Revista Espiritualidad

Charla de Silo en reunión con Mensajeros Buenos Aires, 15/02/04 (Fragmento)

Por Ebass

Ustedes saben, más o menos, ustedes saben que este asunto del Mensaje se fue lanzando con suavidad, así..., sin darle mayor importancia al asunto, hace algo de un año. Ahí empezó a explicarse lo del Mensaje, a lanzarse lo del Mensaje, con un librito. Un librito en donde estaban las experiencias, el libro La Mirada Interna adentro, cuestiones referidas al Mensaje precisamente. Está bien. La gente lo tomó en sus manos, no se organizó de ningún modo, se dejó que corriera. ¿Y para qué más? ¿Para qué más? La gente que le gusta lo toma, lo hace funcionar, y no se necesita mucho más.

Simplemente deberíamos ponernos de acuerdo, simplemente, para determinar quiénes pueden participar del Mensaje. ¿Participar del Mensaje? Quienes quieran. ¿De dónde debe venir la gente? De donde la gente quiera. ¿Usted es político y le interesa el Mensaje? Venga. ¿Usted es religioso y le interesa el Mensaje? Venga. ¿Usted es ateo y le interesa el Mensaje? Venga. ¿Qué tenemos nosotros que determinar lo que está bien o no está bien para la gente en suma? ¿Qué tenemos nosotros que...? Es la gente la que resuelve. ¿Qué puede importarnos a nosotros que políticamente sea de izquierda, sea de derecha, sea de centro, sea de no se qué?

Eso no nos importa a nosotros. La gente verá. Y si le viene bien, ¿qué podemos hacer nosotros para decirle “¡No! ¡A usted no! ¿A quién le podemos decir que no? En materia religiosa y demás... es la misma historia. “Yo soy musulmán”. “Yo soy cristiano.” “Yo soy judío”. “Yo soy hinduista”... ¿eh?... Todo bien. “¡No! Sólo las religiones que tienen un libro gordito pueden participar”. ¿Y quién le ha dicho a usted eso? ¿Y las que no tienen un libro gordito pueden o no pueden? Pueden. ¿Y los que no tienen ningún libro porque son ateos o agnósticos? Pueden. Así es que ahí no creo que tengamos mayores dificultades entre nosotros. No sólo eso, no sólo eso sino que –como dijimos hace un año–, también podemos realizar nuestras experiencias, nuestras ceremonias, yendo a lugares adonde nos inviten porque quieren trabajar con eso, quieren tomar en sus manos el Mensaje.

¿Y esos lugares cuáles pueden ser? Cualquiera. “¡Ah! ¿pero entonces puedo ir a una iglesia? Porque me invitaron...” Por supuesto. “¿Puedo ir al comité central del partido X?” ¡Claro! Parece que costara..., una cosa que es tan simple, ¿no es cierto? Ir a los lugares. ¡Nosotros no les tenemos miedo a los lugares! ¿Qué nos puede pasar por ir a un lugar? ¡Un lugar..! ¿Les interesa a los del lugar que nosotros vayamos? Vamos. Podemos ir a lugares muy humildes. No hay problema. Podemos ir a lugares muy buchones. No hay problema. No es ese el tema, de los lugares y de los recursos. No es tampoco el problema de dónde viene la gente.

El problema para nosotros siempre es hacia dónde va la gente. Entonces más vale que nos preocupemos por ponernos en claro con la gente en el sentido de que hacia dónde vamos, no de dónde venimos. “¿Usted de dónde viene?... ¡Firme la ficha!... ¿Grupo sanguíneo...?” ¿Adónde vamos? Y si es que podemos ponernos de acuerdo con un conjunto de gente que ha tomado esto en sus manos para ir en una dirección parecida. Una dirección parecida, que no puede estar reglamentada, que no puede estar determinada. Por ejemplo: ¿cómo reconocemos nosotros a una comunidad, una comunidad del Mensaje? La reconocemos porque hay un objetivo humano, no muy grande, un objetivo humano para formar esa comunidad. Decimos: Mire: trabaje con alrededor de 10 personas. Esa es una comunidad que nosotros reconocemos. ¿Y si son más? Y si son más todo bien. “¿Y si...?”

Y empiezan todas las disquisiciones. “¿Y si se van 3 y quedan 7?” ¡Bueno...! No es ese el tema. El tema es que en las comunidades, respecto al Mensaje, en las comunidades se habla del Mensaje. Está bien, se puede hablar de otras cosas, pero básicamente se habla del Mensaje, se hacen cosas con respecto al Mensaje. Un número de 10 personas es un buen número. Puede tener cierta continuidad y demás. “¿Qué personas? ¿Gordos o flacos? ¿Altos o...?” ¡Ya empezamos! No se qué personas, pero un conjunto de personas que se reúnen para hacer esos trabajos, con un número mínimo, reconocemos la existencia de esa comunidad.

¿Y qué sucede en un lugar donde hay varias comunidades? “¿Quién es el jefe?” ¡Siempre con los líos! Cada comunidad se autogobierna, funciona como le gusta. Ese es el tema. Esa es una comunidad. “¡Ah, no! Pero tiene un estilo muy distinto a otra comunidad!” ¡Perfecto! ¿Quién le ha dicho que tienen que ser iguales? No se trata de eso. Tienen el estilo que la gente les da. “¿Por qué?” ¡Porque le gusta así! “¿Se reúnen en círculo, se reúnen en butacas...?” ¡Qué se yo cómo se reúnen! La gente lo arma como le gusta.

Y nosotros reconocemos la existencia de esas comunidades. Y entonces aparecen tipos muy extraños que arman las comunidades... No están haciendo sus cosas, se meten con otros... No los reconocemos. Fácil, así funciona. Muy fácil. Vamos reconociendo todas las comunidades. Y alguna rareza que aparezca... no nos hacemos responsables de las rarezas que haga esa comunidad. ¿Por qué nos van a arrastrar o van a arrastrar a otros a esa cosa? Tampoco los podemos tirar por la ventana, y decir... ¡no! Simplemente, a esa comunidad no la reconocemos. Está fácil. Nos protejemos. Todo lo demás, lo reconocemos. Ojalá sean números que puedan rondar por las 10 personas. De ahí pueden... porque si no ¿cómo se entera la gente de cómo puede montar comunidades? Llega a una comunidad, hace sus trabajos, se va enterando, y de ahí se va de esa comunidad y forma otra comunidad.

¿Y cómo la va a formar? Como le guste, pero ya se enteró de cómo es el funcionamiento. Y en un lugar puede haber numerosas comunidades que si quieren hacer algo en común, no queda otro remedio que coordinarse entre ellos. Supongamos: 10 comunidades, 20 comunidades, 100 comunidades de una provincia, o de un distrito –o como se le llame a esa división administrativa– quieren hacer un acto, no queda otro remedio que representantes de cada una de las comunidades se reúnan a discutir, como hace la gente civilizada, se reúne a discutir cómo podría ser eso. Elegirán un lugar, fijarán la hora, fijarán el día, y eso se moverá muy bien. Y no se necesita ni secretario de actas, ni presidentes, ni asambleas de... ¡nada!, pero se pone la gente de acuerdo para esa cosa ocasional. Como ya se hizo el acto, cada cual sigue con sus cosas.

¿Para qué habría de permanecer una estructura, una cosa, si ya cumplió con su función? ¿Entonces esto nunca va a ser una organización? ¡Efectivamente! Nunca va a ser una organización. Los que estamos formados en organizaciones... nos hace una cosa en la cabeza. Piénsenlo..., qué interesante y qué libre es esto de..., la gente haciendo las cosas porque las siente. Eso tiene fuerza humana, eso tiene una gran fuerza humana. No depende de organizaciones. Los objetivos no son de organizar cosas. Así se mueve esto. Entonces es claro que para la gente un poco exagerada en su visión organizativa es un poco decepcionante esta cosa tan gaseosa, pero ¡bastantes límites tenemos! Mas o menos 10, reconocemos a esas comunidades, no reconocemos las rarezas... ¡es mucho ya! ¡Mucho reglamento! ¡Demasiado! ¡Suficiente!

Nos ponemos de acuerdo entre varias comunidades si queremos hacer algo en conjunto... Y tratamos de –para que las comunidades tengan arraigo, entidad y demás– ese conjunto de 10 personas, en lo posible, actúa en un lugar. No está continuamente moviéndose porque desorienta a la gente que quiere participar. Si esa comunidad se busca un garage, un kiosco, un lugar donde hacer sus encuentros semanales, está todo bien. No se necesita nada especial como lugar, pero sí se necesita un lugar donde hacerlo. Porque les digo, si nos movemos de un lado a otro, hoy acá, mañana en otro lado y demás, bueno está bien, pero va a ser complicado que eso tome cuerpo y se vaya desarrollando y pueda hacer participar a mucha gente. De este otro modo le facilitamos las cosas a la gente. Le facilitamos las cosas a la gente porque la gente sabe que en ese lugar se reúnen los días sábados a tal hora, y ahí pueden intercambiar, pueden hacer experiencias, etc.

Un lugar. “¿Quién dirige a esa comunidad?” Nadie dirige a esa comunidad, porque todos los que participan de esa comunidad lo han hecho con mucho gusto y con fuerza interna, entonces la gente se pone de acuerdo en cómo... “¿Quién va a pagar el alquiler?” ¡Qué se yo! Ya verá la gente cómo se arregla... así funciona. “¿Y si no se puede?” Y si no se puede, no se puede. Y ya está y todo va de lo más bien. No parece que hubiéramos tenido que organizar muchas cosas para reurnirnos... Es cierto que somos poquitos, está bien. Si fuéramos miles que nos íbamos a reunir, hubiera sido más problemático. O no, o no.

Tal vez hubiéramos llegado a esos miles sin tanto mecanismo. Es un poquito extraño, pero es posible. Todo bien. Y nosotros vamos a tender a formar esas comunidades con un punto de apoyo, un lugar. Ahí invitamos a la gente, ahí hacemos nuestras reuniones, etc. Y así seguramente pasará con el Mensaje en muchas partes del mundo, en muchas partes. Que tendrá un estilo distinto, los estilos de los lugares son distintos... ¡perfecto! Pero en términos generales serán comunidades chicas y demás, que se reunirán una vez por semana; mensualmente también la gente más estudiosa, más puesta en tema se reunirá para revisar cosas. Habrá distintos tipos de trabajo y es bueno que esté ese punto. Los puntos fijos. Pero además, las comunidades se van a empezar a desarrollar fuertemente. Habrá lugares que no son esos lugares adonde se reúnen esos 10, sino otros lugares que no van a estar en las ciudades. Está muy bien eso de los lugares. ¿Dónde lo vamos a hacer? Donde está la gente: en el barrio, en la ciudad, en el centro de la ciudad o en la periferia.

Charla de Silo en reunión con Mensajeros Buenos Aires, 15/02/04 (Fragmento)

Volver a la Portada de Logo Paperblog

Dossier Paperblog

Revista