El Santo Padre encuentra en santa Teresa de Jesús una aliada perfecta para iluminar este itinerario espiritual. Su cita de las Exclamaciones del alma a Dios subraya esa espera paciente pero activa que caracteriza a la esperanza cristiana:
«Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3)
Esta visión teresiana, que combina realismo con firmeza en la fe, es precisamente lo que el Papa nos propone durante esta Cuaresma: una esperanza que no defrauda porque está arraigada en Cristo resucitado, quien transformó la muerte en victoria.
Además, el texto papal insiste en la dimensión comunitaria de nuestro caminar. Frente a la tentación de aislar nuestras oraciones o nuestras conversiones personales, el Papa nos recuerda que somos enviados a vivir juntos, en sinodalidad. Como familia universal, debemos escuchar, acoger y caminar al lado de quienes están cerca y de quienes están lejos. Aquí nuevamente aparece la influencia de santa Teresa, cuya vida fue un testimonio de comunión profunda con Dios y con sus hermanos. Ella sabía que la vida interior florecía en el contexto de relaciones humanas sanas y fraternales, donde cada uno tiene algo que ofrecer y recibir.
Finalmente, el mensaje nos interpela sobre cómo encarnamos la esperanza en nuestra vida diaria. No basta con creer abstractamente en la promesa de Dios; debemos traducirla en gestos concretos de justicia, fraternidad y cuidado por la casa común. La esperanza no es una utopía distante, sino una fuerza que impulsa acciones aquí y ahora. Siguiendo el ejemplo de santa Teresa, podemos aprender a mirar más allá de nuestras limitaciones y a confiar plenamente en el amor incondicional de Dios, que nunca falla: «Quien a Dios tienes, nada le falta. Solo Dios basta.
Accede aquí al mensaje completo del papa Francisco