Jesús Díaz Loyola
Ilustración de AjubelAsí desgasté mis años más vitales en el ejercicio de una profesión que amé con denuedo, con la misma pasión con que quiero a mi tierra y a mis raíces. Hoy, esos años, solo me recuerdan los días desesperanzados, en que entre las redacciones y la sede del Partido Comunista (PCC), siempre regresaba con la carga inaguantable del ¡No se puede publicar! ¡Eso no ayuda! o, sencillamente que ¡El Partido no lo autorizó!
Afortunadamente ahora me gozo de otra libertad: la de expresarme libremente. La vida no puede ser siempre lo mismo. Por eso creé @triopress, para contar las historias mejor guardadas, que son las que se llevan dentro. Esas no las puede borrar nadie y viajan incrustadas en la memoria y en el alma. Muchos que ya cruzamos el cerco, vivimos un pasado permanentemente señalizados por decir las cosas con transparencia, y en esencia, narrarlas tal como sucedían. Eso nos exponía a todos como carnaza de la censura oficialista. Cualquiera lo sabe. Ahora todas esas vivencias menos felices junto a las alegrías de vivir la modernidad, fluyen cada vez que retomo un tema recurrente del pasado o el presente, aunque para algunos, mucho de lo que ahora digo sea desmitificar la causa. Yo no lo creo así. En ningún cubano hay ficción, y en Cuba todo vale la pena para salir adelante. De cierta manera, muchas de las insatisfacciones con la vida que hemos llevado, a veces, emergen como el agua y se cuentan, las cuento en @triopress, porque es el relato permanente de la vida que llevamos.
Sin proponérmelo, con la idea de @trio he armado historias que han puesto los hechos en su justo lugar. Muchas de las cosas que aquí he narrado y seguiré contando, han salido de la esencia de los reportajes y las crónicas que marcaron mi vida periodística en las páginas de los diarios y las emisoras cubanas por donde pasé, y donde el afán compulsivo por decir las cosas como son, alguna huella dejó.
Voy a detenerme en un nombre, el de un bloguero que fue la razón para que @triopress saliera a la luz un día como hoy: el colega Juan Carlos Roque García, un desvelado por el medio, que me inspiró para que @trio saliera adelante. Lo ha sido siempre en muchos empeños profesionales.
A Roque García, que sigue haciendo caminos con El Arte de hacer radio, lo conocí cuando éramos unos principiantes y nuestras vidas la marcaba la pasión por hacer reportajes y rastrear la noticia en cada pulgada del archipiélago cubano. Él y yo confluimos en los 80 y 90 como unos desenfrenados del periodismo que cocinábamos en las míticas Underwood y Olivetti que sobrevivían en las redacciones. Los textos sonaban después en las viejas consolas Uher alemanas de las emisoras cubanas que nos amamantaron la pasión por el medio. En esa esencia nuestras vidas acabaron prendidas a la radio y al buen periodismo.
Por eso no nos hemos callado nunca en el oficio de informar, y por eso hoy existe @triopress, como una casa ambulante que uno lleva a cualquier parte, difundiendo mil verdades que antes no podía ser. Gracias, Juan Carlos.
Quisiera que este blog no fuera tan mío como de mi tiempo, un confidente plural del suceso de la vida, con sus penas y sus alegrías, en un reencuentro permanente con el pasado y el presente.
Hoy @triopress cumple cinco y entra en su año sexto. Os invitamos a opinar. Este es mi espacio abierto.
Hace un lustro, cuando salté a la red con @triopress, os recordaba que en la antigua Roma, el atrio era un espacio abierto en sus míticas casas, cercado de pórticos y destinado a reuniones familiares y a los huéspedes, y a opinar, siempre el debate. Eso seguirá siendo @trio, una tribuna permanentemente abierta a los acontecimientos que han rodeado y rodean la vida, una ventana a la actualidad, donde no faltará nunca la crónica costumbrista de los hechos que nos marcaron. Te invito a que me cuentes tu historia que es parte de este mundo y, a veces, pasa inadvertida.