Big Eyes (3.0)

Publicado el 27 enero 2015 por Kike Morey @KikinMorey

Tim Burton debería volver a lo que mejor sabe.

Es una lástima que la suma de una buena historia de estafadores del arte, aunado al director más estrambótico de los últimos veinticinco años, con el ganador de dos Óscar por excepcionales actuaciones, y una de las mejores actrices de los últimos años sea una película lineal, sin alma, sin mayores sorpresas ni sobresaltos, cuyo único momento emocionante sea la canción de Lana del Rey de fondo para la aparición de los créditos finales.

A excepción de un par de fotogramas, los sellos característicos de Tim Burton brillan por su ausencia. Su apuesta por presentar un cine más enseñoreado y menos delirante se ha convertido en un producto soso, entretenido para una tarde de domingo, encerrado en casa y con la mantita sobre el cuerpo. Una telemovie en toda regla incluyendo la insufrible frase “basado en una historia real” al inicio del film.

También decepciona la sobreactuación de Christoph Waltz como Walter Keane, el marido que se apropia la autoría de las pinturas de su esposa Margaret. Si bien en su personaje de Hans Landa en Malditos Bastardos destilaba un histrionismo cínico, considerado por muchos como brillante, en Big Eyes la fórmula produce el efecto contrario. Su partenaire Amy Adams, en cambio, mantiene el peso de la película con una impecable interpretación, aunque no tanto como para haberle otorgado el Globo de Oro.

De los actores de reparto sobresale Terence Stamp, quien lo borda en las pocas escenas en que aparece. La cálida y luminosa fotografía así como la colorida ambientación son algunos de los pocos aciertos de Burton. Un metraje de 105 minutos que no cansa pero tampoco entusiasma. Esos conmovedores ojos pintados por Margaret Keane debieron tener un mejor destino cinematográfico.

Tráiler de la película, aquí