Revista Psicología

Carlos Alberto Seguín y la psiquiatría de enlace

Por Lizardo


 Leo reciente y entusiasta noticia: "Hospital Almenara pondrá en marcha unidad de psiquiatría para tratar problemas de salud mental". Y no leo mal. Se trata del viejo Hospital Obrero, aquél de la Seguridad Social en la avenida Grau, donde hizo señera escuela en toda la segunda mitad del siglo XX, el Maestro Carlos Alberto Seguín.
Pensar que, como recuerda el mismo Maestro en el libro de entrevistas que le hiciera su discípulo Max Silva Tuesta ('Conversaciones con Seguín', Mosca Azul Editores, Lima, 1979), cuando llegó luego de su formación como psiquiatra en los Estados Unidos aquel año de 1945 y fue incorporado al Hospital Obrero recién inaugurado cuatro años antes, tuvo la siguiente impresión ante la institución que lo acogía:
"Debo confesar que quedé hondamente impresionado cuando lo conocí. Era un modernísimo edificio, con iluminadas salas y brillantes pisos, deslumbradoras cocinas y asombrosos -para entonces- equipo médico y quirúrgico. El Director, don Guillermo Almenara, me dijo que mis labores serían solamente las de atender emergencias psiquiátricas, puesto que todos los casos de 'locura' serían inmediatamente enviados al Hospital Víctor Larco Herrera. Por supuesto que no tomó en consideración nada de lo que traté de insinuar respecto a la necesidad de atención psiquiátrica en el sentido más amplio, en colaboración con todos los servicios, ni mi convicción de que cada día la medicina se orientaba más hacia la comprensión psicológica de todos los enfermos. Ante mi observación de que nos hallaríamos con el problema de los neuróticos y especialmente de los conversivos (entonces no se hablaba aún de la psicosomática) más que con el de los psicóticos, sonrió paternalmente, con la suficiencia que le daban sus amplios conocimientos como administrador de hospitales, y me envió a trabajar.

No se había previsto la existencia de un consultorio para psiquiatría y, a mi exigencia, se me permitió atender en un cuartito destinado a la limpieza y anexo a los consultorios de medicina. El primer mes vi seis pacientes en el "consultorio"; al cabo de seis meses, el promedio ascendió a doscientos.Mi labor, además, consistía en ir de piso en piso, a contestar las consultas de los colegas debiendo, para hacerlo, no solamente realizar las investigaciones clínicas sino todas las maniobras semiológicas sin poder contar con ayuda alguna. Los primeros casos fueron neurológicos, lo que implicaba punciones raquídeas, exámenes de fondo de ojo, etc., amén de las pruebas psicológicas que aún no sé cómo ni en qué tiempo pude intentar.

Los colegas me miraban, naturalmente, como a un verdadero extraño, casi un intruso. Era comprensible, desde su punto de vista. Habían sido educados para ver en el psiquiatra un "loquero" y en sus pacientes casi animales peligrosos cuyo lugar era el manicomio.

Sería muy largo relatar la lucha, año tras año, para cambiar todo eso y llegar a lo que la psiquiatría es hoy en nuestro país: una especialidad respetada y que se ocupa con los problemas emocionales de los seres humanos a los que se puede ayudar.Esos esfuerzos fueron grandes: había que luchar contra los prejuicios del público; contra los médicos, quienes aconsejaban  a sus pacientes no acudir donde el especialista y se creían capacitados para tratar sus enfermedades "nerviosas"; contra los neurólogos, que consideraban la psiquiatría como parte de su especialidad y contra los mismos psiquiatras que, formados en una escuela somaticista o imbuídos de pseudo-filosofías, combatían cualquier esfuerzo por salir de esos moldes. El Servicio de Psiquiatría del Hospital Obrero se convirtió entonces en fructífero centro de trabajo. (...)"


Carlos Alberto Seguín y la psiquiatría de enlace

El antiguo Hospital Obrero, (hoy Guillermo Almenara), de Essalud.
Psiquiatría de enlace y medicina psicosomática son actualmente términos que designan campos similares de práctica y estudio, aunque sin duda existen algunos matices de diferenciación. En general son tres grandes grupos de pacientes los que resultan objeto de atención de la medicina psicosomática y de la psiquiatría de enlace: aquellos con enfermedades psiquiátricas y médicas comórbidas que complican el tratamiento; aquellos con trastornos somatomorfos y funcionales; y aquellos con trastornos psiquiátricos que son consecuencia directa de una enfermedad médica primaria o de su tratamiento. Recuérdese que medicina psicosomática es un término de larga  historia, desde la introducción del término 'psicosomática' por Heinroth en 1818 y 'medicina psicosomática' alrededor de 1922 por Felix Deutsch. Aunque ha tenido connotaciones ambiguas como 'psicógena' y también 'holística', tal parece que es esta última la que finalmente se ha impuesto en su caracterización. Debe tenerse en cuenta además que la medicina psicosomática es la especialidad psiquiátrica más reciente en ser aprobada formalmente por el American Board of Medical Specialties, el año 2005. (Recojo estos conceptos de la introducción al Tratado de Medicina Psicosomática editado por J. Levenson, Ars Medica, 2006).
Fue pues Carlos Alberto Seguín el pionero y el introductor de la Medicina Psicosomática, de la psiquiatría asentada en el hospital general en nuestro medio a partir, como él lo recuerda, de un cuarto de limpieza convertido en consultorio. (El antecedente único y lejano fue el de Hermilio Valdizán que por breve tiempo, entre 1915 y 1916, tuvo a su cargo un consultorio de 'enfermedades nerviosas' en el Hospital Dos de Mayo, antes de que él fuese promovido al Hospital Larco Herrera, exclusivamente psiquiátrico).
La psiquiatría confinada al hospital psiquiátrico-manicomial tiene hoy una perspectiva de desahucio. El nuevo foco de la atención psiquiátrica no sólo ha emigrado a la comunidad en la medida de lo posible sino que ostenta como institución abanderada al hospital general, el hospital doméstico que todos conocemos. Huelga decir que es imperativo allí también se constituya el núcleo formador de los nuevos colegas: el escenario principal de la formación psiquiátrica actual, otrora centrada en el paciente crónico y severo, institucionalizado y recurrente, debe migrar definitivamente.
Por ello, leyendo esa noticia sobre la flamante 'unidad de psiquiatría de enlace' en el añoso Hospital Obrero del Seguro Social, he querido recordar al viejo Maestro quien habría sonreido comprensivo. Y queremos evocarlo también con otras sabias palabras suyas acerca de distintos acápites, como cuando reflexionaba sobre su propia institución y sus propios colegas, en conceptos que seguramente no han perdido toda su vigencia -y podrían además extrapolarse a otros ámbitos laborales-:
"Ante todo, recordemos que el hombre actúa por motivos, es decir, algo que lo mueve. ¿Qué motivos tiene el psiquiatra que trabaja para el Seguro? Desgraciadamente, en la actualidad, pueden solamente señalarse los motivos económicos. Ganar un sueldo y, cuando una persona tiene como único motor anímico el ganar un sueldo, trata de hacerlo de la manera más fácil posible y, por supuesto, piensa siempre que lo que gana es muy poco. No sé de alguien que tenga como único motivo el sueldo, que se manifieste contento con él. El trabajo se convierte, entonces, en una esclavitud y el trabajador está calculando cuánto ganan los demás y cuánto deja él de ganar; cuánto "lo explotan" y cómo puede explotar a los otros. El trabajo, entonces, es una maldición.

De todo esto se desprende que, cuando hay otros motivos, otros pueden ser los resultados. ¿Qué otros motivos? Recuerde usted que hubo un tiempo en el que trabajaban en nuestro Servicio muchos más médicos ad-honorem que los rentados; que venían desde otros países a hacerlo y que no se quejaban. Es que los movían intereses distintos: el deseo de aprender, la mística de la psiquiatría, el espíritu de grupo. Todo eso ha desaparecido. ¿Recuerda usted cuando cada reunión clínica era una oportunidad para cambiar ideas, para plantear puntos de vista propios, para mejorar en el trabajo y beneficiarse con las opiniones y sugerencias de los demás? (...) ¿Recuerda usted cuando nosotros mismos leíamos nuestros trabajos a los otros miembros del grupo, entusiasta y fructíferamente? ¿Recuerda cuando cada miembro del grupo debía exponer ante un público numeroso y cordial, un capítulo de psicología y psicopatología y tenía que esmerarse en estudiar y aprender? ¿Recuerda cuando se discutían proyectos de investigación y se estimulaba a cada uno para que los emprendiera?Todo ello constituía motivos, motivos que matizaban la labor y la hacían interesante y provechosa. Ahora ya no se "pierde el tiempo" de esa manera.(...)Por otra parte, cuando se ama a la profesión  y verdaderamente se quiere a los que se nos aparecen como pacientes, hay un motivo más, y poderosísimo: comprenderlos y ayudarlos. Y cada ser humano, si nos acercamos a él, nos descubre mundos nuevos a los que podemos, y debemos acercarnos con atención y amor.Hace poco me preguntaba usted el porqué de la poca producción de los colegas. ¿Hay algún trabajo que muestre un acercamiento concienzudo y amoroso a los pacientes y descubra, así, horizontes originales que se hallan escondidos, no en el cuadro clínico, sino en el alma de cada enfermo?Es muy fácil racionalizar, diciendo que los factores externos no pueden cambiarse y, de esa manera, alejarse de la humanidad de los pacientes como personas y considerarlos solamente como engranajes en la maquinaria social. Es fácil, pero destructivo.¿Cree usted, realmente, que si cada psiquiatra del hospital dedicara algo de tiempo y corazón a un solo paciente para tratarlo como a un hermano que sufre, aunque se contentara con recetar calmantes a los demás, no ganaría mucho? Pero, no es así. Trata de salir del paso en el menor tiempo posible, para cumplir otras obligaciones, que desempeña con el mismo desamor, sintiéndose frustrado en todas.(...)Mucho más podría decirse, si no nos contentamos con diagnósticos fáciles y pensamos que cada fenómeno humano, si queremos comprenderlo, debe ser estudiado a fondo, yendo a los factores que se hallan, a veces, cubiertos por una serie de racionalizaciones que puede ser que calmen un super-yo poco exigente, pero que no satisfacen a un espíritu inquisitivo y profundizador.Y, para terminar. Todo trabajo que se hace a disgusto no puede producir otra cosa que disgusto. Acaso la mayor sabiduría en la vida es encontrar un trabajo que nos guste y gustar de nuestro trabajo."


Hasta aquí la larga cita seguiniana.
Próximos a los quince años de su partida, persisten más vitales que muchos de nosotros sus palabras.
Carlos Alberto Seguín y la psiquiatría de enlace
Una de las últimas fotografías públicas de Carlos Alberto Seguín, en 1993. (Foto tomada de aquí).



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