Belgian brownies. {Receta belga}

Por Ana @cookthecakes

El final del mes pasado ha sido un no parar y justo antes de acabarlo he vuelto a coger nuestro avión mensual de #reposterasporeuropa para darme una vuelta y conocer un poco más la gastronomía de nuestro continente, este mes con destino a Bélgica.
He desembarcado en Bruselas, ciudad que ya conocía, pero a la que siempre es un placer volver. He soltado los trastos y me he ido corriendo a la Grand Place, una verdadera maravilla, con sus casas gremiales, el Ayuntamiento, el bullicio de la gente sentada en sus restaurantes y bares donde se pueden comer sus famosos mejillones al estilo belga con patatas fritas (nada que ver con nuestros mejillones gallegos) acompañados de una de la multitud de variedades de cerveza belga. Una de las plazas más bonitas que conozco

Bruselas es una ciudad cosmopolita, en la que hay que disfrutar de sus coloridas fachadas cómic, porque no sé si sabéis que aquí nació Tintín, del Art Nouveau y el Art Déco, de monumentos como el Atomium, que se creó con motivo de la Exposición Universal de 1958 (del año no me acordaba) y ahí sigue, el Parque Real con el Palacio Real, la Comisión Europea que estamos hartos de ver en televisión... y como no, el Manneken-Pis que es uno de los símbolos más representativos de Bruselas y que seguro que todos conocéis al menos de oídas.
Os cuento que no sé por qué motivo, la primera vez que fui a Bruselas, imaginaba que esta escultura sería la típica fuente de considerable tamaño y que estaría situada en medio de una plaza. ¡Pues no! Cuando la vi, se me quedó una cara... Resulta que el "niño meón" en cuestión, mide unos 50 cm. aproximadamente y está situado en una esquina entre dos calles muy cerca de la Grand Place. Vamos, que si te descuidas pasas de largo, sino fuera porque siempre hay mucha gente fotografiándolo.

Pero seguro que lo que más os apetece es que vaya al grano, al "grano gastronómico" me refiero. Si os gusta el chocolate, esta es vuestra ciudad, no en vano, en ella se encuentran muchos de los mejores maestros chocolateros del mundo. En Bruselas se pueden visitar chocolaterías de fama mundial, unas de las más conocidas son Godiva o Galler en la Grand Place. Por mucho que os imaginéis, si no habéis estado, no vais a tener una idea de lo que son estas chocolaterías. Aviso importante: puedes llegar a volverte loco entre tanto y tanto chocolate por sus diferentes formas, colores, texturas, sabores, presentaciones, personalizaciones... ¡apetecen todos!.
También y dejando a un lado el chocolate, otros de sus dulces típicos son los famosos gofres, los de Bruselas y los de Lieja, estos últimos se preparan con azúcar perlado, son más pequeños y más dulces y se caracterizan por ir recubiertos de una capa de caramelo. Otros dulces típicos son los "couque" de Dinant unas galletas preparadas con harina, miel y azúcar, los Speculoos o galletas especiadas preparadas con azúcar moreno y especias, que se consumen tradicionalmente en la época de Adviento y Navidad o las Lierse vlaaikens (tartaletas de Lier). Entres sus tartas destacan la tarte au maton, que es una tarta de queso blanco, leche agria y almendras, la flamiche o tarta de queso local que se sirve caliente o la tarte au stofé, que es una tarta de queso blanco, almendras y pasta de manzana.

Finalmente y después de este empacho gastronómico, me he decidido por el chocolate y he preparado estos brownies belgas, receta de la famosa panadería Le Pain Quotidien, que nace de la inquietud de su creador, Alain Coumont, belga que provenía de familia de panaderos, por encontrar la fórmula del pan que él recordaba que hacía su abuela y así después de varios años encontró esa masa madre en París y la exportó a través de sus panaderías repartidas por todo el mundo. En Le Pain Quotidien, destacan entre otros dulces sus "belgian brownies" o brownies belgas de chocolate en forma de pequeños bocados que son los que hoy os traigo, según la receta de esta famosa panadería.

Ingredientes (14 unidades)
  • 250 gr. de chocolate negro
  • 250 gr. de mantequilla, en trocitos
  • 5 huevos batidos 
  • 250 gr. de azúcar glacé
  • 30 gr. de harina de repostería

Elaboración
Picamos el chocolate en trozos y lo ponemos en un recipiente para el baño maría y agregamos la mantequilla también en trozos. Colocamos el recipiente sobre una cacerola de agua hirviendo a fuego lento, hasta que los dos ingredientes se hayan derretido. Mezclamos bien y pasamos la mezcla a un recipiente más grande. Reservamos.
Precalentamos el horno a 160º C y colocamos las cápsulas en una bandeja para hornear cupcakes.
Tamizamos el azúcar y la harina y las añadimos en el chocolate. Agregamos los huevos batidos y mezclamos bien. Tapamos y dejamos reposar a temperatura ambiente durante 30 minutos.
Vertemos la mezcla llenando cada cápsula 2/3 de su capacidad y horneamos de 35 minutos.

Cuando los saquéis del horno, los brownies seguirán estando húmedos, esto es normal y no significa que no estén hechos, además primero estarán hinchados y luego irán bajando según se vayan enfriando.

Cuando los pruebas la experiencia es brutal. El sabor a chocolate es súper intenso y la textura húmeda y dulce, a pesar del sabor amargo que de por sí tiene el chocolate negro.

A pesar de ser unos bocados con un aspecto rústico, nada más lejos de la realidad. La suavidad de la masa y el profundo sabor a chocolate negro son debidos a la gran proporción de mantequilla y chocolate de la receta.
Y qué deciros del olor que impregna la cocina mientras se están horneando... ¡¡Irresistible!!

Resumiendo este viaje ha sido apasionante, no sólo por la gastronomía en sí, sino por el destino y es que, por no aburriros, no he querido seguir hablando de las ciudades, pero no podía acabar este post sin recomendaros una ciudad belga que para mi, junto con Florencia, es una de las ciudades más románticas y divinas que he visitado. Me refiero a la ciudad de Brujas. Si tenéis oportunidad, no dejéis de visitarla porque es una ciudad mágica en la que el tiempo parece haberse detenido en la Edad Media. Se la conoce como "la Venecia del Norte" porque sus calles empedradas están atravesadas por una red de canales, lo que la hacen una ciudad todavía más encantadora.

Y a 20 minutos en tren más o menos tenéis Gante, otra preciosa ciudad medieval, más grande que Brujas que cuenta también con un centro histórico precioso y su famosa universidad que da muchísima vida a la ciudad siempre llena de estudiantes.

Y ya os dejo, muy a mi pesar, porque escribir acerca de  los lugares que conozco me encanta. No sé por qué me da la impresión que este mes va a triunfar el chocolate.