Byron

Publicado el 13 julio 2011 por Santiagobull
Para mí, el amor por la poesía no llegó de repente. Cuando era un niño, recuerdo haber oído y/o leído los poemas de Eguren, probablemente también los de Vallejo; después, en mis primeros años de secundaria, llegaron retazos de Petrarca, los viejos viciosos de la Edad de Oro (Quevedo, Góngora, Garcilaso) y su coetáneo San Juan de la Cruz, y calculo que por aquellos años, también, ese sujeto que fue más sujeto que poeta llamado Pablo Neruda (la mayor parte de cuyos versos siguen pareciéndome insufribles). Pero toda esa poesía, aún la muy buena, no llegaba realmente a mí: a esta clase de autores (quitando a Neruda, claro) empezarían a gustarme, y luego a fascinarme, a partir de mis quince años, que fue la edad en la que, de pronto, aprendí a disfrutar de la poesía en toda su esencia y profundidad, desde los detalles hasta la totalidad de cada composición. ¿Qué pasó, entonces, cuando tenía quince tiernos y absurdos años? Pues que llegaron a mí tres autores que, enseguida, se convirtieron en fundamentales; los que me enseñaron la belleza del verso, la vertiginosidad  y el desenfreno que pueden guardar unas cuantas palabras; ésos que me enseñaron a leer poesía hablándome de mí mismo y de la oscuridad que subyacía a la vida de todos los días: el primero de ellos fue Bukowski, el maldito, el genio que aparentaba no serlo sólo para dejarlo bien claro, con sus borracheras y sus putas y sus peleas y sus cuartuchos llenos de gente que trata de dormir entre ratas; el segundo fue Baudelaire, con sus extravíos de mística infernal, sus sombrías invocaciones y su felicidad de condenado en vida; el tercero, fue Byron, del que quiero decir, hoy, unas pocas palabras.Se ha dicho mucho que Lord Byron debe su fama (o gran parte de ella) a su vida de Don Juan libertino y rebelde. Eso puede ser cierto, pero de todos modos no basta para ocultar lo otro, eso a lo que su fama de dandy decadente sólo le sirve de antesala: su profundo y verdadero genio, a la vez como poeta y como, digámoslo así, pensador.Aunque le gustaran los vicios y las malas andanzas, Byron era un sujeto de profunda y sólida sensibilidad. Y tal vez habría que cambiar ese "aunque" por un "porque". Lo cierto, es que Byron se convirtió, tal y como lo demuestran sus versos, en un gran reflejo de la época que le tocó en suerte, como sólo podría reflejarla un romántico en el país más pragmatista de la Europa del tránsito entre los siglos XVIII y XIX: un universo frío, desolado, atravesado por tinieblas que dejaban heridas en carne viva... y que él, sin embargo, celebraba a su modo, porque sabía que también hay poesía, y de la verdadera, entre la destrucción y el silencio. Jamás podré olvidar el primer verso de ese poema extraordinario que es Darkness, en el que Byron describe una suerte de Apocalipsis que arrasa y devora el mundo. Dicho verso reza: "I had a dream that wasn't all a dream". ¿Cómo entender esta línea, verdadero paradigma de la complejidad poética? "Tuve un sueño que no era del todo un sueño", ¿como quien dice que tuvo una esperanza que no era del todo un sueño? ¿O como quien dice que soñó algo que sin embargo veía suceder lenta pero constantemente? Curioso, también, que lo llame "sueño" en lugar de "pesadilla", "Nightmare"... pero bueno, qué más se podía esperar de un poeta que ha pasado a la memoria como uno de los "satánicos" del romanticismo inglés (junto a su buen amigo Shelley), y que se identificaba con los descendientes marcados de Caín, hijo según algunas tradiciones de Lilith, la primera esposa de Adán, y el demonio Samael, que se dice fue el mismo que dio a probar la manzana a Eva...En todo caso, creo que lo que sí puede decirse es que, más allá del escándalo que marcó su vida, más allá de su romántica muerte en las guerras de independencia en Grecia, más allá de los rumores del incesto con su hermana y de las acusaciones de sodomita que le hicieron, Byron es también poesía, de esa que se lee con el pecho al filo de la navaja de las madrugadas furiosas, de esa que se queda clavada como un puñal en la memoria. Todavía vuelve a mí el eco de sus versos, a veces cuando menos me lo espero. Y, pese a todo, nunca dejo de agradecerlo.