Christmas at the Abbey

Publicado el 28 diciembre 2014 por Lya
Especial de Navidad de Downton Abbey. Esa joya, ese privilegio, ese regalo de los dioses. Porque sí, Downton es lo más y en Navidad supera toda perfección posible. Si no me extraña que los americanos no vivan en sí desde que las historias de los Crawley llegaron a su vida, si yo ayer acabé el capítulo especial de Navidad dando palmas y llorando como una mema. Qué me van a contar. QUÉ.
Empecemos por partes:
1. Matthew Goode. Se avecina, parece ser, un año en el que Matthew Goode va a estar hasta en la sopa. BIEN. Lo supongo porque ya es el 'tepongoojitos' oficial de Alishia Florrick y porque en el especial la que le puso ojazos y lo que terciara fue Lady Mary Crawley, que siesa es un rato pero de tonta no tiene un pelo, oiga. Es decir, que en lo que nos acaba Alishia, allá por el verano, pasarán un par de meses hasta que llegue septiembre y al muchacho le dé tiempo a cruzar el charco, zambullirme en el acento inglés y convertirse en el futuro de la Mary, para alegría de los papás de la susodicha y solaz de nuestros ojos. Eso sí, a ver si le quitan esa afición por los coches porque todos recordamos cómo nos dejó Matthew, el otro, el rubio. No vayamos a liarla, por-fa-vor.
O sea, que Matthew Goode así como filosofía de vida, perfecto.
2. Barrow. Un capítulo en el que Barrow nos cayó bien, quién nos lo iba a decir. Pero, a fin de cuentas, si se piensa fríamente, el chico es que el que tiene más personalidad de ese inframundo que son las cocinas de Downton. Que no se puede ser siempre tan buena gente, tan majos, tan amorosos, con esa pinta de oler a pastas de té... Vamos, hombre, ahí el único que le echa chicha al asunto es Barrow con sus tejemanejes y sus suspiros por efebos varios.
3. Al hilo de lo anterior. Los Bates y sus cosas. Qué coñazo, oiga. Si todos queríamos que la dejaran en la cárcel, a qué tanto rollo. Y el marido que no se acordaba en qué pub de York había estado el día de autos. Y luego van Molesley y la otra que no me acuerdo nunca como se llama y descubren que poco menos se hermanó con el dueño del bar porque habían luchado en la misma guerra y tal. Pero eso sí, con el nombre del pub no se quedó. Vaya mente de ameba. Bueno, en realidad, es que él también querían que dejaran a la pavisosa de su santa en la cárcel, que lo de que el chisme aquel para no concebir era de Lady Mary no se lo terminó de creer.
¿Qué pasa? Habrá que elucubrar y ser mala gente, jopé.
4. La condesa viuda y su príncipe ruso. ¿Qué haríamos sin Lady Violet? Hundirnos en la más absoluta de las miserias, ya os lo digo yo. Precisamente Maggie Smith cumple hoy 80 años. Grande. Magna. Brava.
5. La Proposición. Así, con mayúsculas. La que nos hizo a todos llorar y moquear sin remilgos ni pudor. El momentazo. Lo más. Ya era hora, jolín.
6. Lady Edith y su nena. Necesitamos que a Edith le salgan las cosas bien. Por ejemplo, podía arrebatar a Matthew Goode a su hermana....
Bueno, no. No, no nos pasemos.
Y 7. Tom. No me traumatiza su marcha porque para cuando vuelva la serie, Tom habrá vuelto de las Américas. Espero. Y habrá hecho fortuna. Y eso. No sin mi Tom. No.
Que no.
Y no, no acepto cambio de Tom por Matthew Goode.
Bueno, me lo pienso.