Compendio en negro desde una noche de Oscar (Paolo Sorrentino, Toni Servillo y algún título más). (III)

Publicado el 06 marzo 2014 por Revista PrÓtesis @RevistaPROTESIS
Tan solo por este conjunto de películas, Italia se ha merecido a conciencia su Oscar

La presencia de Tony Servillo

Las consecuencias del amor y Una vita tranquilla son dos películas sumamente estilizadas, la última destinada a ser redescubierta, convertirse quizá en un referente de culto. Las dos dominadas por la presencia magmática de Tony Servillo. 
Primer plano: un jabalí en un bosque, un disparo: una señal de violencia en un paisaje idílico, carne de jabalí para un banquete. Volvemos a encontrar a Tony Servillo, volvemos a encontrarle lejos de Italia, en el aplicado profesional de la hostelería que regenta un hotel en un lugar apartado y boscoso de la Selva Negra, casado con una mujer alemana y con un hijo fruto de esa unión, nadie podría adivinar un pasado sangriento. Una película sobre las identidades, los escondites, el cambio de identidad. Servillo está tan fusionado con su segunda identidad —alemana, reposada, madura, tranquila, pacífica— que enfrentarse a la identidad anterior y sospechada, la de un pistolero en el corazón de una guerra entre bandas mafiosas enfrentadas, magnifica el drama que se desencadena cuando hasta el lugar, en el corazón de la Selva Negra, llegan dos sicarios de la mafia, a los que por extrañas lealtades y deberes familiares (uno de ellos es su hijo) debe dar cobijo y prestarse a continuación a un interminable juego de disimulos sobre el tapete de un duelo germano-italiano. Son fascinantes sus consejos para sobrevivir.
Servillo rescata el sabor de Robert De Niro
El problema de la basura en Nápoles, el reciclado de dichas basuras, es lo que ha llevado a los dos mafiosos hasta Alemania. Se produce un crimen, el empresario alemán que recibe y procesa la basura es asesinado, la situación se hace insostenible: la película alcanza su clímax
Servillo borda su interpretación y hace renacer la película cuando abandona el lugar, el restaurante en algún lugar de la Selva Negra, el escenario donde se intentó rehacer una vida, rota ahora. No hacen falta diálogos ni grandes gestos teatrales, basta una imagen suya en el autobús que circula hacia Copenhague, incorporándose una peluca que ilustra todo un cambio de piel, una metamorfosis perfecta, una ilustración perfecta sobre el arte de sobrevivir, y el bus va hacia Copenhague donde el personaje hará pocas preguntas, se acostará temprano, procurará pasar desapercibido, encontrará nuevos fragmentos para su breviario sobre la supervivencia.
La figura de Servillo se agiganta sobre estas películas. Hay momentos en un gesto de Servillo que rescatan todo el sabor de Robert De Niro, y es probablemente Paolo Sorrentino el que ha sabido extraerle todos sus recursos

La mayor bancarrota conocida

Para completar el círculo, rescatémosle también en Il Gioellino (2011), de Andrea Molaioli: Corría 2007 y, en una serie de artículos escritos con fría y meticulosa lucidez, Beppe Grillo trazaba el hundimiento del conglomerado Parmalat, insertándolo en el hundimiento del sistema bancario toscano (el más antiguo, y en tiempo de los Medicis el más poderoso del mundo, el sistema que había financiado el Renacimiento). Andrea Molaioli (más conocido por La ragazza del lago), ajustándose al tono de Grillo, filmaba, gracias a Servillo, otra precisa, fría y meticulosa película. Parmalat sigue siendo la mayor bancarrota registrada en el mundo, desde el inicio de la crisis, y el Gioellino una de las mejores películas que se han filmado sobre la crisis y sobre los mecanismos de actuación del sistema bancario que la han precipitado. Película esencial también para entender la Italia actual: al terminar la jornada del lunes 25 de febrero, un día que terminaba en medio de una intensa nevada, llegaba la sorpresa del éxito electoral cosechado por Grillo.

El invierno y la arquitectura de Turín

Ksenja Rappoport y Giusseppe Capotondi, dos nombres para otra extraordinaria película italiana: La Doppia Ora (2009). El escenario: un frío y pulcro hotel de Turín, lleno de habitaciones vacías y de horas asépticas y deshumanizadas. Inolvidable Ksenija Rappaport en esta película: la empleada de un hotel de Turín que le tiende una celada a un policía en un speed-dating en el que todo se fía al azar, y sin embargo ninguna de las acciones de Ksenja está fiada al azar. Cuando conduce al policía a una casa en la que se produce un atraco, todo está milimetrado y responde a un plan predeterminado. ¿Por qué es tan fascinante esta película? Quizá ninguna otra haya rescatado con tanta exactitud el sabor de la narrativa negra de Giorgio Scerbanenco: quizá por el invierno y la arquitectura de Turín.
Piazza Fontana, de Marco Tullio Giordana (cineasta que ha cubierto desde finales de los 70 los momentos más candentes de la historia reciente de la República italiana, como el asesinato de Passolini por citar solo un ejemplo), es una extraordinaria recreación y meditación sobre un atentado terrorista, y también sobre el sentido del terrorismo. El 12 de diciembre de 1969, hacia las 16:37, la piazza Fontana de Milán se convirtió en trasunto de un 11-M de la República Italiana. Una explosión en el Banco Agrícola de Milán mató a 17 personas e hirió gravemente a cientos. Según Grillo: “fue una tentativa de golpe de Estado...” opinión concordante con la de Aldo Moro, que aquel día declaró: Estamos en guerra, y enseguida añadió: “hay tantos modos de hacer política… y entre ellos están las bombas”. Piazza Fontana fue un atentado político. Lo demuestra el hecho de que los únicos condenados fueron algunos oficiales de los servicios secretos italianos... 

Culpar de lo sucedido a la izquierda

El atentado de Piazza Fontana fue obra de Stay Behind, la organización al frente de la operación Gladio italiana, que sirviéndose de elementos neofascistas y mafiosos, con la complicidad de los servicios secretos, tenía durante la Guerra Fría el encargo de dar una advertencia y culpar de lo sucedido a la izquierda o a los anarquistas para asegurarse de que no se unieran al gobierno del país, de modo que los intereses y los equilibrios de la OTAN en Europa permaneciesen inalterados. Estas fueron las motivaciones de tales atentados y de tantas víctimas inocentes inmoladas en el altar de la razón de Estado. 
La película de Fontana indaga con la impresionante fuerza de un "procedural" arrollador todos los meandros del atentado de Piazza Fontana. Uno de los grandes méritos del film está en la interpretación de Pier Franceso Favino (como Servillo, un actor con un registro asombroso, brillante en la comedia pero muy eficaz también en el registro negro) que interpreta inolvidablemente a Pinelli, el anarquista asesinado en comisaría: según la versión oficial se habría arrojado por la ventana, un suicidio, en la realidad más verosímil defenestrado, una víctima inocente inmolada en el altar de la razón de Estado por Stay Behind. 
No menos inolvidable es su amistad con el comisario que, encargado de investigar la muerte de Pinelli, llegó demasiado lejos (al menos hasta el silo de la OTAN de donde salió la dinamita de Piazza Fontana) y fue también asesinado. La perplejidad del fiscal que no consigue tener acceso a las pruebas (un extraordinario Luigi LoCascio), la conversación entre Pinelli y el comisario en una Feltrinelli, explicándose su visión del mundo son solo dos entre muchos momentos en los que los actores se comen la pantalla para inscribirse en la memoria, y una película deja de ser un castillo en el aire para recortarse profundamente contra la historia. Maravillosamente bien analizada en términos dramatúrgicos, la película ofrece un auténtico ajuste de cuentas con la historia, con la posguerra italiana, clave en el mundo occidental.
Tan solo por este conjunto de películas, muestra mínima de una cinematografía vibrante, Italia se ha merecido a conciencia su Oscar
FIN
Ramón García