Los cambios en los hábitos de vida no sólo han repercutido en nuestra forma de alimentarnos, en el tipo de alimentos que consumimos -cada vez más variados y exóticos-, en las preparaciones culinarias y también en la compra de los mismos. Si antes en la casa se recuría al mercado a diario, hoy nos limitamos a un día por semana o mes. Si la compra es inteligente, además nos puede suponer un importante ahorro.
Las verduras y hortalizas tienen que ser sometidas a un escaldado: sumergimos las verduras en agua hirviendo durante dos minutos y escurrimos. Con este blanqueado conseguimos eliminar posibles bacterias y detenemos el proceso de deterioro enzimático. Debemos dejar enfriar los alimentos antes de someterlos al frío. Con la cebolla y el ajo no es necesario ningún proceso previo al congelado.
Los huevos es mejor congelarlos batidos enteros o la yema y la clara por separado dependiendo de su posterior utilización. Si congelásemos los huevos con su cáscara ésta se rompería con el frío.No es aconsejable congelar pasta ni patatas ya que se ablandan con la congelación.
Para envasar los productos a congelar podemos utilizar envases herméticos, tuppers o bolsas adecuadas a tal fin eliminando todo el aire que nos sea posible. No debemos recongelar ningún alimento ya que afectaría a su calidad e incrementaría su contaminación. Para terminar, recordar que hay que consumir los productos que lleven más tiempo congelados y que sustituiremos por los más recientes y que resulta imprescindible mantener el congelador escrupulosamente limpio.
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