Brujas

Publicado el 24 mayo 2026 por Teremolla

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   Hace muchos, muchos años con un grupo de compañeras y amigas decidimos crear una web llamada “Mujeres sabias y brujas”. Aquella web tuvo un corto recorrido porque daba mucho trabajo y solo la acabé actualizando yo. De aquel nombre colectivo, viene el nombre del blog.

   El motivo es muy sencillo. En el curso que estábamos realizando, la profesora nos contó el motivo por el cual arrastran tan mala fama y en los cuentos casi siempre son personajes oscuros y perversos. Pero la realidad (al menos la que nos contaron) es muy diferente.

   Se trataba de mujeres cultas, leídas y preocupadas por el bienestar general de la comunidad. Ayudaban a curar enfermedades a través de las propiedades curativas de las plantas que conocían bien. Preparaban y ayudaban a las mujeres en sus embarazos y los partos, etc. Fueron las primeras que aprendieron la importancia del lavado de manos para la prevención de enfermedades. En definitiva, practicaron la sororidad entre ellas y con el resto de las mujeres. Y eso se interpretó como un peligro para los hombres. Y justo entonces las criminalizaron y las demonizaron en todos los cuentos, leyendas, etc.

   Aquellas mujeres abogaban por los trabajos comunitarios y por la propiedad compartida, pero al patriarcado no le interesaba perder el poder sobre las tierras y comenzaron con el exterminio de aquellas mujeres sabias. Se calcula que entre los siglos XV y XVIII más de 45.000 personas (el 80% mujeres) fueron ejecutadas bajo el miedo, la superstición y un manual brutal llamado. “Malleus Maleficarum”.

   Como vemos es necesario conocer un poco la historia real de lo ocurrido para poder contextualizar la “mala” fama de las brujas. Recomiendo la lectura densa, muy densa pero muy clarificadora del libro “Calibán y la bruja” de Silvia Federici.

   Volviendo al tema de la sororidad y del feminismo, podemos afirmar desde el feminismo que uno de los objetivos básicos del patriarcado aparte del mantenimiento de sus privilegios, es el de dividirnos a las mujeres e intentar que seamos nosotras mismas las peores juezas de las actividades de todo tipo de otras mujeres. Precisamente ahí radica parte de su éxito. Porque nos quieren enfrentadas, desunidas y sobre todo defensoras a ultranza de los postulados patriarcales que son los antagónicos de los que marca la agenda feminista radical.

   De ahí la importancia de que nuestro mensaje, el feminista radical, cale entre las mujeres. De denunciar permanentemente que nuestros cuerpos nos pertenecen y que tanto la prostitución como los vientres de alquiler son violencias machistas extremas que se ejercen contra las mujeres. Que los asesinatos de mujeres por ser mujeres y que parece que se hayan “normalizado” socialmente es otra estrategia patriarcal para que dejemos de hablar de ello y de ese modo, continuar con la posibilidad de justificar al asesino con aquello de “tenía problemas mentales”, “ella le provocaba constantemente pese a saber de su mal genio”, etc.

   Recordemos que la violencia machista también puede ser psicológica con gravísimas consecuencias para las víctimas que no son capaces de reconocerlas y, por tanto, pasar años sufriéndola en silencio sin saber lo que en realidad está viviendo.

   Precisamente de eso va el feminismo, de ser unas brujas por ir desvelando qué son y cómo se ejercen ese tipo de violencias sobre nosotras más allá de exigir el cumplimiento de las leyes.

   Ser bruja y por extensión ser feminista es adquirir un compromiso con el resto de las mujeres. Un compromiso de ayuda mutua, de investigación de las obras mayoritariamente ocultas realizadas por mujeres. Un esfuerzo continuado de reclamación de una igualdad plena en todas las esferas sociales, de ayuda a las más necesitadas y sobre todo de generosidad en su sentido más amplio para entender este mundo cambiante y nuestro papel como mujeres en él.

   Puedo afirmar desde mi experiencia que no es nada fácil ser feminista radical en estos tiempos de corrupción, gritos, crispación social y política, pero como bruja y feminista también aseguro que mi voz no será fácilmente silenciada. Ni la mía, ni la de tantas amigas y compañeras que estamos en este akelarre llamado feminismo radical.

   Mucho se ha hablado dentro del feminismo sobre las mujeres con dobles militancias y de su discurso dentro de sus organizaciones políticas y/o sindicales. Es duro ser feminista dentro de una organización mixta. Es pasarnos la vida explicando a nuestros compañeros de militancia que existimos, que somos, que estamos, que valemos…Duro y desequilibrante emocionalmente en muchas ocasiones. Pero somos constantes y seguimos.

   Porque algún día nuestras sucesoras tendrán una sociedad más equitativa y justa. Porque ellos, nuestros compañeros, nuestros amigos o familiares acabarán por entender que sus privilegios los disfrutan a costa de nuestros sufrimientos y poco a poco iremos avanzando hacia la justicia social para todas y todos.

   ¡Ah! Y se me olvidó decir que ser feminista y, por tanto, bruja, implica un alto grado de optimismo y de confianza en una misma para evitar el continuo intento de desgaste por parte de patriarcado hacia nosotras.

   Seguimos reivindicándonos como brujas y como feministas o como feministas brujas, como cada una decida, que para eso somos libres. ¡Seguimos, compañeras!

   Ben cordialment,

Teresa