Revista Política

Basta de cobardía frente al extremismo islamista

Publicado el 22 marzo 2010 por Franky
Decenas de periodistas, escritores, dibujantes y hasta entrenadores de fútbol occidentales viven aterrorizados porque han sido condenados a muerte por el Islam extremista sin que nuestros dirigentes políticos, obligados a defendernos, hagan nada. La cobardía, instalada en los gobiernos de Occidente, impide, incluso, la práctica de la reciprocidad, núcleo central de la diplomacia desde hace milenios. Ellos matan a los nuestros sólo por practicar la religión cristiana, amenazan, acosan y siempre avanzan, mientras que nosotros toleramos, concedemos, temblamos de miedo y retrocedemos. La cobardía ha sido siempre el más claro síntoma de la decadencia de una civilización y la antesala de la derrota de los pueblos.

Los energúmenos violentos que aparecen en la fotografía piden la cabeza del controvertido político holandés Geert Wilders, culpable de haber presentado recientemente un documental contra la violencia y la insensatez del Islam extremista.

Muchos ciudadanos nos preguntamos ¿Por qué existe tanta cobardía en Occidente, especialmente entre los dirigentes políticos, incapaces de responder con reciprocidad o al menos con dignidad al insulto y la insolencia de los fanáticos? La cobardía de los dirigentes occidentales frente al Islam está generando paradojas insoportables, como la de que los cristianos seamos perseguidos y amenazados en nuestros propios paises por extremistas musulmanes que, como inmigrantes, son nuestros invitados.

Pero hay más paradojas: no se puede practicar la religión cristiana en países musulmanes que castigan con la muerte a los cristianos que adoran a su Dios, mientras que ellos no sólo gozan de plena libertad de culto en nuestros países, sino que, además, con una insolencia insoportable, exigen a nuestros cobardes líderes que edifiquen mezquitas y escuales islámicas.

La clave de la diplomacia y de las relaciones internacionales ha sido durante siglos y es la reciprocidad, pero los dirigentes occidentales, acobardados y sin la dignidad mínima, son incapaces de exigirla a sus interlocutores musulmanes.

Quizás la respuesta a tanta cobardía esté en los privilegios, lujos y despilfarros de la "casta" política que gobierna nuestros países, dispuestos a ceder en todo con tal de seguir disfrutando de sus coches, sueldos elevados, guardaespaldas, tarjetas de crédito y poder sin control sobre la sociedad y los ciudadanos. La cobardía es siempre la reacción de los multimillonarios y de los que tienen mucho que perder en la contienda.

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