Berlín y la emocionante historia de taller para ciegos de Otto Weidt, el otro Oskar Schindler.

Por Acedera
   Recientemente hablando con un colega que acababa de volver de Berlín me comentaba que no le había gustado para nada la capital germana. La verdad es que aquello me sorprendió bastante dado que este amigo es un gran viajero que ha recorrido medio mundo y estaba plenamente convencido de que Berlín se situaría entres sus lugares favoritos...cosa que evidentemente no fue así.
   Decidido a saber porqué no llegó a conectar con la ciudad le pregunté al respecto y me dijo que Berlín es una ciudad muy gris, sin ningún monumento destacable, salvo quizás la Puerta de Brandesburgoy que está plagado de obras, grúas y tuberías que la afean aún más.

   Pues bien, yo creo que mi amigo no miente del todo cuando dice esas cosas, por ejemplo es cierto que Berlín es algo gris, no sólo por su clima y por sus edificios en ruinas... ¿sabían que por la noche apenas si está iluminada para ahorrar el máximo en electricidad?...
   También es cierto que cuenta con pocos monumentos históricos y con muchas, muchísimas obras... pero precisamente son esas "cicatrices" de su pasado lo que más me atrae de esta ciudad, porque Berlín es Historia con "H" mayúscula, y lo que es más importante, es historia de hace "dos días", que todavía se puede sentir, tocar...y eso se traduce en que Berlín tiene la capacidad de Emocionar como pocas ciudades del mundo.

   Por ello, para convencer a lo que piensan como mi amigo, he decidido crear esta entrada con un lugar de esos que toca la fibra sensible y que sólo existe en la capital de Alemania:
   El Museo de Otto Weidt   


   Seguramente todos ustedes han visto alguna vez la afamada película "La lista de Schindler" de Steven Spielberg ¿verdad?. La historia de una empresario alemán y nazi para más señas, que pasó de querer enriquecerse, a salvar cientos de vidas a costa de sobornos y de empeñar toda su fortuna.
   Pues bien, mucho menos conocido pero igual de grande fue el señor Otto Weidt, otro empresario alemán, que a diferencia de Schindler fue un ferviente anarquista y antinazi desde el primer momento, he hizo todo lo posible por proteger a sus trabajadores judíos de la Gestapo. Pero lo más increíble de su historia es que Otto Wiedt era ciego, y la mayoría de los judíos a los que salvó la vida también lo eran...

   En esta fotografía pueden ver al señor Otto Weidt rodeado por algunos de sus trabajadores, él es el señor mayor situado en el centro con traje oscuro justo al lado de un hombre con los brazos cruzados y una mujer sonriendo de quien os hablaré algo más un poco más adelante.
   Lo bueno de este museo es que está situado en la propia fábrica de Weidt por lo que literalmente caminamos sobre la historia...

   Lo que se producía aquí eran principalmente cepillos y escobas de limpieza que resultaban fundamentales para las fábricas de armamento alemanas, y por ello esta pequeña fábrica estaba clasificadas como "importante para el servicio militar" debiendo entregar toda su producción al Ejercito.
   Otto Weidt no sólo quiso salvar todos los judíos posible, sino que principalmente pretendía salvar a los más vulnerables, los invidentes, especialmente ciegos y sordos por lo que no dudó en adaptar los puestos de trabajo a ellos..

...de esta forma podía argumentar frente a la Gestapo que no podían llevarse a su trabajadores dado que su fábrica, recordemos que era "importante para el servicio militar", estaba adaptada a ellos y no para trabajadores normales.
    ¿Sirvió este truco para frenar a los nazis en su empeño contra los judíos? pues obviamente no, y menos en el corazón del poder nazi, pero por suerte Otto Weidt tampoco se daba por vencido fácilmente y decidió, a pesar del riesgo que suponía para él, vender buena parte de su cepillos para caballos en el mercado negro, ya que en aquella época resultaba un buen regalo de bodas.

    Con el dinero que obtenía en el mercado negro, al igual que Schindler, comenzó a sobornar a los oficiales de la Gestapo con cajas de champange, puros de lujo y perfumes caros difíciles de encontrar que eran muy bien recibidos por los nazis. También compraba caros documentos falsificados con los que lograba engañaba a la Gestapo y que, junto con los sobornos, evitaron durante gran parte de la guerra que sus trabajadores acabasen en los campos de concentración.

   Sin embargo, hacía el año 1.943 los nazis decidieron que Alemania debía quedar libre de judíos, aquello supuso que ni los sobornos frenarían ya a los sabuesos de Hitler y por tanto a Otto Weidt sólo le quedaba dos opciones, o entregar a su trabajadores o esconderlos ..¿qué piensan que hizo?.

   Efectivamente buscó escondites para ellos, y no sólo tenía varios por todo Berlín, sino que incluso en su propia fábrica, detrás de ese falso armario de ropa que pueden ver en la foto, acondicionó una pequeña habitación secreta, sin ventana, pero que contaba incluso con una pequeña calefacción para soportar el frío invierno alemán.

    ¿Se imaginan lo que le hubiese pasado a Otto Weidt si los nazis hubieran descubierto esta habitación en su propia fábrica?...
   El museo, aunque es pequeño como lo era su fábrica, atesora bastantes documentos originales, y lo mejor es que la visita es gratuita, como no podía ser de otra forma hay textos en braille y encima te prestan una audioguía en varios idiomas, incluido el español, para que no se pierdan ninguna de las historias que atesoran...

    Y de entre todas esas historias me quiero detener en una muy especial, la historia de Otto Weidt y Alice Licht.
   ¿Recuerdan la mujer sonriendo en la foto del principio al lado de Otto Weidt?, ella era Alice Licht

   Alice era una guapa judía que había trabajado como secretaria en la fábrica de Otto Weidt, por desgracia, a pesar de que Weidt la había ocultado en uno de sus escondites, en 1.943 los alemanes la capturaron y tras varios meses confinada en un Gueto la metieron, junto con su familia, en un tren de la muerte camino a Auschwitz-Bierken.
   No es posible para nosotros ni tan siquiera llegar a imaginarnos qué puede pasar por la cabeza de alguien hacinado en un vagón atestado, rumbo a lo que sabían que era una muerte segura. A la mayoría de nosotros el horror y el miedo nos paralizarían por completo, pero Alice mantuvo un mínimo de esperanza y en la oscuridad del vagón escribió una postal a la única persona que sabía podía salvarla a ella y a su familia, y la arrojó a las vías del tren...

   Ella no podía saber ni tan siquiera si la postal llegaría a manos de Otto Weidt, de hecho en la misma carta escribió que en caso de que alguien la encontrara que por favor la enviara y pagara el franqueo postal, que el señor Otto Weidt se lo devolvería encantado.
   Alice tampoco podía comprometer al señor Weidt y en su carta no le pedía socorro directamente, solo le informaba de su situación y la de su familia y le daba las gracias por todo lo que había hecho por ellos en el pasado.
   Como si fuera un milagro, la postal la encontró un alma caritativa que cumplió los deseos de Alice, y el señor Weidt recibió la carta varios días después. Inmediatamente trazó un plan para liberarlos y lo primero que hizo fue escribir una carta a la administración de Auschwitz para ofrecer todos sus productos al temido campo de exterminio ..

   Tan sólo unos días más tarde Otto Weidt hizo lo que para la mayoría era poco menos que una locura, se personó en las instalaciones del campo para intentar persuadir a las autoridades en la liberación de Alice y sus familia, es decir, se metió voluntariamente en la "boca del lobo", pero por desgracia ya era demasiado tarde para sus padres ya que habían muerto en las cámaras de gas.
   Por suerte Alice había sido traslada a otro campo subsidiario, el de Christianstadt y cuando se enteró el señor Weidt comenzó a prepara un plan de fuga y equipó un casa cercana al campo con ropa, dinero y medicinas que sirviera como refugio a Alice, a quien mantuvo informada a través de un trabajador Polaco. A principios de 1.945, debido al avance del Ejercito Rojo, el campo se desmonta y Alice logra escapar en mitad de la confusión y refugiarse en la casa de Weidt. Ella tuvo mucha suerte, muchos compatriotas perderían la vida esos momentos finales.
   Gracias a la ayuda de su benefactor, Alice logró llegar a Berlín y se refugio en el piso de Otto Weidt hasta la derrota de los nazis. Lo habían logrado, Alice sobrevivió al extermino.

   Cuentan que el señor Otto Weidt asumió un riesgo tan grande para salvar a Alice porque, a pesar de la enorme diferencia de edad entre ambos, ella fue el gran amor de su vida. La historia hubiese sido increíble del todo si ese amor finalmente hubiera sido correspondido, sin embargo Alice no le quería de esa forma, nadie la puede culpar por eso. Un año después del final de la guerra Alice se marchó a Estados Unidos y formó una familia. Pese a que se escribieron varias veces, no se volvieron a ver nunca más dado que el señor Weidt falleció en 1.947. Ella moriría en Israel en 1987.
   Aunque la historia de Alice Licht es quizás la mas impresionante, en el museo podrán descubrir muchas otras historias de personas que deben su vida a este buen hombre, y también alguna que otra curiosidad como por ejemplo poder ver el paso del tiempo desde la ventana de la fábrica comparando la vista con una foto hecha en 1.940.


   Parece el típico decorado post apocalíptico donde las plantas descontroladas han invadido el paisaje urbano.
   Por si el contenido de este museo fuese poco motivo para su visita, además resulta que para acceder al mismo hay que entrar por un punto clave en el arte callejero de Berlín, la Haus Scharzenberg 

    Un sitio caótico y cambiante donde los artistas callejeros dan rienda suelta a sus impulso con graffitis, pinturas, papeles, exposiciones y un sinfín de locuras conceptuales. Muchos grandes nombres del arte urbano como El Bocho o Miss Van han dejado su huella aquí.

   En 1.995, Berlín cedió este lugar abandonado a un grupo de artistas llamados "Dead Chickens", y ellos crearon la organización Haus Scharzenberg que integra un cine independiente, bares, estudios de artistas, galerías y hasta una tienda.
   Compartiendo el mismo edificio existen además varios museos como el Centro Anne-Frank en Berlín y por supuesto el protagonista de esta entrada, el museo Blindenwerksatt Otto Weidt.

   La entrada al museo y a la Haus Scharzenberg se hace por este callejón donde podemos ver una placa dedicada a Otto Weidt en donde explican lo que ya saben, como hizo todo lo humanamente posible por salvar a los más vulnerables. La última frase de la placa es ..."varias personas le deben su supervivencia".
   Por supuesto Otto Weidt comparte con Oskar Schindler el máximo honor que el pueblo judío otorga a aquellos que no son judíos, la distinción Justo entre las Naciones aunque en el caso de Weidt se lo reconocieron ya a título póstumo en 1.971.
   Déjenme finalizar la entrada con una reflexión, todos nosotros nos consideramos en mayor o menor medida buenas personas ¿verdad?, pero lo cierto es que ser generoso en una situación de bienestar es muy fácil si lo comparamos con quién lo es en una situación desesperada. Es en esos momentos donde se distingue realmente quienes son los Grandes entre nosotros, Otto Weidt sin duda lo fue.
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   Auf Wiedersehen.