Caravaca de la Cruz (Murcia)

Por Yorga @javieramosantos

Es Quinto Lugar o Ciudad Santa por concesión pontificia, por lo que tiene el privilegio de celebrar el año jubilar perpetuamente. Uno de los mayores lugares de turismo religioso del planeta tras Roma, Jerusalén, La Meca o Santiago de Compostela. Según la tradición, en Caravaca de la Cruz, en tiempo de los moros, ocurrió un milagro: una cruz de doble travesaño bajó del cielo portada por ángeles para que un sacerdote pudiera celebrar una Eucaristia ante el señor almohade de la región que le mantenía cautivo. Con la llegada del Lignum Crucis, el musulmán se convirtió al cristianismo y renegó del Corán.

No obstante, algunos historiadores se resisten a creer que que la cruz de Caravaca procediera del cielo y opinan que pudieron traerla los templarios de la iglesia de la Veracruz, en Segovia, hacia 1232, cuando se les encomendó la defensa de la comarca. En 1934 la astilla de la Vera Cruz que la reliquia contenía desapareció, pero en 1945 el papa Pío XII concedió a Caravaca un nuevo fragmento del Lignum Crucis. El municipio murciano ya estuvo habitado por las culturas argárica, íbera y romana, pero los orígenes de su estructura urbana hay que buscarlos durante la dominación árabe.

La localidad de Caravaca de la Cruz./Lionni

Caravaca es una localidad repleta de historia, misticismo y encanto que merece la pena recorrer con calma, tranquilidad y sosiego. Un primer recorrido lleva al viajero a conocer sus muchos recuerdos medievales. En el Medievo, una poderosa muralla defensiva protegía la ciudad. Se puede seguir su trazado por las calles Plaza del Arco, Puentecilla, Adanes, Carril, Aurora, Plaza Nueva y Progreso, para llegar a la llamada ‘esquina de la muerte’, donde se encontraba la puerta de Santa Ana.

Aquí comienza la subida al castillo, entre laberínticas y empinadas callejuelas. El viajero pasará por la iglesia de la Soledad, actual Museo Arqueológico y que antaño fue la primera parroquia de la Caravaca medieval. Visitar el castillo-santuario de la Santísima y Vera Cruz es imprescindible. Como conjunto histórico artístico y como museo y centro espiritual, es uno de los enclaves más importantes del sureste español. Domina la ciudad y los valles que la circundan desde lo alto de la colina. El castillo, de origen islámico (siglos X-XI), ha evolucionado y variado su fisonomía a lo largo de la historia.

Un total de 14 torreones se reparten a lo largo de las murallas que protegen la fortaleza, que pasó a ser de la Orden del Temple una vez reconquistada a los musulmanes la villa, para pasar con posterioridad a la Orden de Santiago. Al comendador templario Suárez de Figueroa pertenecen los escudos que se pueden ver en el exterior de los dos torreones que guardan la puerta de entrada al castillo.

Santuario de la Santísima y Vera Cruz./Darabuc

La antigua alcazaba musulmana fue derribada en el siglo XVII para construir la actual iglesia-santuario de la Santísima y Vera Cruz. La fachada de mármol es de estilo barroco. En el interior de la iglesia, de estilo herreriano, se hallan el órgano y los retablos, todos de estilo barroco. Es interesante también visitar el museo del castillo, que permite conocer en profundidad la historia y las dependencias del mismo, además de las ropas de enjaezamiento de los ‘caballeros del vino’, los trajes de reyes cristianos y moros que se viven en las fiestas.

Con el fin de la Edad Media y el aumento de la devoción por la Santísima y Vera Cruz, Caravaca conoce una época de expansión. Muchos nobles edificaron aquí sus casas blasonadas, órdenes religiosas se asentaron en la localidad y los grandes santos místicos españoles (San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús) fundaron conventos en Caravaca.

En esta nueva ciudad el viajero puede proseguir el recorrido inicial por la plaza del Arco para dirigirse hasta el Ayuntamiento, aunque antes pasará ante el monumento al Moro y al Cristiano. A la derecha del Consistorio se halla el Círculo Mercantil, sociedad que reunía las actividades socioculturales y recreativas de Caravaca. Por la moderna Gran Vía se llega hasta la plaza del Templete, donde destaca el inmueble de mismo nombre. Fue construido en el siglo XVIII y es de estilo barroco tardío.

La Cruz de Caravaca.

Del interior de la iglesia parroquial de la Concepción llama la atención su artesonado mudéjar, uno de los mejores de España. Enfrente, se sitúa el monasterio de Nuestra Señora del Carmen, fundado por San Juan de la Cruz en 1586. La Casa de la Encomienda es una de las más emblemáticas de Caravaca, blasonada con el escudo de la Orden de Santiago. En la misma calle, una vez pasada la cuesta de la Plaza, el viajero llegará al imponente edificio del convento de los Jesuitas.

Dejando la calle Mayor, el viajero continúa hacia la calle de las Monjas, una de las más nobles de la villa. La mayoría de sus casas son auténticos palacios de hidalgos. A través de la avenida Andenes, la ruta arriba hasta el auténtico parque de Caravaca, las Fuentes del Marqués, con cuatro nacimientos de agua. Aquí se localiza el torreón de los Templarios, ahora centro de interpretación de la naturaleza. Mucho es el patrimonio que posee y demasiados son los lugares para visitar en Caravaca.

Dónde dormir: Hotel Central; Gran Vía, 18; 30400 Caravaca de la Cruz (Murcia); informacion@hotelcentralcaravaca.com; teléfono: 968707055.

Dónde comer: La Bodega; Plaza del Arco, 4; Caravaca de la Cruz (Murcia); teléfono: 968701417.