Cambios en los espacios laborales. Si, el pasado 14 de septiembre nos trasladaron a un edificio antiguo, con más espacio, mucha luz y poca gente, todavía. Se espera que en breve haya más personal y el recinto se vaya llenando poco a poco de nuevos servicios sanitarios.
Soy de las que creen firmemente que los impuestos deben destinarse a sufragar servicios públicos y que estos sean de calidad. Llevo 43 años como empleada pública de la Generalitat. He visto de todo y de todos los colores. La he visto crecer y, también cómo la han ido dejando como mera subsidiaria de lo que ocurría en Madrid con una recentralización progresiva no tanto en las instituciones, como por parte de los principales partidos políticos.
De nuevo se avecinan cambios si Sánchez convoca las elecciones generales para noviembre como parece que va a ocurrir.
Esos cambios y como mujer me dan mucho miedo, porque ya la derecha y la ultraderecha ya están avisando de recortes en servicios públicos y eso significa privatizaciones de servicios públicos construidos solidariamente entre generaciones y como sociedad para disfrutarlos socialmente. El paso a la privatización comporta en enriquecimiento de unos pocos y el empobrecimiento de mucha gente que, incluso no podrá pagarse servicios básicos como la sanidad o la educación, hoy garantizados universalmente.
Me da miedo que ocurra como en Andalucía con los cribados de las mamografías. O lo que todavía sería peor, que las mamografías tuviéramos que pagarlas las mujeres cuando se trata de prevención de la salud.
Dejar la gestión de las incapacidades temporales en manos de las mutuas, me parece que sería poner al zorro a vigilar a las gallinas y que los de siempre, la clase trabajadora, ya debilitada de por sí, se llevaría la peor parte, de nuevo. Recordemos que hicieron Aznar y Rajoy cuando gobernaron. Pues eso y quizás todavía peor.
Me da pavor en pensar en que, lo poco que se ha avanzado en temas como el aborto o la protección de la salud sexual y reproductiva de las mujeres, sufra una involución o directamente desaparezcan de la cartera de los servicios sanitarios que ahora se prestan en la sanidad pública. Claro que me da miedo.
Soy mujer, feminista radical, de izquierdas bastante más a la izquierda del PSOE i republicana convencida, ¿Cómo no iba a darme miedo un gobierno formado por el PP y la ultraderecha que va a dejarnos, sobre todo a las mujeres sin unos derechos de los que ahora podemos disfrutar? Pues claro que tengo miedo.
Y aviso, voy a pedir hasta que lleguen las elecciones, sean estas cuando sean, el voto para posiciones progresistas. Nos jugamos mucho, entre otras cosas la vida, porque una de las patas de los que pretenden gobernar, niegan las violencias machistas, y por tanto y como ya han comenzado a hacer aquí en el País Valencià, las políticas de prevención y acompañamiento a las víctimas desaparecerán de la agenda política y lo pagaremos las mujeres.
Aunque sea con las narices tapadas, pero hay que ir a votar y votar progresismo. Insisto, a las mujeres nos va la vida en ello.
Y sí son muchos los cambios en estos últimos tiempos que hemos de asumir personal y colectivamente, pero no podemos dar un paso atrás ni para coger impulso. Y esta gentuza de las derechas y la ultraderecha nos encerrarían de nuevo en casa, privadas de derechos y dedicadas a parir y a cuidar de los «paters familias» que son ellos. ¿Les queremos dejar esa herencia a nuestras niñas? o ¿les queremos mostrar que pueden hacer con su vida lo que ellas quieran y no lo que otros han decidido por ellas?
Mi posición es clara y firme y pese a los cambios habidos y los que se avecinan, tengo clara mi posición política de izquierdas y, por tanto, mi voto, aunque sea tapándome la nariz. ¿Acaso pretenden que votemos a nuestros verdugos que son todo el bloque de derechas y la ultraderecha?
De mis amigas más mayores y maestras (Inma, Ofelia, Paloma, Maricusa, Aída, Fran, Bego, etc) aprendí que solo hay una batalla que se puede perder, la que no se peleó, luchó y defendió con uñas y dientes. Yo quiero seguir su estela y dejarme la piel en la defensa no solo de la democracia, también de los derechos de las mujeres. Porque sin esos derechos, no se entiende la democracia. Seguimos!
Ben cordialment!
Teresa