Revista Viajes

Como sobrevivir a una resaca

Por Laura @lauritaotero

20 de septiembre. 18 horas. Mochila al hombro, salgo del aeropuerto medianamente borracha. Así llegue a Munich, la ciudad que desde fines de septiembre hasta casi mediados de octubre pierde el control, estamos hablando de Alemania, su manera de perder el control es siempre moderada en relación a lo que los argentinos consideramos una noche descontrolada.

En mi viaje de Lisboa a Munich, con escala en Madrid, me cambiaron a Business por razones completamente desconocidas para mi. Llegué a mi nuevo asiento de persona con plata completamente famélica, había salido de Portugal a las 9 de la mañana con un desayuno escaso en el estomago, y en la escala de Madrid no tuve tiempo para comer nada. Suena en los altavoces del avión que los que viajan en Business tienen almuerzo incluido, mi cara de emoción era imposible de disimular. La azafata me pregunta que quiero tomar, me pido un vino blanco, no me sirve una copa sino que me da un cuarto de litro en la botella más tierna que vi en mi vida junto con unos grisines. Comí y tomé rápido, para que cuando vuelva a pasar la azafata me haga un refill de todo, de ese nivel de hambre y pobreza estamos hablando. Luego de 15 minutos vuelve la azafata con el carrito de la comida, yo sonreía de felicidad y alcohol, pero para mi sorpresa el almuerzo era solo para la gente que había pagado el pasaje, yo había sido favorecida con un asiento grande, un vino y unos grisines, fin de mi suerte. Así que, como cualquier borracho en avión, me quedé dormida, tan dormida que la azafata tuvo que tocarme el hombro para pedirme que enderezara el asiento al momento del aterrizaje. Otra argentina dando lastima por ahí.

Hola Munich, dame mi valija y un McDonalds. Me encontré con Joerg, un gran amigo alemán que me alojó durante dos noches en su bello hogar, y fuimos a su casa. Como siempre, Alemania es un oasis dentro del primer mundo, es mi segunda vez en este país y no deja de sorprenderme, la organización, lo metódico, el orden, el respeto de la gente, entre ellos y para con la ciudad. Lluvia y frío, el verano ya no existe en Alemania, tengo que empezar a buscar un abrigo porque no llego a noviembre (mes en el que mi padre me trae ropa) solo con un rompevientos y una campera de jean.

Dos días en Munich son pocos, la ciudad es grande y hermosa, y en esta época esta especialmente atestada de turistas y borrachos. Hay muchos lugares para ver durante el día, y si es época de Oktoberfest, aún más complicado, ya que recorrer el predio lleva una tarde entera. Fui un solo día a la Wiesn (nombre local para el Oktoberfest), es mi segunda vez acá y, conociendo un poco el sistema, no tuve ganas de sumergirme en un mundo de borrachos dos días seguidos, preferí aprovechar para encontrarme con amigos que hice en Barcelona, recorrer la ciudad con locales, ver parques, comer rico y probarme el Dirndl (vestido típico de la región) que una amiga me prestó para dejar de parecer argentina por un día.

Trató de viajar como un local y sumergirme en la cultura lo más que puedo, por eso, y solamente por eso, me puse el Dirndl y me fui a la Wiesn, llegué y recorrí todo el predio, llevada por dos amigas que me explicaban todo, los juegos, las comidas típicas, las cervezas y algunas palabras típicas de la región de Baviera. La gente me hablaba en alemán así que supongo que doy aspecto de inmigrante ilegal, porque de alemana dudo.

Al igual que en mi visita en el 2010, festejé el Oktoberfest dentro de una carpa, con amigos, brindando cada 5 minutos o menos con un chop de cerveza de un litro, que luego de haberlo terminado dio origen al titulo de este post. Las puertas de la Wiesn cierran a las 22, así que un rato antes de esa hora partí para la estación de tren, Amsterdam era mi nuevo destino. Llegué, saqué con ayuda mis cosas del locker, y fui depositada en mi cama del tren por Joerg y Sofia, quienes se encargaron de mi cuando estaba en un estado de éxtasis y alegría absoluta. Algo aprendí en 2010, y es que después de tomar un litro de cerveza necesitas un litro de agua para sobrevivir a la peor resaca de tu vida. Así fue como me dormí, vestida, tapada con una frazada y abrazada a mi botella de agua, tratando de no pensar en el futuro dolor de cabeza y en no bajarme antes del tren.


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