Llego tardísimo a esta saga, pero como no estaba convencida de leerla y menos de gastar dinero en ella, no cayó hasta que no lo vi en la biblioteca...
Esta opinión va conjunta porque ambos libros tienen a la misma pareja protagonista.
En el primer libro nos presentan a todos los personajes. A los principales, a los secundarios y a los que deben aparecer de vez en cuando para darle pequeños empujoncitos a la trama.
Johnny es un muchacho de 17 años y es la viva encarnación del estoicismo más puro. A las cinco de la mañana está en pie, entrena 27.000 veces al día, es muy bueno en los estudios, es también el mejor jugador de rugby (tanto que la sub 20 y la nacional está detrás de él), las niñas, adolescentes y mujeres pierden las bragas por él y tiene un cuerpo de infarto.
Aquí tengo que hacer un pequeño inciso porque la chica protagonista, Shannon, no para de decir el cuerpo perfecto que tiene. Que si bíceps, abdominales, pectorales, hombros, la famosa uve pélvica, los cuádriceps... Gente, ¿visitáis asiduamente los gimnasios? Porque yo sí desde hace no pocos años y os aseguro que esos cuerpos no se encuentran encerrados en adolescentes de esa edad. ¿Alguno habrá? Por supuesto, pero daros una vueltecilla por gimnasios y tatamis y veréis que la autora se ha flipado.
Personalmente, con esa manía de estar plasmando en la hoja el cuerpo perfectísimo del chico yo no podía imaginarme a alguien de esa edad. Por si acaso estaba equivocada busqué en Google a los de la sub 20 de rugby de Irlanda y sigo diciendo lo mismo... Flipada de la autora. Si hubiese sido del equipo nacional, bueno.
Parece una tontería pero os juro que me sacaba de la historia. La única lógica que le veo es que a ojos de ella, taaaaan pequeña como la describen, le parezca un gigante. Pero aún así, una cosa es estar fuerte y otra definido (los abdominales no se marcan así como así)
Luego tenemos a Shannon, la que será su interés amoroso, interés que él nunca tuvo en mente porque desde pequeño se dedicó en cuerpo y alma al rugby al desear jugar al más alto nivel. Ella es una joven con una cantidad de problemas que abrumaría a cualquiera. Problemas en casa, problemas en el instituto, problemas allá donde vaya.
Shannon no es mala, no se mete con nadie, es más, no quiere ni destacar, solo quiere ser invisible para que los problemas dejen de encontrarla, pero una cosa es desearlo y otra que así sea. Gravemente acosada por sus compañeros de instituto termina en un instituto elitista donde, con otro accidente/problema, conoce a Johnny y arranca toda la historia.
Luego nos encontraríamos con el gran elenco de secundarios. El equipo de rugby, y por lo tanto de Johnny, las dos únicas amigas de Shannon, y lógicamente porque son menores, las familias de ambos.
En el primer libro se van conociendo, se interesan el uno por el otro y nace una bonita relación mientras ambos intentan mantener sus intereses en la vida. En el segundo, el mejor para mí, empieza realmente todas las tramas más allá de la romántica. Aquí todo explota, se conoce la verdad, el horror que viven los personajes te hace soltar no pocas lágrimas, Shannon intenta sobrevivir, Johnny intenta mantener unidas todas las partes de su vida, llegan nuevos personajes y todo se vuelve muchísimo más intenso.
Ambos libros son bastante largos al rondar las 700 páginas cada uno, y en lo personal diría que le sobran páginas a ambos libros, aunque más al primero que al segundo. Hay mucho tira y afloja entre ambos, creo que la autora abusa un poco de más de este recurso, pero se deja leer por algo que nada tiene que ver con los protagonistas.
¿Cómo puede ser? Por Gibsie. Por ese tarado mental que me ha robado el corazón y seguramente me lo parta cuando lea el libro dedicado a ese personaje. No he visto tamaño payaso como él. Es el recurso que la autora utiliza bestialmente bien para introducir respiros en los momentos tensos y así volverlos hilarantes. El tío no se corta un pelo, suelta lo primero que se le viene a la mente, y tal y como dice muchas veces Johnny, su mejor amigo, lo que se le pasa por la cabeza no suele ser bueno.
Es una saga muy conocida y querida. Me ha gustado pero no para tirar cohetes. Ya digo que yo quitaría páginas y que los protagonistas, aún gustándome, no me han parecido maravillosos, siendo salvada la historia por algunos secundarios.
Johnny y Shannon son muy monos juntos, pero él me ha parecido tan hiper mega súper ultra perfecto con su rutina idealísima de la muerte desde la tierna edad de seis años, que me ha costado muchísimo hacerme a él. Tiene 17 años, por favor, ni el CEO de una multinacional se comporta así... Entonces claro, como la historia trata de dos y uno me producía mucha fricción e incluso me sacaba de la historia, para mí queda algo cojo este inicio de la saga.
Ambos libros me los leí muy rápido, no tardé más de 2-3 días por libro, pero fue por cómo está escrito, no porque me interesase lo que pasaba. En el primer libro me daba igual si se quedaban juntos o no, pero seguía leyendo porque siempre estaba pasando algo, respiros había pocos. ¿Por qué seguí entonces con el segundo libro? Por cómo acaba el primero, es un cliffhanger como la copa de un pino, y a no ser que odies a los protagonistas, sí o sí sigues leyendo.
En el segundo ya sí sentí que quería saber qué ocurría, cómo lo iban a solucionar y demás. No fue nada complicado saber cómo, es algo que se huele desde muy muy muy lejos, pero la autora lo hace de tal manera que incluso sabiéndolo, sigues leyendo. Este segundo libro tiene mucha más tensión y sentimientos a flor de piel, pero sentimientos de todo tipo. Odio, desesperanza, amor... Todo tiene cabida en sus 700 páginas.
En resumen, no han sido una lectura espectacular, pero como lectura simple de verano está muy bien. Eso sí, preparad pañuelos para el final del primero y una buena parte del segundo libro.