Camino a la cumbre -@relojbarro

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas
 “Hace tanto que no escribía nada a mano que casi creía que se me había olvidado escribir. Puede que, seas quien seas quien estés leyendo esto, ni siquiera entiendas mi letra, para el caso da igual, si lo estás leyendo es porque ya estoy muerto.

He llegado a la conclusión de que hace mucho que estoy muerto. Mi muerte empezó justo después de caminar hacia la cumbre y alcanzarla, porque sí, lo que nos hace vivir es el camino, no el destino. A partir de ahí he muerto miles de veces y muero a diario, pero se acabó. Intentaré explicarlo en esta carta, antes de que mis párpados caigan por última vez.

Muero por no dormirme al compás de tus latidos y despertarme en tus ojos, por no darnos un abrazo desnudos o verte deslizar por la habitación vestida únicamente de pensamientos. Muero por no desarrollar la comunicación implícita que tendríamos a través de gemidos. Muero porque me abraces por detrás mientras preparo tu plato preferido que odio. Muero por defenderte cuando alguien te menosprecia aunque sé que tú sabes defenderte mejor.
Muero por no hacerte lucir ojeras orgullosa, por no hacer que te muerdas el labio de placer hasta sangrar y besártelo, por no verte una sonrisa idiota cuando te recuerdo lo que hicimos la noche anterior en el cine.
Muero por no parar el ascensor sólo para morderte el cuello, por no irnos un fin de semana a un lugar donde nadie nos conozca y nadie sepa nunca que estuvimos allí. Muero por no cruzarnos en un pasillo y rozarnos los dedos al pasar, muero por no ver cómo empiezas a insinuarte en el sofá mientras intento parecer impasible. Muero porque no me encuentres cenando con una chica y vengas y me beses, y le digas que mi alma te pertenece, muero por saber que no te veré hoy, por no verte leer un libro serena, por no verte escribir o dibujar. Muero por no verte azorada intentando conseguir tu orgasmo encima mío. Muero por no aprender de ti. Muero por no ver esa mandíbula soltando una carcajada mientras bromeo con mi cara más seria.
Muero por no estar a tu lado cuando estás enferma, muero por no verte recoger el pelo tras la oreja, por no ver cómo te tocas el pendiente cuando estás nerviosa, por no acompañarte a comprar ropa y meterme en el probador contigo. Muero por no hacer una lucha contigo que acabe en el suelo extenuados, sellando la paz en un abrazo. Muero por no verte un día en la calle absorta y poder mirarte un momento antes de que tú me veas a mí, por no verte intentar quitarme el cinturón rápido y ponerte nerviosa al no conseguir desabrochar mi pantalón con una sola mano.
Muero pensando en el tiempo tan absurdo que vivo cuando no estás cerca, por la atención que no recibes de mí cuando estoy lejos. Muero porque nos sorprenda la lluvia sin sitio donde guarecernos y ver cómo se te pega la ropa al cuerpo, antes de besarte bajo la lluvia.

Muero porque escribo palabras que están muertas, palabras sin vida, palabras que no te llegan, palabras que nunca podrán llegar a describir el valor que tienes, o la belleza que intenté trasladar llenando borradores de ti. Muero porque te imagino con alguien mejor que yo.

Muero porque mis palabras sin ti cerca nacen muertas y sin ellas, sólo soy un muerto vertical.

Y muero por no ver ahora mismo cómo lees estas palabras, moriría porque si lo estuviera viendo, al acabar de leer, no te acercaras a mí, me abrazaras, y me miraras un solo segundo antes de besarme lentamente y me hicieras feliz en este mismo instante. Muero por no vivirnos int…”

La carta inacabada temblaba entre sus manos, a ella le temblaba el alma. La policía encontró únicamente un número en el móvil de él, “Ella”. Desde esa llamada a medianoche y el correr frenético al hospital su mundo, simplemente desapareció.

Las lágrimas no le dejaron ver cómo él abría los ojos. Él la miró confuso, sin saber si soñaba o si había muerto y ése era el cielo prometido, pero al verla acercarse y notar sus labios, supo que renacía.

Visita el perfil de @relojbarro