CRÓNICA CONCIERTO.Una invitación para ver un concierto de La Broma Negra es una oportunidad que merece la pena aprovecharse y aunque estuve a punto de no poder ir, finalmente los hados dispusieron que me encontrase en Madrid para poder asistir al evento que hoy reseñamos. Incluso las circunstancias me lo pusieron fácil, a pesar de mis problemas de movilidad el traslado se solucionó gracias a mi buen amigo Víctor Prats, que nos llevó en su coche, y a eso le añadimos que gracias al buen hacer del personal de Siroco (lugar del concierto) pude ver el concierto cómodamente sentado en una sillita en primera fila (ya me había asegurado Víctor que tendría asiento); como un señor. Así pues solamente quedaba aguzar los sentidos, inmiscuirse en la música y disfrutar.
Pasando a analizar las canciones de otros discos se confirma la idea de que La Broma Negra gestiona su repertorio con absoluta libertad, aunando temas de probada carisma con otros menos habituales. Si tomamos ejemplo “Desilusiones De Grandeza”, en el tramo más o menos inicial del concierto sonó una no muy habitual “¿Quién era yo cuando era niño?” y que funcionó a las mil maravillas como brioso medio tiempo tirando más al techno pop. Igualmente funcionó en el ecuador del recital “El lento y medido caminar del vigilante”. Pero de reconocer que dos de mis momentos favoritos de la noche fueron “Los muertos”, con su aura de misterio y solemnidad, aumentada si cabe por la imagen gótica de los intérpretes.
Y tenemos también el apartado de “clásicos”, canciones que se han ido ganando el afecto de los seguidores y que La Broma Negra sigue tocando con el devenir de los años; y con razón pues suelen ser infalibles como acicate en sus conciertos. Me refiero a temas destacados de “Joyas De Princesas Muertas”. Así, por ejemplo, tuvimos a “Cenicienta”, que fue más o menos la décima canción de la noche, y fue un ejemplo de la parte más pop del grupo. Un rato después le tocó al turno a la gran “Sagrado corazón”, con uno de los estribillos más potentes del espectáculo merced a un entregado Carlos Caballero. Cuando ya empezaba a enfilar el segmento final llegó, lo que para mí fue, uno de los momentos destacados: nada más y nada menos que “Los reyes no morirán en su cama”, auténtico temazo de trazas versallescas pero de sangre jacobina; hasta los espectadores más moderados la siente casi como proclama. Y funcionó como siempre suele hacer, con vigor y atronadora energía por parte de toda la banda. Ya en los ultimísimos compases del concierto hubo un par de cortes más de “Joyas De Princesas Muertas”; en antepenúltimo lugar llegó el momento de “Cuidado con lo que matas”, cadenciosa y meditabunda, despuntando en el estribillo y como remate de la noche una de las canciones más apreciadas de La Broma Negra: “Noche en el tejado”, excelente fin de fiesta que da al concierto casi un sentido circular (empezó y terminó con una canción de “Joyas De Princesas Muertas”).
Me gustaría resaltar un detalle al margen de la música que quizá no signifique mucho para el lector, pero sí para el redactor de esta crónica. En un momento dado Carlos Caballero, haciendo honor a su apellido, se aproximó a mi posición y me tendió su mano para que se la estrechase; cosa que hice en el acto. Fue un cariñoso gesto de Carlos, sabedor del infortunio físico que últimamente me acompaña. Por ello quisiera corresponder desde aquí a ese gesto, poniendo negro sobre blanco mi más sincero agradecimiento. Y espero que no se moleste si escojo ese momento como mi favorito de la noche, en lugar de uno musical (que por cierto hubo muchos y muy buenos).
Texto: Mariano González (CRÓNICA CONCIERTO) y Víctor Prats (INTRODUCCIÓN).Fotografías y videos: Víctor Prats.