En mi trabajo cotidiano como educador, formando emprendedores creadores de empresas, aprendí a entender la desconexión entre el «conocimiento explícito» que el alumno adquiere en el aula, y el «conocimiento implícito» en las tareas que desarrolla afuera del aula.
Veo que, en general, aún cuando los estudiantes se apasionan con juegos en donde deben comprender y ejercitar comportamientos emprendedores, ellos tienen muÂchas dificultades para invertir el aprendizaje sobre sí (darle la vuelta al), para tomar decisiones autónomas (independientes) con el objetivo de plantearse objetivos para sus carreras profesionales u ocupacionales.
Quizás por esa desarticulación entre «la escuela» y «la calle», materializada en la débil transferencia de conocimientos desde el aula hacia los otros contextos de actuación, los estudiantes que realmente maduran su vocación profesional hacia la creación de sus propios emprendimientos son aquellos que, además de sus estudios de grado, desempeñan alguna función en una actividad extra-universitaria como puede ser: