Revista Cultura y Ocio

Cada vez que se sale de su magisterio, el pata mete la pata

Publicado el 04 octubre 2021 por Carlosdelriego
CADA VEZ QUE SE SALE DE SU MAGISTERIO, EL PATA METE LA PATA

Un cardenal lee el comunicado del Papa en presencia del Presidente de México

El Papa es la máxima autoridad cuando se trata de asuntos teológicos, es infalible. Sin embargo, cuando se sale de su magisterio su opinión es discutible, es decir, puede equivocarse. Tal cosa ha vuelto a suceder. Con motivo del aniversario de la independencia de México, el Papa Francisco ha “pedido perdón por todos los pecados y errores cometidos por la Iglesia durante la conquista”. Eso no tiene que ver con los dogmas católicos y, por tanto, se puede contradecir

Cuando habla del tiempo que hará mañana o de fútbol, las palabras del Sumo Pontífice tienen tanto valor como las de cualquiera. Pues el caso es que nuevamente el Papa Francisco se ha permitido cuestionar la Historia y tomar partido por unas ideas falsas, tópicas y distorsionadas por la ideología política.

En primer lugar parecería oportuno que el Obispo de Roma especificara un poco más, es decir, se agradecería que concretara esos pecados, los cuales estarían cometidos por individuos que violaron las leyes existentes, algo que sucedió, sucede y sucederá. Y también parece necesario que señale los pecados cometidos por los representantes de la Iglesia.

Y es que resulta desconcertante que afee la conducta de quienes “liberaron América”, como explica el especialista argentino Marcelo Gullo. No parece lógico que el Sucesor de Pedro regañe (quinientos años después, es decir, a toro muy pasado y desde su pensamiento de hoy) a quienes acabaron con la sanguinaria tiranía antropófaga, revientapechos y esclavista que habían impuesto los aztecas a todos los pueblos de la zona, y atrajeran a toda la población americana a la fe que el Papa Francisco preside. Y la cosa se vuelve inaudita, contraria a toda razón, cuando se tiene en cuenta que fueron más de cien los pueblos que se unieron a los conquistadores para sacudirse el insoportable yugo mexica, es decir, aquello fue más guerra civil que otra cosa. Parece oportuno recordar que no llegaban a mil los soldados españoles que asaltaron Tenochtitlán, una ridícula tropa que hubiera sido aplastada como un mosquito por el poderío bélico azteca, pero los tlascaltecas, totonacas, tarascos… se sumaron por decenas de miles a los recién llegados que marchaban contra el opresor imperio de Moctezuma. Cierto que hubo mucha muerte en la toma de su capital, pero también hubo muchos muertos en la toma del Berlín nazi. Además, todo historiador mínimamente serio admite que fueron entre el 90 y el 96 por cien los muertos por enfermedad.

Por otra parte, el Santo Padre podría reconocer no sólo la conversión a su religión de los hasta entonces ‘paganos idólatras’, sino el enorme avance de pensamiento que experimentaron al poco de llegar los españoles (del Neolítico al Renacimiento en unos cuantos años), así como las universidades, hospitales, catedrales, colegios… que se construyeron allí apenas unas décadas después de 1492. Y puede añadirse que merece mención el muy meritorio, casi revolucionario, hecho de la promulgación de las leyes con que la Corona Española protegió a los amerindios. Y no menos la ausencia de racismo con que se mezclaron hispanos y nativos. En fin, la Iglesia que Su Santidad guía sería muchísimo más pequeña e irrelevante si otros hubieran llegado antes. Eso seguro.

No se entiende que el Papa no tenga a su lado especialistas que le hayan informado acerca de todas estas realidades históricas y que, por el contrario, se deje llevar por tópicos, leyendas y mentiras urdidas y asumidas por pensamientos sectarios, ideologizados e interesados.

Por otro lado, no se tiene noticia que el actual Primado de Italia haya reñido a nadie más por su pasado: nunca ha echado en cara la barbarie nazi a los hijos de los nazis, ni a los belgas lo del Congo, ni al gobierno de EE UU el exterminio sistemático y subvencionado de los indios y el trato dado a los negros desde la fundación del país, ni a los ingleses las masacres en India y Sudáfrica… Y no se espera que el Papa Francisco vaya a exigir palabras de perdón a los descendientes de los aztecas por los millones de congéneres que esclavizaron, sacrificaron y se comieron.

Lo peor es que no es la primera vez que el Papa argentino carga contra los que llegaron allí antes que nadie. En 2015 en Bolivia, dijo: “Pido perdón por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”, refiriéndose claramente a los españoles. Y en la misma visita habló de la independencia de Sudamérica con palabras muy severas e injustas para España, pues la acusó falsamente de “falta de libertades”, y definió a todos los españoles en América como “saqueadores”.

CARLOS DEL RIEGO.


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