Caos – @Innestesia

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

“A mí no me quieras como quieren los poetas”.

Se levantó del sofá y paseó con arte hasta la cocina. Ella era toda clase. Incluso cuando derrochábamos los fines de semana encerrados y matándonos del odio, ella seguía siendo puro rock’n’roll. Y no necesitaba fumar. Era un solo de Page en una casa de pueblo en Guadalajara. Tenía tanto estilo que cortaba la respiración.

Cuando el abismo se hacía evidente, tratábamos de buscar el equilibrio perdiendo juntos el control. Solíamos dejar atrás la humanidad una vez al mes y nos dedicábamos al exquisito arte de destrozarnos la vida en 48 horas. Con mentiras y verdades. Desdibujábamos los límites del alma con whiskey y poesía. Beber y follar era la idea. Discutir y alejarnos el resultado. Ella jamás dejaría a su novio y yo ya no sentía nada. Hacía meses que no compraba bragas pensando en mí. Hacia aún más tiempo que mis poemas no hablaban de su risa, de sus ojos, de sus labios. No hablaban de Paula. Se acabó la literatura.

La tragedia que estábamos esperando.

Volvió por el pasillo con la cerveza fría y los reproches calientes. Volvió y traía los ojos llenos de relámpagos. Tenía cosas que decir, miles de ellas, pero yo no quería escucharlas. Yo sólo quería volver a tocarla como la primera vez, a mirarla como la primera vez, a escribir como la primera vez. Volver de repente a aquel beso de 2007 en el andén 4 de Atocha. Que no empezara la tercera guerra mundial en aquel salón. Que no saltaran por el aire todas las estrellas. Pero ella ya me miraba y no tuve tiempo de huir.

Justo entonces comenzó el caos.

Las paredes de la casa comenzaron a temblar. El sofá cada vez estaba más cerca de la puerta. Las ventanas ya no sabían adónde mirar. Yo temblaba de miedo ante la realidad, la maldita realidad que cada vez se parecía más a un muro de hormigón con su nombre escrito en cursiva. De cabeza y a toda velocidad contra la pena de mi vida entera.

El caos en ella.

“No me quieres, poeta. Finges que me quieres para escribir mejor. Mientras yo te leo y me enamoro y me engancho y te follo y te adoro, para luego volver a ti y que de sincero no tengas ni las comas. Y entonces tengo que meterme todos mis sentimientos en el bolso e intentar sobrevivir a la mierda de posibilidad, más que real, poeta, de que esos malditos versos que me encienden el alma y la vida sean para cualquier otra que te haya inspirado. Que ya no me reconozco, ¿entiendes? Que yo ya no soy esa que sale en tus poemas, que leo que te zambulles en mi mirada y no puedes mentir más alto, poeta, que hace más de diez polvos que no me miras a la cara mientras follamos, que yo sé lo que eso significa, significa que ya no, que ya no te intereso ni en la cama y que toda esta mentira ya no te compensa. Pues por mí lo mandamos todo a la mierda hoy mismo y mañana nada de esto habrá existido. Joder, mírame y dime que esta discusión no va a convertirse en literatura. ¿Te estoy inspirando ahora mismo? Venga, confiésalo, que has provocado mil discusiones y mil reconciliaciones para tener algo sobre lo que escribir, pero que por dentro estás muerto, podrido, sucio. Que cada vez necesitas de la vida droga más dura que te inspire y me usas, a mí y toda nuestra historia, para que te suba la poesía por las venas. Mírame. No gires la cara. Mírame antes de que me vaya y no vuelvas a saber nada de mí. Escúchame. Éste es mi punto final. Búscate otra musa, yo estoy harta de poetas”.

Explotó el universo en un portazo. Siete meses después aún no he sido capaz de volver a escribir ni un solo verso. Tengo miedo de que aparezca, imperfecta y adorable, en cualquiera de mis estrofas a decirme otra vez las verdades que no quise escuchar. Ella era la pregunta a todas mis respuestas. El desorden de un corazón que nunca aprendió a amar. Todo fue incoherencia. Musas y cervezas. Rimas y polvos. Destrozarme las manos de no escribir, de no sentir. Me ahogan ahora los adjetivos que nunca usé junto a su nombre, los adjetivos con los que olvidé vestirla cada día. Y cada noche. Mi mente juega a la nueva realidad, pero el corazón ya no se molesta en latir. Será que todos mis papeles en blanco hablan del nosotros que nunca sucederá.

El caos, Paula, el caos en mí.

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