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Breve encuentro (VIII): Years ago we had the church. That was only a way of saying that we had each other. American hedonism. Gimme shelter: mafia, catolicismo, rock. El cine de Martin Scorsese

Publicado el 31 agosto 2014 por Juanjo85

Breve encuentro (VIII): Years ago we had the church. That was only a way of saying that we had each other. American hedonism. Gimme shelter: mafia, catolicismo, rock. El cine de Martin Scorsese
Neoyorquino de nacimiento, Scorsese es un absoluto apasionado del cine (de familia sin recursos y asmático, de niño se refugió en el cine), puede que el realizador norteamericano vivo más venerado. Con un conocimiento enciclopédico tanto de las artes cinematográficas como de sus géneros, realizadores y épocas, gracias en parte a que formó parte de la primera generación de cineastas que estudiaron cine en la universidad (aunque su primera opción era ser cura- es un católico convencido- opción que descartó en favor del cine), está considerado como el estandarte (estatus que ha sabido mantener, a diferencia de otros coetáneos suyos) de esa hornada de cineastas estadounidenses que revolucionaron la forma de hacer cine en los años 70, al menos en su corriente más de autor y menos comercial. Poseedor de una obra compleja, rica y apasionante, hoy en día sigue siendo una de las figuras cinematográficas más analizadas y estudiadas.

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Filmando Toro salvaje

Tras una década de los 60 plagada de cortometrajes, empezaría a llamar poderosamente la atención de la crítica y el público a principios de la década posterior con Malas calles, estimable drama urbano que trazaría las líneas maestras de sus posteriores y magníficos trabajos con los bajos fondos y el crimen como temas principales. Luego llegaría una sucesión de reputadas obras (primero las casi sucesivas y muy hábiles Taxi driver y Toro salvaje, que le catapultaron a la categoría de maestro, mezcladas, eso sí, en unos años de seísmo personal en la vida del director, salpicada de cocaína por doquier, la cual estuvo a punto de matarlo, siendo Toro salvaje su particular redención), y con el paso de los años su particular visión del moderno film noir- Uno de los nuestros, Casino-, el cual redefinió por completo con su particular y alocado estilo, legando obras de suma importancia para entender el moderno cine USA, prestigiosos dramas de todos los colores- de época (la espléndida La edad de la inocencia), histórico (la polémica La última tentación de Cristo) y continuación de un éxito del pasado, adaptándolo a su particular universo (El color del dinero), sin olvidar el que seguramente sea, al mismo tiempo, su film más olvidado y el mejor de su dilatadísima carrera, el cual no es otro que El rey de la comedia, amarga visión de la fama- e incluso comedias que han alcanzado hoy en día una cierta catalogación de culto- ¡Jo, qué noche!-, además de la inclasificable aunque sobresaliente comedia negra El lobo de Wall street. Además, ha tocado el campo del thriller y la intriga- El cabo del miedo, Infiltrados, Shutter island- con desigual acierto (ya a gusto del consumidor), e incluso el documental- El último vals, No direction home, Shine a light- estudiando las figuras clave del pop-rock contemporáneo como Bob Dylan o Rolling Stones, banda, esta última, presente en muchas bandas sonoras de películas del cineasta.

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Rodando Casino

Sin más, aquí va un análisis de la carrera de Scorsese.
  • Malas calles (Mean streets, 1973): siendo un film irregular y desigual, fue, con todo, el primer largo de verdadero peso e importancia, además de bastante personal, dentro de la carrera de Scorsese, notablemente aclamado y preparando el terreno para esa monstruosidad que supuso Uno de los nuestros quince años después. Ya se aprecia la admiración que Scorsese tenía, tiene y siempre tendrá por la música popular acorde con la época del film que rueda, ejemplarizada en este caso en los títulos iniciales (Be my baby, de The Ronettes) y con esa escena de Harvey Keitel entrando en el bar de la Little Italy donde transcurre la acción del film al son de la magnífica Tell me, de los Rolling Stones, psicodélica por definición y el cual viene a ser un borrador del estilo, tan alocado como venerado, así como también deudor del neorrealismo italiano, que adoptaría el cineasta en multitud de trabajos posteriores. Un drama sórdido aunque por momentos alegre, con un estimable discurso sobre la amistad, el cual le dio al director el impulso que necesitaba para explotar todo su talento en los años venideros. Su debilidad narrativa- realmente narra muy poco- le impiden ser de verdad una gran película.

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  • Taxi driver (1976): escrita por Paul Schrader, realizador de Hardcore (cara b de este film que nos ocupa), si hubiera que definir esta Taxi driver con una palabra, ésta sería sórdida. Resulta un drama inquietante sobre la soledad (la de un veterano de Vietnam, taxista de turno nocturno en el socialmente convulso New York de los 70, y el cual se dedica a acabar con proxenetas y drogadictos), la cual llega a convertirse en cierta locura. Su fuerza visual resulta impactante, convirtiéndose en su verdadero triunfo (pese a cierta división de opiniones en el momento de su estreno), además de su hiperviolento giro que adopta la película en su último tercio, razones por las que hoy en día tiene el unánime reconocimiento y la admiración que se le acredita entre la crítica y las absolutamente todas las generaciones de aficionados al cine que la han visto (al menos las posteriores a su estreno, el cual roza ya el 40 aniversario). Con todo, no resulta, ni de lejos, el mejor film de Scorsese, pese a que normalmente se incluye en la Divina Trinidad del realizador, junto con Toro salvaje y Uno de los nuestros.
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  • New York, New York (1977): ambicioso proyecto (a la postre con más éxito crítico- discutible en todo caso- que económico), suerte de musical, en el cual Scorsese se embarcó tras su celebrada odisea de alienación urbana que supuso su inmediatamente anterior Taxi driver, cuyos aciertos residen en la recreación de la época (mismo día de la victoria americana en la Segunda Guerra Mundial) y en su trabajada fotografía, además de la presencia de Liza Minnelli.
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  • Toro salvaje (Raging bull, 1980): proyecto éste que Scorsese abordó como búsqueda de perdón para sí mismo (con ayuda de Robert de Niro, su autor fetiche hasta la irrupción de Leonardo DiCaprio) tras un largo y continuo flirteo con la droga que a punto estuvo de acabar con su vida, y que supuso su mayor triunfo crítico hasta la fecha, siendo considerada a día de hoy como la mejor película americana de los 80 (una década, por cierto, bastante pobre en cuanto a calidad, siendo esta Toro salvaje la gran excepción que confirma la regla; de hecho, ésta y La puerta del cielo, aunque por razones bien distintas, son los dos films que cierran el período de los movie brats, aquél en el que el director era la estrella). Arriesgado tanto a nivel estructural como también a nivel narrativo y visual, propone un biopic donde se narran los aspectos más sórdidos de la personalidad de un antiguo campeón de boxeo, el cual sirvió al realizador para controlar (al contrario que el personaje central del film) su autodestrucción y, finalmente y para suerte de todo el aficionado al cine, evitarla. Es un film que merece todos y cada uno de los halagos que recibió desde su estreno, cuyo protagonista pocas veces ha estado tan inspirado (cambios radicales de peso aparte). Brutal en todos sus aspectos, destacando, como ya se ha dicho, el apartado interpretativo (de Niro & Pesci) pero también el tremendo montaje y su fotografía. De una grandeza inigualable hasta hoy día.
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  • El rey de la comedia (King of comedy, 1983): el proyecto inmediatamente posterior a su aclamadísima puesta en escena de la vida de Jake LaMotta fue un acercamiento al lado siniestro del show business, con un de Niro impecable una vez más, esta vez interpretando a un cómico con nada de suerte que idolatra a otro con mucha (Jerry Lewis, en el papel más amargo y más distinto de su carrera, habida cuenta de los personajes por los que se hizo famoso en los años 60). Rupert (de Niro) admira tanto a la estrella televisiva Jerry Langford y desea tanto convertirse en él que terminará secuestrándolo. Obra magnífica, a caballo entre el drama y la comedia, con un riquísimo guión, resulta de una peculiaridad abrumadora, quizás tan peculiar que el público no llegó ni a entenderla ni mucho menos a admirarla. Olvidada pero quizás sea el mejor papel de de Niro y la mejor película de Scorsese (le tengo un cariño muy especial), lo cual son palabras mayores.
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  • ¡Jo, qué noche! (After hours, 1985): Scorsese abrazó definitivamente la comedia con una kafkiana película sin la menor de las suertes y sin gancho. Extraña, no produce risas en ningún momento aunque tiene el sello inconfundible del estilo visual y el (mayúsculo) talento de su autor, lo cual al menos permite recrearnos en la calidad de su filmación. Sigue a un tío al que le ocurren toda clase de desgracias durante una noche en el Nueva York de mediados de los 80. Su desenlace resulta estúpido. Si uno/a tiene una sesión Scorsese, ésta es la pieza que hay obviar.
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  • El color del dinero (The color of money, 1986): notable late follow-up de uno de los títulos más reputados de los años 60 como fue la estupenda El buscavidas (The hustler, 1961) dirigida por un aplaudido Robert Rossen con un inspirado Paul Newman como cabeza de cartel en el papel de un campeón de billar. Un cuarto de siglo después Scorsese presenta a un Eddie Nelson (Newman) avejentado y ya dedicado a otros menesteres, el cual se las verá y deseará para enseñar a un impulsivo y talentoso Tom Cruise los entresijos de cómo timar a otros jugadores en salas de toda Norteamérica. Scorsese se centra, con su habitual maestría (un film muy bien fotografiado, una excelente banda sonora compuesta por temas rock de la época y unos movimientos de cámara por las salas de billar que harán las delicias de sus fans) en temas como el relevo generacional o el fracaso, vistos éstos desde un amargo punto de vista, llevándose el film a su personal terreno. Narrativamente también resulta un film de una precisión excelente, gracias a un guión bien escrito y estructurado, sólo emborronado por su final abierto. Uno de esos films que pueden tardar en descubrirse pero una vez se hacen resultan una absoluta delicia, pese a ser uno de los títulos reconocida y abiertamente más comerciales de su responsable. Justo abajo el tráiler en castellano.

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  • La última tentación de Cristo (The last temptation of Christ, 1987): precedido de una enorme controversia (fue objeto de numerosas revueltas de índole religioso en gran parte del globo terráqueo), fue un ambicioso, arriesgadísimo y, como digo, polémico y personal- por mucho que buena parte de la crítica la tildara de, precisamente, impersonal, habida cuenta de las creencias religiosas del director- proyecto de Scorsese, el cual preparó mientras ya fogueaba en su cabeza la idea de Uno de los nuestros. Fue La pasión de Cristo de los años 80. A partir de una novela de ficción (no toma las Santas Escrituras como base) en la cual Jesucristo tenía un destino y unas aspiraciones distintas a la que nos han enseñado desde pequeños (era humano el muchacho, qué le vamos a hacer). Muy interesante y atractiva, aunque sólo sea por el tema que trata, presenta unas interpretaciones de escándalo- sobre todo la de Willem Dafoe- apoyadas en una banda sonora asombrosa e inusual de Peter Gabriel. Lo más plausible es el conflicto entre ambas naturalezas de Cristo, la humana y la divina. Un film que el tiempo ha puesto en su sitio, ya que no triunfó en su día (sin duda por la convulsión social que provocó). Otro admirable triunfo más de Scorsese y un film tremendamente recomendable. Abajo un tema de la banda sonora.
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  • Uno de los nuestros (Good fellas, 1990): consagración y éxtasis del hoy universalmente reconocido como estilo Scorsese, sintetizado éste en un ritmo arrollador, violencia impactante, uso de planos secuencia en steadycam y un constante e innovador (para la época) uso de voice over, para conseguir uno de las obras cinematográficas de mayor calado popular y prestigio crítico de las últimas décadas. Personalmente no creo que sea la obra maestra de Scorsese- Casino y Toro salvaje me parecen todavía mejores- pero posee una categoría sublime y, como ya he dicho, es la más representativa de su estilo. Fue la contrapartida perfecta y absoluta a lo que la trilogía El padrino había supuesto para el cine de gángsters: todo lo operístico y opulento de la saga de los Corleone se sustituía aquí por hampones de la calle y un montaje adrenalítico, unido al muy plausible e inigualable uso del narrador en primera persona, características que hacen que sus dos horas y media se pasen volando, tal y como ocurre con las tres de El lobo de Wall street, film con muchísimos puntos de interés con esta crónica real de una vida en una familia de la mafia italoamericana neoyorquina, contada, como ya se ha apuntado, en voice over por un tío, norteamericano pero de ascendencia siciliana e irlandesa que entró a formar parte de la familia como adolescente, enamorado del estilo de vida que llevaban los wise guys de su barrio allá por los años 50. Inauguró, cinematográficamente hablando y por méritos propios, la década de los 90, pues su impacto posterior ha sido y todavía es tremendo.
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  • El cabo del miedo (Cape fear, 1991): proyecto que inicialmente andaba en las manos de Steven Spielberg, cayó en las de Scorsese tras firmar de manera brillante su crónica criminal Good fellas. Pasa por ser un inusual y al mismo tiempo irregular, aunque decididamente entretenido, remake de aquél estimable psicothriller que protagonizaran Gregory Peck y Robert Mitchum a principios de los 60. Aquí viene protagonizado por un exagerado e histriónico de Niro (muy alejado del psicópata Max Cady creado por Mitchum en 1962) y un gran Nick Nolte, apoyados por el gran descubrimiento del filme que no es otro que el de Juliette Lewis. A día de hoy queda como uno de los trabajos, de verdad, menos personales de Scorsese, pese a que hace pasar el rato con una sonrisa. Fue parodiado en Los Simpson.
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  • La edad de la inocencia (The age of innocence, 1993): para adaptar una aclamada novela del último período victoriano norteamericano a uno podrían venirle a la cabeza nombres de realizadores british curtidos en clásicos de la literatura como Kenneth Branagh (espléndidas sus Hamlet y Frankenstein), James Ivory (aplaudidísima fue su Lo que queda del día- The remains of the day, 1993), Stephen Frears (excelente su Las amistades peligrosas- Dangerous liaisons, 1989), o incluso en Francis Coppola, compañero de generación de Scorsese y el cual por aquellos años había rubricado una ambiciosa y bastante lograda y popular versión del Drácula de Bram Stoker, pero en quien nunca jamás pensaría un ejecutivo de Hollywood o un aficionado para dirigir uno de estos dramas de época es en un realizador cuyos mejores trabajos se han basado en un hiperrealista e impactante uso de la violencia. Una apasionante historia de infidelidades en el moralista Nueva York victoriano de finales del siglo XIX (época que Scorsese volvería a abordar con su monumental Gangs of New York una década más tarde) narrada con unos inusitados tacto y elegancia aunque con unos, valga la redundancia, reconocidos tacto y toque (alardes formales y puesta en escena típicamente scorsesianos). Un trabajo de una enjundia y riqueza visual apabullante, como es costumbre en Scorsese, y a día de hoy oscurecido por los filmes más reconocibles del cineasta.
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  • Casino (1995): tras un par de films extraños en él y con suerte desigual, el realizador puso el contador a cero y volvió al universo delictivo para narrar el auge de la ciudad de Las Vegas, creada y lavada con dinero de las familias del crimen . Viene a ser una continuación formal y estilística de Uno de los nuestros, con Joe Pesci haciendo exactamente el mismo papel que bordara en ese film y un Robert de Niro en su línea aunque algo más comedido como director de un casino secretamente controlado por la mafia. Enumerar todas sus virtudes sería hacerle un flaco favor, pues son todas y cada una de ellas ya presentes en la película estrenada en 1990. El encanto reside en simplemente preferir una u otra, y yo me quedo con ésta. Ensombrecida por el impacto de su predecesora, resulta un film al menos igual de bueno.
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  • Al límite (Bringing out the dead, 1999): excelente drama con una todavía mejor banda sonora y un guión (obra de Paul Schrader, colaborador de Scorsese en los años de vino, rosas y drogas de ambos cineastas) que roza la metafísica, sobre un atribulado conductor de ambulancias en Nueva York (un magnífico Nicolas Cage en uno de los papeles mejor interpretados de su carrera, junto a Adaptation y Leaving Las Vegas). El film en sí es poseedor de una gran calidad, pero se promocionó como un regreso al universo de Taxi driver, uno de los trabajos más aplaudidos e icónicos del realizador, firmado más de dos décadas antes, con lo cual sus méritos se quedaron a la mitad. Pasa por ser, como Kundun (la cual no he visto) uno de los films menores (en cuanto a repercusión popular al menos) del realizador. Altamente recomendable y excelente.
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  • Gangs of New York (2002): ambiciosísima (tanta ambición acaba por jugar en su contra, con un excesivo delirio de grandeza al cual sus impuestos recortes en la sala de montaje no ayudan...) y esperadísima puesta en escena de un documento histórico en el cual se narraban los orígenes de la ciudad de los amores de Scorsese, una urbe construida a base de inmigrantes, cruentas batallas y sangre, mucha sangre. Proyecto en la mente del realizador desde los primeros años 70, cuando todavía era un cineasta en ciernes. Inicio de la fructífera colaboración entre Scorsese y Leo diCaprio, la cual sigue dando excelentes frutos, aunque todavía no alcanza el nivel que alcanzó con de Niro. Así, junto con El lobo de Wall street, resulta la mejor colaboración de ambos artistas y una notable película que usa la época (el New York decimonónico) para narrar una épica historia de venganza.
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  • El aviador (The aviator, 2004): aburrido, largo (se acerca peligrosamente a las 3 horas), fastuoso, irregular y, a su favor, decir que nada complaciente biopic sobre Howard Hughes, polivalente magnate de principios del siglo XX, que sirve a Scorsese de homenaje a cierto cine clásico que tanto le gusta, el de los años 30 y 40 (La invención de Hugo versaría, en última instancia, sobre la propia invención del séptimo arte). Pese a sus, otra vez, desmedidas intenciones, el film no funciona en casi ningún momento, alardes visuales aparte, referidos éstos a su fotografía y puesta en escena de la época. Por lo demás, un fin olvidable y ciertamente olvidado como está.
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  • Infiltrados (The departed, 2006): musculoso, violento y vigoroso relato de intriga policíaca que en su momento se vendió como una vuelta de Scorsese al universo mafioso, cuando en realidad tenía poco que ver en sus anteriores y muy celebradas incursiones en dicho subgénero. Versa sobre dos jóvenes, norteamericanos de origen irlandés (con toda la liturgia que eso conlleva en EEUU) en la obrera Boston (sí, Scorsese abandona su venerada Nueva York por la ciudad que en los últimos años ha sido escenario de otros importantes y mejores dramas criminales como The town o Mystic river), que se infiltrarán cada uno en un bando: el bueno (diCaprio) se infiltrará en los malos (una familia de la mafia irlandesa-americana liderada por un estupendo Jack Nicholson, que está como pez en el agua en su papel, bordándolo) y el malo (Damon) se infiltrará en los buenos (el Boston pidi). Espectacular (su excelente reparto de secundarios-Ray Winstone y Mark Wahlberg sobre todo- dan mucha enjundia y solidez al conjunto) aunque ni mucho menos redonda, pese a que tiene momentos de verdadera magia, casi todos acompañados de la banda sonora (el prólogo narrado por Jack Nicholson o cuando suena I'm shipping up to Boston).
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  • Shutter island (2010): fiel y ejemplar adaptación de una novela de uno de los mejores escritores norteamericanos actuales como Dennis Lehane (sus Adiós, pequeña, adiós y Mystic river han sido llevadas al cine de manera magistral), trasplantada aquí en un onírico thriller psicológico de alto voltaje con ciertos elementos de terror resuelto con oficio y elegancia por un Scorsese cuya personalidad más bien brilla por su ausencia, sobre dos agentes del gobierno que deben encontrar a un paciente/preso que ha desaparecido de un hospital/prisión para enfermos mentales situado en una pequeña isla. Como digo, Scorsese sorprende alejado de su registro, y el film lo nota, pero su resultado es abiertamente entretenido y Scorsese sabe cómo mantener el interés de manera firme. Su escena final es cojonuda. Con todo, como mejor funciona es visualmente, pues su cinematografía en tonos azules resulta espléndida.
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  • La invención de Hugo (Hugo, 2011): única hasta el momento y acertadísima incursión de Scorsese en las 3D (curioso en un director que siempre ha sido un firme defensor de filmar únicamente con celuloide) y un delicioso regalo que hace Scorsese al propio celuloide, sobre sus propios orígenes, bajo el manto de cine infantil de aventuras. Sencillamente inolvidable y muy emotiva, pasa por ser, personal y seguramente, el mejor trabajo de Scorsese desde Casino.
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  • El lobo de Wall street (The wolf of Wall street, 2013): film genuinamente scorsesiano, viene a ser (estructuralmente hablando) cualquiera de sus dos veneradas películas sobre la mafia pero con el mundo de las estafas bursátiles como tema. Un maratón de eufórica y excesiva decadencia, salpicado copiosamente de sexo y drogas. Simplemente genial si eres fan del Scorsese más Scorsese, resultando en las tres horas que pasan más rápido de la historia del cine. Si en cambio no lo eres y te atrae Shutter island o Hugo, sus dos películas inmediatamente anteriores, no te gustará, pues es una continua bacanal disfrazada de comedia negra sobre un cabrón convertido en millonario a los 26, putero y drogadicto que cuenta su propia historia en primera persona. Presenta la mejor interpretación de un intensísimo diCaprio, secundado por un Jonah Hill estupendo (sin olvidar un antológico Matthew McConaughey en uno de los papeles más cortos y mejor interpretados de la historia), dirigidos de histriónica manera por Scorsese. Llena de frases y diálogos cojonudos para entender la personalidad de un personaje ambicioso, despiadado y mentiroso. Clave para los no iniciados en el estilo de Scorsese, con un sentido del espectáculo abrumador.
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