto, cuando guardé unas cucharillas no tardó en pedirme explicaciones). Ese pañuelo helado es el remedio más rápido para calmar y bajar la hinchazón. Solo tengo que mojarlo hasta devolverle la flexibilidad y ponerlo bien frío sobre los párpados, la frente, las mejillas y la nariz. En un minuto descongestiona la cara de recién levantada; luego lo escurro y lo vuelvo a congelar. Las cucharillas servían para el mismo fin pero el pañuelo me funciona mejor. Para cualquier momento, los sprays de agua termal son cómodos y eficaces, devuelven frescura al maquillaje y nada alivia más rápido la tirantez de la piel en ambientes resecos. A veces lo uso en la raíz del pelo, como un champú en seco que no precisa retirar, solo frotar un poco y dejar secar.
Uno de esos trucos de belleza que harían que House se cuestionase mi salud mental es el de restregarme por la piel la cara interna de la cáscara de plátano. El caso es que esa cáscara es muy rica en ácido salicílico y tiene propiedades antiinflamatorias y queratolíticas. No es tan fuerte como la aspirina (que es infalible cuando se trata de madurar y disminuir la tensión de los granos profundos y dolorosos), no irrita los ojos sino que los calma y se puede usar sobre los párpados para mejorar las bolsas y ojeras (aunque en mi caso no puedo prescindir de corrector). También va bien para secar las espinillas, tratar los puntos negros de la nariz y controlar la producción de grasa en el acné.
Hay remedios naturales para todos los gustos. Recuerdo que hace poco vi a una paciente con un cutis impresionante. La mujer pasaba de los 80 años y a duras penas se le echaban 60, no tenía arrugas, ni flaccidez, ni piel apagada ni ningún otro signo de edad. Nos confesó que su truco de belleza era ponerse una mascarilla de aguacate machacado (con o sin aceite de oliva, no era imprescindible). Aún no me he animado a probarlo, aunque después de las mascarillas metálicas no creo que House se asuste por verme cubierta de verde.
Para terminar, un vídeo de una técnica breve y sencilla de masaje facial, algo que siempre viene bien.