Hasta la segunda mitad del siglo XVIII, su presencia en las cofradías parece que no es algo consolidado, ya que en algunos casos parece que son los vicarios los encargados de vestir las imágenes en colaboración con las mujeres de los mayordomos.
Con las reformas del siglo XVIII surgen también las camareras con continuidad, potenciándose así a las encargadas de tan delicado trabajo; que nunca más volvió a ser realizado por hombres.
El cargo solía asignarse a las esposas de los administradores, combinándose de esta forma el cuidado de las ropas y alhajas y su colocación en las imágenes. Y su continuidad iba íntimamente ligada con la de aquél. Siendo curioso como esta relación administrador camarera, o, de forma más general, directivo camarera permanece en muchas cofradías hasta nuestros días, aunque comienza a romperse.
A lo largo de los últimos años se ha producido en torno a sus personas una serie de fenómenos: la creación de títulos honoríficos de Camareras; la aparición en ciertas cofradías de camaristas cuya misión no es la de vestir las imágenes, pues son de talla, sino la de cuidar los objetos propiedad de la hermandad.
Digamos, por último, que las camareras se presentan habitualmente como bienhechoras de las cofradías, con continuas donaciones.