Camino olvidado: riello - fasgar

Por Javieragra

Amanece en Omaña y así se ve desde “La Magia de las nubes”. Como si las cumbres de las montañas fuesen islas navegando entre el sereno mar de las nubes del amanecer.

Desde Robledo de Omaña, donde nos alojamos anoche, hasta el lugar de inicio de la jornada, nos bajó Ana en su coche. Es un servicio que hace el alojamiento “La Magia de las nubes” con los peregrinos y cuantas personas quieran pasar una noche o algún tiempo en este magnífico lugar de recogimiento, silencio, sosiego, naturaleza…un tanto alejado del “transporte público”.

Al comenzar esta etapa nos dio alcance una peregrina que disminuyó su paso para que pudiéramos hacer juntos la jornada. Julia es una persona de corazón noble y de fortaleza vigorosa; una verdadera atleta (con numerosos trofeos en sus estanterías) que acompasó su paso a nuestro andar más sereno pues sus jornadas rondan y aún superan los cuarenta kilómetros. El Camino de Santiago hace partícipes a los peregrinos de experiencias de solidaridad, de ánimo, de fortaleza… constantemente. Gracias Julia.

Desde Riello se avanza con ligero ascenso por un tupido robledal hasta culminar en Pandorado (Me gusta pensar, como a otros muchos, que su origen es del latín “pandus” “arqueado” por la orografía de la zona en constantes subidas y descensos del terreno). Dejamos atrás su Santuario de la Virgen para descender hasta Omañuela donde el río Omaña ofrece serenidad de alisos y remansos de praderas.


Atravesamos Vegarienza sobre un hermoso puente.

Atrás queda también Guisatecha, pequeñísima población aún dormida; atrás queda El Castillo entre chopos y alisos, con las ruinas del Castillo de Bernal otrora noble y aguerrido. Así vamos adentrándonos en el Valle Gordo entre cruces del río Omaña y de pequeñas poblaciones. Vegarienza y su arroyo Valdaín; Aguasmestas con su puente centenario sobre el Omaña que recoge el agua de río Vallegordo y la ermita del Santo Cristo; Cirujales, donde se reunieron antaño los Concejos de la comarca de Omaña cada lunes de Pascua.


Paramos en Villaverde a comer una manzana sobre el río y bajo el auspicio de la Sierra de Gistredo que nos acompañará durante unos cuantos pueblos.

Llegamos a Villaverde también en Sierra de Gistredo donde se puede ver el corzo y el jabalí y hasta osos, aseguran los pocos vecinos a quienes saludamos a nuestro paso. Llegamos Marzán que toma su nombre, según parece, del asentamiento romano Martius de cuando estaban por estos valles escavando en busca del reputado oro.


Llegamos a Barrio de la Puente con su señorial puente medieval sobre el Omaña.

En Barrio de la Puente tuvimos otra agradabilísima experiencia de las que confortan a los peregrinos. Una mujer nos ofreció café y nos dio cobijo durante un buen rato en la casa de sus mayores; la vivienda había sido bar y tienda de ultramarinos hace ya varias décadas, aún está decorado como un museo cuidadosamente mimado. Nieves se llama la mujer que hizo su vida laboral en Zaragoza y ahora, jubilada, compagina su tiempo entre la calma y la aventura.


Esta antigua tienda de ultramarinos, en Barrio de la Puente, es hoy un museo cuidado con cariño y con recuerdos.

Cruzamos nuevo el Omaña, nuestro río de esta jornada entre las bellísimas montañas de la Sierra de Gistredo y con el alma llena de la serenidad que nos está produciendo esta comarca de Omaña, para entrar en Torrecillo y poco más allá en Posada donde miramos a la altura para contemplar uno de los puntos más alto de esta Sierra, el Cerro Posada (1629 metros). Allá arriba, entre el jabalí y el urogallo, entre la liebre y la perdiz, veneran a la Virgen de la Casa como llaman popularmente a la ermita de Peñafurada que comparten con el vecino Vegapujín, pueblo al que entramos por la carretera al lado mismo de un antiguo puente medieval, cruzado por mil generaciones de las que no conservamos memoria. Allá arriba, la más alta cumbre de la Sierra de Gistredo, Peña Cefera (2058 metros) que pinta muy interesante para otra ocasión con sus explanadas previas, la chimenea que hay que cruzar… ¡un festín montañero! … ya veremos.


Vista de Fasgar con sus cuidados tejados pizarra y alguno de sus variados puentes para unir calles y barrios.

De momento atravesamos Vegapujín por la plaza del Amecedero, por delante de su iglesia y su posterior ermita. Finalmente llegamos a Fasgar entre praderas y murmullos del Omaña, entre susurros de aves y latidos de nuestro corazón. Fasgar tiene un pequeño bar surtido con todas las viandas que puede necesitar el peregrino del Camino Olvidado a Santiago de Compostela.

Javier Agra.