CocoRosie en Lima: Cuando el folk se encontró con lo freak

Publicado el 20 septiembre 2015 por Apgrafic
Javier Gragera20.09.2015CocoRosie se ha ganado la simpatía de un público ansioso por encontrar sonidos diferentes y posturas no convencionales.

No todas las bandas pueden presumir de ser acogidas por un museo, como si su música –o su performance– se tratase de una obra de arte. CocoRosie llega a Lima y el MAC abre sus puertas para recibir a la dupla conformada por las hermanas Sierra y Bianca. Tal vez todo tiene más lógica de lo que aparenta a simple vista. O quizá no. Poco importa: el arte contemporáneo se basa tanto en la duda como en la imposibilidad de definir qué es una obra de arte y que no. ¿La música se puede exponer como un cuadro o una escultura? Por qué no.

Es difícil encasillar la música de CocoRosie, que tiene como seña de identidad la indefinición. Las dos hermanas nacidas en Fort Dodge, en la isla grande de Hawái, hijas del reconocido espiritualista Timoteo Casady, crecieron separadas y no fue hasta el 2003 que se reencontraron en París. A modo de celebración formaron CocoRosie (nombre que surge de amalgamar los dos apodos que recibían cada una de ellas de su madre en común, la artista Tina Hunter) y combinaron lo improbable: Sierra se disciplinó en la lírica operística del viejo mundo, mientras Bianca mantuvo virgen su intuición musical, la alimentó a base de hip hop y música popular.

¿Qué tipo de banda surge de esta unión familiar? ¿Cuál es el género musical de CocoRosie? En sus orígenes la prensa especializada se atrevió a definirlas como baluartes de un folk-pop con tendencia a lo freak. El ilustre crítico musical Greil Marcus definió su primer álbum, La Maison de Mon Rêve, lanzado en 2004, como una vuelta a la tradición musical de “la vieja y extraña América”. La suya fue una forma elegante de llamar “freak” a un disco cuyo efecto fue electrizante. CocoRosie se ganó la simpatía de un público ansioso por encontrar sonidos diferentes y posturas no convencionales.
 


El travestismo lírico forma parte de la performance de las hermanas Sierra y Bianca Casady. / Foto: Difusión

Las hermanas Sierra y Bianca jugaron desde un principio a la ambigüedad como seña de identidad, y ellas mismas se han vuelto un producto anfibio: sus influencias musicales, sus vínculos familiares, su propia sexualidad; todo parece intercambiable al igual que el bigote postizo que a veces lleva puesto una u otra para la foto de portada. El travestismo lírico forma parte esencial de la perfomance de estas dos estadounidenses con sangre cherokee, y la idea de su música es el sincretismo y la sensibilidad. Sus temas mezclan lirismo, misticismo y sonidos urbanos, además de múltiples influencias de músicas del mundo. Los instrumentos de viento y de cuerda entran en armonía con lo electrónico y los sintetizadores. Canciones de emociones perversamente infantiles; un cóctel molotov que, en el 2004, cayó como una bomba en la escena indie a nivel mundial.

Tras el éxito de La Maison de Mon Rêve, las hermanas lanzaron un segundo álbum, Noah’s Ark, antes de publicar en 2007 The Adventures of Stillborn and Ghosthorse, que fue producido por el islandés Valgeir Sigurdsson, antiguo colaborador de Björk. No en vano, la voz de Bianca rememora en su sonoridad a la cantante nórdica. Luego llegó Grey Oceans (Sub Pop Records, 2010) que, según las hermanas Casady, supuso el cierre de un proceso, y el regreso de la banda a un sonido más acústico. Por último, en 2013, CocoRosie graba en estudio Tales of A GrassWidow, que ahora se presenta como la excusa perfecta para realizar una gira por Latinoamérica y hacer un concierto en Lima.

¿De qué trata, entonces, todo esto de CocoRosie? “La belleza es nuestro vehículo”, afirmó Sierra en una entrevista. El suyo es un espectáculo emotivo, burlesco, onírico; música ecléctica, a fin de cuentas, como si eso significase algo al día de hoy. Para entender a CocoRosie tal vez solo se necesita escuchar sus discos. Tomarte tu tiempo, dejar de lado los prejuicios, atreverte a explorar sus melodías. La experiencia merecerá la pena. A fin de cuentas, las hermanas Casady no dejan de ser músicos que tratan de encontrar la canción más bonita del mundo.